Frei Montalva, secretos de una tumba
Los últimos días de 2004 pasaban para los chilenos con las tradicionales preocupaciones de fin de año, mientras un grupo de hombres se desplazaba en un auto de la Policía de Investigaciones hacia el Cementerio General, para realizar una diligencia histórica en los anales judiciales y políticos del país.
El ministro en visita Alejandro Madrid –quien sustancia la causa por la misteriosa muerte del ex presidente Eduardo Frei Montalva– era uno de los ocupantes del vehículo, junto a su detective de confianza, Nelson Jofré, su actuario y peritos.
No estaban tranquilos. Una duda crecía a medida que se acercaban al camposanto. La incertidumbre, en todo caso, se despejaría pronto, porque realizarían una diligencia que había sido preparada con extrema reserva por el magistrado y la familia Frei.
Cuando Madrid llegó hasta el patio 6, lo esperaban un par de panteoneros que ayudarían a aclarar la pregunta que hacía días rondaba en el proceso: ¿estaba el cuerpo de Eduardo Frei Montalva en su tumba, habiendo transcurrido ya 22 años desde su extraño deceso en la clínica Santa María?
Pronto se procedió a cumplir con la resolución que obra en la causa: abrir la tumba del ex mandatario, fijar «planiméticamente» las características del lugar y del cuerpo y tomar varias fotografías.
Madrid bajó los 20 escalones que permiten el ingreso al mausoleo familiar para observar el procedimiento. Se abrió el ataúd sellado y se confirmó que el cuerpo estaba en su lugar. Un respiro de tranquilidad corrió entre los presentes.
La decisión de Madrid no era arbitraria. Se basó en el Código de Procedimiento Penal, cuyos artículos -del 121 al 137- del Título Segundo habla de «la comprobación del delito en casos especiales».
El artículo 137 entrega las pistas del porqué Madrid decretó esta diligencia: «Si el cadáver ha sido sepultado antes del examen pericial y las circunstancias permitieren creer que la autopsia puede practicarse útilmente y sin peligro para la salud de los que deben ejecutarla, el juez dará aviso al administrador del cementerio de que procederá a la exhumación (…) Trasladándose enseguida a ese establecimiento, acompañado de uno o más facultativos, averiguará el sitio donde fue sepultado el cadáver y lo hará exhumar.
Los análisis podrían llevarse a cabo fuera de Chile debido a la necesidad de usar tecnología de punta para definir el tipo de veneno supuestamente utilizado.
Hasta ahora se ha mencionado tanto a peritos del FBI como a laboratorios internacionales especializados.
La falsificación
Para realizar esta diligencia, el magistrado acumuló diversas evidencias que le hicieron sospechar que la muerte de Frei pudo tratarse de una operación de inteligencia fraguada para sacarlo de la escena política. En 1982, Frei se alzaba como el personaje más influyente de la oposición a Pinochet.
La primera de estas pruebas fue el hallazgo, a fines de 2002, del informe de una desconocida autopsia –clasificada con el número 9/82–, olvidada durante más de 20 años en el Departamento de Anatomía Patológica del hospital clínico de la Universidad Católica (UC). Una persona cercana a la familia Frei dio el aviso y el documento –firmado por el doctor Helmar Rosenberg– fue entregado al ministro Madrid.
(…) El documento de dos páginas y otros análisis relativos a toxicología y revisión de distintos órganos estaban escritos con tipografías distintas. Uno de ellos había sido hecho en una impresora de punto, y en 1982 el hospital de la UC no contaba con esa tecnología.
El ministro interrogó a los médicos que realizaron la autopsia y embalsamaron el cadáver: Helmar Rosenberg y Sergio González, quienes aún trabajan en la UC.
Y así surgió una nueva situación altamente irregular: el informe 9/82 había sido agregado 10 años más tarde al legajo médico sobre la muerte de Frei.
Los testimonios de los dos médicos indicaban al entonces jefe de Patología de la UC, doctor Roberto Barahona (hoy fallecido), como el responsable de haber dado la orden de hacer la autopsia a Frei.
Sin embargo, la duda continuó.
Rosenberg declaró que Barahona estaba interesado en hacer un estudio morfológico de los restos del ex mandatario (…), pero la policía seguía incrédula. Por eso ubicaron a la secretaria que transcribía los informes: Carmen Victoria Barahona Solar, hija del jefe de la unidad antes mencionado.
Ella realizó una descripción de los procedimientos administrativos de las autopsias. Sin embargo, cuando los detectives le exhibieron el documento 9/82, correspondiente a Frei, expresó: «No lo reconozco como los informes que yo mecanografiaba, ya que no corresponde el tipo de escritura de la máquina que yo usaba y tampoco el tamaño del papel utilizado, ya que en ese entonces, como era lo acostumbrado, utilizaba el papel tamaño oficio.
Al revisar el informe de la autopsia número 9 del señor Frei, me percato que su letra corresponde a la de una impresora, presuntamente realizada por un computador.
Pero en 1982, no existía en el departamento un computador, lo que queda en evidencia en los demás informes de autopsias del citado tomo, que los confeccionábamos en máquina de escribir eléctrica».
El carabinero
La habitual calma intelectual de Madrid se vio alterada. Descubrir que la autopsia podía ser falsa se sumaba a otros indicios, como las extrañas peticiones de toxina botulínica hechas a Brasil desde el Instituto Bacteriológico (hoy Instituto de Salud Pública), la muerte por envenenamiento de reos comunes en diciembre de 1981, la intoxicación de detenidos pertenecientes al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en la Cárcel Pública, y el descubrimiento del Laboratorio de Guerra Bacteriológica del Ejército, ubicado en la calle Carmen número 339, edificio que hoy alberga al Archivo Judicial.
Este era un secreto de Estado que conocían muy pocas personas.
Pero había más. Los cruces de información judicial apuntaban al caso Orlando Letelier (ex ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Salvador Allende, asesinado en Washington en 1976) y su vínculo con el químico de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), Eugenio Berríos Sagredo, proceso que también sustancia Madrid. *
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