Una respuesta obcecada a los atentados terroristas
LA PREGUNTA es: ¿qué están haciendo EEUU y Gran Bretaña, los socios mayores de la invasión a Irak, para enfrentar la oleada terrorista que ellos mismos sembraron y se ha diseminado por el mundo? La respuesta de Bush y Blair consiste en incrementar las medidas represivas internas, con fuerte tinte xenófobo, que ponen en juego la vigencia de las libertades tradicionales en los dos países, al tiempo que ambos mantienen la ocupación militar de Irak. Las consecuencias ya se están viendo.
La andanada represiva
Y se verán cada vez más. Es un camino sin retorno. Afecta a toda la humanidad, y la afectará cada vez más.
Blair, después de unas bravuconadas tras los atentados de Londres, anuncia medidas para prohibir o limitar el ingreso al país de personas de determinada procedencia y para deportar a musulmanes, que ya han sufrido ataques en mezquitas de varias ciudades donde sus comunidades son numerosas (Londres, Birmingham, Manchester, Liverpool). Antes había planteado el arresto de sospechosos por simple orden del ministerio de Interior, sin intervención del juez.
Bush reclamó al Congreso extender la vigencia de disposiciones de la Patriotic Act que caducan a fin de año. Toda la ley, aprobada a tambor batiente después del 11 de setiembre, reduce a polvo las garantías constitucionales básicas, con más de dos siglos de existencia. Hoy en EEUU hay cientos de presos sin juicio, sin que se dé a conocer siquiera su identidad, desprovistos de todo derecho, sin abogados. Un hipertrofiado sistema de seguridad al mando de Negroponte permite el espionaje sobre cada ciudadano, lo que incluye instalación de micrófonos ocultos y la nómina de los libros que solicita en las bibliotecas públicas. Un nuevo documento del Departamento de Defensa («Estrategia para la defensa del territorio y el apoyo a civiles») propone utilizar a los militares y en particular el cuerpo de los marines (especialistas en desembarcos e invasiones de muchos países), en las tareas de seguridad interna, contrariando la prohibición expresa de una ley de 1878. Por eso decimos que a pretexto de lucha antiterrorista se vulnera todo el sistema tradicional de garantías individuales en Estados Unidos. Se agrega la tortura practicada por sus fuerzas militares en Guantánamo y otros lugares fuera del territorio estadounidense. Una periodista del New York Times, Judith Miller, está encarcelada por negarse a revelar la fuente de sus informaciones. El fondo del asunto, en el cual también está acusado un consejero de Bush (Karl Rove), consiste en que se reveló el nombre de una funcionaria de la CIA, Valerie Plame, que es esposa del ex embajador norteamericano Joseph Wilson, culpable del crimen de haber denunciado la falsedad de la afirmación del presidente Bush de que Saddam Hussein había adquirido uranio en Níger.
La siembra del terrorismo
Esto derrumbó todo el esquema de las presuntas armas de destrucción masiva de Saddam, pretexto para la invasión de marzo 2003. De paso sea dicho, otro de los objetivos de la invasión era estabilizar los precios del petróleo mediante el dominio de la segunda mayor reserva mundial, pero dos años después el barril se cotiza a 60 dólares. Otro fracaso.
Todos los días, sin exceptuar uno solo, se registran decenas de muertos en Irak. En ocasiones llegan al medio centenar, pero ya no son noticia. También sigue la sucesión de muertes en Afganistán. Y no está de más recordar, en esta hora en que todo se quiere embrollar por las campañas mediáticas, que tanto Saddam como Osama bin Laden son creaciones de pura cepa del imperio, el primero para enfrentar en una guerra sangrienta a Irán (donde acaba de ganar las elecciones el candidato más antiestadounidense) y el segundo para combatir a los soviéticos en Afganistán.
Así llegamos a una situación en que las páginas internacionales de todos los periódicos están saturados de atentados terroristas. La lista es impresionante: New York y Washington, Madrid y Londres, pero además Arabia Saudita, Balí, Turquía, Pakistán, Rusia, Líbano (ahora reiterado), el país vasco, Israel-Palestina, etc. Agréguese el desenfreno de la carrera armamentista y de la venta de armas (EEUU primero siempre) como otro factor de la siembra del terrorismo en el mundo.
La espiral sin fin
De persistirse por esta vía, nadie estará a salvo. Ningún país o continente. Nada indica que se vaya a cambiar. Se ha hablado de reducir los 178 mil hombres de EEUU y los 8.500 de Gran Bretaña para una lejana fecha de 2006. Mientras tanto, en Irak se seguirá derramando la sangre, con participación de musulmanes de diversas procedencias. La política de Bush y Blair condena a la humanidad a vivir bajo el signo del temor, con los terrorismos acechando por todas partes. *
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