Entre golosinas, yacen los cadáveres de niños muertos en atentado en Bagdad

Mohamed Radi y Alaa Mohamed empezaban a saborear una tableta de chocolate que les habían regalado los soldados estadounidenses cuando un sanguinario atentado los mató ayer miércoles en Bagdad, junto con otros 30 niños.

En la morgue de la capital iraquí, Radi y Mohamed, vestidos con camisetas, todavía tenían en sus manos el envoltorio azul de las chocolatinas, comprobó un periodista de la AFP.

Treinta y un adolescentes menores de quince años y un joven de 18 perdieron la vida al estallar un coche bomba hacia las 10H30 (06H30 GMT) cerca de un vehículo del ejército estadounidense, en el barrio chiíta Al Jadida, y otras 31 personas resultaron heridas, en su mayoría niños.

En ese cruento ataque, también murió un soldado estadounidense y otros tres sufrieron lesiones.

En el lugar de la tragedia, decenas de pares de sandalias estaban desparramadas en el pavimento o nadaban en sangre, junto con jirones de carne y brazos despedazados. Juguetes con forma de pato que llevaban pegada la bandera estadounidense, chucherías y chocolates yacían sobre la calzada, en una atmósfera dantesca.

«Los estadounidenses, informados de la presencia del coche bomba, llegaron con dos Humvees (blindados) y un tanque y cerraron la vía rápida. Pidieron por altavoces a los automovilistas que abrieran sus maleteros y capós para registrarlos», comentó Amir Hamad, de 13 años, señalando a la autopista que se ve desde allí.

«Luego bajaron aquí, volvieron a verificar algunos coches, y, una vez tranquilos, comenzaron a repartir juguetes y golosinas entre los niños del barrio», añadió. *

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