El presidente Kirchner se despega bruscamente de Duhalde
El cisma que venía cantado dejaba siempre un margen de duda sobre su consumación. No debía mantenerse la sospecha conocidas las presentaciones de dos listas diferentes en el distrito mayor y el fuerte discurso de la bastonera del kirchnerismo, Cristina Fernández, que acusó a Eduardo Duhalde de «mafioso» y lo pegó a los asesinatos de dos piqueteros en 2002, que lo obligó a anticipar su salida de la Rosada. Ya hay juicio a los autores materiales y Duhalde está citado para que testimonie sobre posible responsabilidad política de esa masacre en Avellaneda.
La pregunta esencial es si lo que ocurre en el peronismo servirá para oxigenar la política, mejorar la calidad institucional, permitir una renovación global de los partidos. O si, como cree la oposición, sólo afianza el hegemonismo y perturbará la gobernabilidad e incluso derechos y garantías. De torpedear la gobernabilidad, también ya ha sido acusado Duhalde.
Así las cosas el Presidente solo puede decir que no hay vuelta atrás. Más pomposa resulta su idea que está surgiendo de este batuque un proceso de reformulación de la representatividad, que se repartirá entre una centro-izquierda, una centro-derecha y, acaso, una tercera fuerza que se incline por una u otra. En este esquema, el Partido Justicialista clásico, molesta.
Como dibujo de la experiencia europea, no está mal, pero ocurre que el país político está más sofisticado, fragmentado y en decadencia que requeriría no de legislación especial para poder cumplir con el diagrama, sino modificar reglas vitales de la política, como su financiación y control, la manera que se accede a los medios de comunicación, una democratización congelada, y posiblemente el voto electrónico que evite fabricar aparatos que se transformar en un fin en si mismo y si no, mírese también a los radicales.
Es visible que hubo traiciones o súbitos pases del duhaldismo al kirchnerismo carentes de ética: ¿ quién puede estar seguro de la lealtad de personas que hasta hace escaso tiempos lo eran del riñón del caudillo? En las malas, ¿no podría ocurrirle lo mismo al Presidente?
Una dura embestida contra Duhalde
Va de suyo que la ruptura no se produjo por una banca más o menos en esta digitación de los pretendientes. Ya comenzó una embestida a fondo contra el duhaldismo y su conductor, aunque en una y otra tienda rezan para que al Presidente la suerte lo acompañe. Incluso se habla de suscribir un acuerdo de gobernabilidad entre las dos facciones.
La lógica de las cosas o la inercia llevará a mayores enfrentamientos. La dureza de los mismos pueden no quedar marginado a los gestos verbales y no solamente porque la historia del peronismo enseñe que en algún momento las diferencias se saldan con sangre. Esperemos que no.
¿El PJ va camino al muere y surge de sus entrañas, con otros aportes el Frente para la Victoria, como herramienta política-electoral del peronismo? Al menos es lo que ocurre en la Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires, se darán las dos dominaciones.
No se puede desconocer que la nómina de candidatos del kirchnerismo en ese distrito es de calidad superior, con nombres que no pueden ser sino buenos parlamentarios, aunque por allí o por allá, en la misma lista, hay caudillos locales, como el de Moreno, que es mejor perderlo que encontrarlo.
Y se postulan dirigentes con historia ajena al peronismo, sean del movimiento social o de partidos como el Frente Grande, una mixtura de proporciones muy diferentes, entre lo que viene del pasado y lo nuevo, pero una novedad, al fin, que puede ser un inicio interesante. Kirchner abrió la rendija, no la puerta, cooptando ajenos, no acordando. Un Frente requeriría mucho más, coincidencias con otras fuerzas avanzadas pero que quieren libertad de critica, nada de hegemonismo, aunque sean mayoría.
Ya se sabe que no hay edificios políticos construidos con material flamante; en el nuevo hay mucho añejo: solo falta saber si la voluntad presidencial era más jacobina, que avanzó hasta donde pudo o si utilizó las rosas para que el pastizal luzca presentable.
El Presidente tiene su estilo, mide sus tiempos, y persiste en pro de sus objetivos. Si se compara, por caso, el estilo guerrero del Elisa Carrió cuando en la cámara baja reclamó el juicio político de toda la Corte Suprema menemista, en 2002, no lo consiguió. Claro que Duhalde no la respaldó pero Kirchner sin ir por todos juntos, paso a paso, consiguió, con su poder político en ascenso, el mismo objetivo que la líder del ARI. Y una recomposición del más alto tribunal de la más alta calidad.
