La acusan de un presunto fraude electoral

Miles exigen la dimisión de la presidenta Arroyo en Filipinas

Los organizadores predijeron una participación de 50.000 ciudadanos en la manifestación que debía poner a prueba la capacidad de Arroyo de mantenerse en el poder tras más de un mes de crisis.

Un responsable de la policía del céntrico barrio de Makati, Maricris Boto, estimó que había entre 30.000 y 35.000 personas al finalizar la tarde.

Se trata de la mayor movilización anti-Arroyo, pero todavía está lejos de igualar los movimientos populares que provocaron la dimisión de los presidentes Ferdinand Marcos en 1986 y Joseph Estrada, el predecesor de Arroyo, en 2001.

Una persona cercana a la presidenta declaró que Arroyo no pensaba dimitir independientemente de cuál fuera la magnitud de la movilización.

«Su posición es firme y determinada. No dimitirá, aun cuando la manifestación de hoy reúna a medio millón de personas en las calles», dijo Michael Defensor, consejero y secretario de Medio Ambiente.

La policía y el ejército fueron puestos en estado de alerta y una zona de Makati, en Manila, cerrada a la circulación.

Unos 4.000 soldados estaban preparados para intervenir frente al temor de las autoridades de que la guerrilla comunista o los militantes islamitas buscaran sacar partido de la situación, dijo un portavoz del ejército.

Bajo los lemas «Arroyo, falsa presidenta», «Derríbenla», «Fuera GMA (Gloria Macapagal Arroyo)», o «Deténganla» los filipinos invadieron las calles de la capital sin que se registrara ningún incidente grave.

Según un sondeo publicado el miércoles, el 80% de las personas interrogadas cree que Arroyo manipuló las elecciones presidenciales mientras que el 58% considera que debería dimitir. Arroyo está acusada de un presunto fraude en las elecciones presidenciales tras la divulgación de unas escuchas telefónicas aparentemente comprometedoras. Ella niega su implicación pero el escándalo ha provocado una ola de peticiones de dimisión por parte de la oposición así como de personas de su propio partido. Diez de sus ministros dimitieron la semana pasada.

«Creo que si se queda, sólo conseguirá hacer daño al país», dijo Antonio Lachica, un desocupado mientras agitaba una bandera roja.

Filipinas parece dividida sobre qué conducta adoptar desde que la influyente Iglesia Católica decidiera no apoyar la dimisión de Arroyo el sábado. El ejército, otra institución de peso, se mantiene igualmente neutral, y la economía se resiente de la incertidumbre reinante. *

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