La sombra del Conde de Lampeduza
¿Estamos, en recreación política, ante lo mismo o simplemente el operativo es el del Conde de Lampeduza que proponía cambiar algo para que nada cambie? Hasta que la vida no demuestre lo contrario más que renovación hay recambio, lo que no es desdeñable, pero tiene la categoría de ser ad hoc, para el caso, el momento, visto que este proceso se da de bruces con la pobre calidad institucional, desde el funcionamiento dependiente del Parlamento, a las falencias que sigue exhibiendo el Poder Judicial, a pesar de la revolución en su cabeza y mucho movimiento en su interior.
Duhalde lanzó ayer a su esposa Hilda González, «Chiche» como cadenera del peronismo ortodoxo, donde no le faltó el tufillo necrófilico: en el lugar del parto, se construye el Mausoleo que cobijará a los ilustres Juan y Eva Duarte Perón, financiado por un ubicuo empresario que por ese favor puede ser elegido diputado nacional: Francisco de Narváez.
Las dos mujeres son fuertes, templadas. Cristina no acepta ser sólo la esposa del Presidente: «Soy Cristina Fernández, o Cristina; no Cristina Kirchner», tronó en el mitin de lanzamiento. Es lectora y oradora envidiable, pero no será fácil que esa verba sea entendida en las zonas más humildes: esa tarea la tendrá el propio Kirchner, pero habrá que ver hasta qué profundidad. La «Otra» tiene llegada a las mujeres más humildes pero no es bien vista en los sectores medios, donde tampoco su marido es Gardel. Chiche y su esposo ya fallaron en un entrevero enorme con Graciela Fernández Meijide con respaldo radical, pero fue la fugaz estrella del Frente Grande que concibió Carlos «Chacho» Alvarez.
Si no se puede ser oficialista y opositor, como fulminó Kirchner a Duhalde, ¿cómo será el discurso del peronismo ortodoxo? Por lo que se oyó, el kirchnerismo no tiene dudas en descalificar a su contrincante, que ya no es un adversario, un diferente, sino un enemigo.
La oposición bonaerense está alarmada porque en teoría es probable que el espacio que está en disputa dura, se quede con las tres bancas a senadores nacionales. Suponen que es un litigio transitorio, casi una fantochada, con el objetivo de quedarse con el curul, lo que luce a impotencia y es una pésima lectura de la realidad. La oposición, aun la que tiene ínfulas de nueva, también está en decadencia. Y si Ricardo López Murphy, no logra una banca, su futuro ya está escrito.
El encuestador Carlos Fara asigna a Cristina el 47% de los votos y a su rival, el 20%, es decir, que ambas, se llevarían el 67% de los sufragios bonaerenses; ¿qué queda para el polo de derecha que allí lidera López Murphy. O a los radicales, izquierda de todo tipo y el ARI?
Una oposición aturdida no puede ser reemplazada por la prensa
Las deficiencias del no y el anti kirchnrismo se desnuda a cada momento, al punto que en las cercanías del Presidente se murmura que este elige sus casi diarias admoniciones contra la prensa porque, como necesita un adversario, es ese el blanco importante por que la «oposición no existe».
Es po
sible que esos ataques a la prensa tengan esa lectura, pero es grave que ello ocurra porque es asignarle a los medios, lo que estos no deben ser aunque más de una vez salen del lugar que les corresponde.
El Presidente debería velar para que no ocurra, ahondando la transparencia, abriendo los ojos y los oídos: a lo que debería ser la voz de los ciudadanos. La prensa debe ser crítica del poder, no oposición sistemática. Si no lo es, su existencia no tiene sentido.
La visibilidad de la decadencia política ha adquirido proporciones por derecha y por izquierda, cuya evidencia no se puede negar, ni la dirigencia, ni la sociedad. Esta en exhibición en todo el arco: desde la vedette Moria Casán a Domingo Cavallo hasta la piquetera Nina Peloso. ¿Qué van hacer los partidos o la sociedad con todo esto? Pueden, algunos, sufragar por la señora del espectáculo como si todo fuera una revista musical y por allí manifestar su bronca como cuando en 2001 varios millones pusieron en la urna sobres con dibujos. O darle algún crédito a quien llevó al país a la desgracia. Está por verse.
Pero atención: debajo de esta decadencia se mueven seguramente o se gestan representaciones aún no visibles, acaso más genuinas y entonces la gran jugada del Presidente contra Duhalde podría tener con qué integrarse si es que efectivamente existe una búsqueda de renovación. No es poco acorralar a lo que se consideró paradigma de la peor política clientelar y de negocios oscuros: mafia, si se quiere utilizar el término como lo hizo la candidata Cristina F.
¿Que Kirchner pactó con una porción de ese universo? Es así. ¿Que esos compromisos le pueden atar las manos? También. En todo caso, el proceso de renovación seguirá y encontrará en algún momento cómo expresarse más acabadamente. Mejor sería que el Presidente no se quede a mitad de camino. *
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