La doctrina de defensa cambia en Estados Unidos ante los crecientes ataques terroristas

El Pentágono propone utilizar a los militares en la seguridad interior

Luego de Nueva York, Washington y Madrid, Londres se convirtió el jueves en la cuarta gran metrópolis occidental blanco del terrorismo de masa y ataques coordinados típicos del extremismo islámico. Este nuevo atentado refuerza a los teóricos que quieren darle nuevos roles a los militares ante los nuevos escenarios y desafíos.

El terrorismo colocó en primer plano la dimensión de la seguridad para los estadounidenses. El conjunto del sistema político, el mundo empresarial, los grandes medios de comunicación, las grandes universidades y centros de investigación, incluso un porcentaje mayoritario de la opinión pública, extrajeron una conclusión de los acontecimientos del 11 de setiembre de 2001: la única estrategia que garantiza el mantenimiento de la seguridad interior de los Estados Unidos es la creación de un sistema de seguridad global.

El conflicto desencadenado a partir del 11-S consolida un nuevo tipo de guerra totalmente distinta a las del pasado. Una característica central de la misma es que la variedad de los grupos sociales y políticos involucrados difiere del patrón tradicional de la guerra clásica entre Estados. Este factor profundiza una tendencia que emergió durante la década de los 90 y que fue la progresiva desaparición de los conflictos entre estados y la intensificación de los intraestatales.

El tipo de violencia desplegada por los grupos terroristas no es llevada a cabo por actores estatales. La violencia es dispersa y fragmentada y está dirigida contra los ciudadanos y no contra las fuerzas convencionales. El objetivo de la misma no es la conquista territorial, como sucedía en las antiguas guerras, sino la acumulación de poder político a través de la propagación del miedo y el odio. Los objetivos políticos se combinan con la comisión deliberada de atrocidades. Las atrocidades que sufre la población civil no son los daños colaterales que padecía en los conflictos anteriores, sino que son deliberadas.

La principal estrategia utilizada por los grupos terroristas consiste en ataques de naturaleza asimétrica. La lógica del conflicto asimétrico es la de descubrir dónde reside el centro de gravedad del adversario, es decir, cuál es su principal debilidad de manera tal de contrarrestar su fortaleza y lograr que la misma parezca irrelevante. La esencia de esta estrategia es discernir en cada fortaleza una debilidad y en cada debilidad una fortaleza.

La debilidad puede identificarse a través de un esfuerzo de diagnostico racional. Puede ser de índole militar, política, económica o psicológica. En este sentido, los grupos que cometieron los atentados del 11-S, lograron identificar y atacar el centro de gravedad que históricamente diferenció a los Estados Unidos del resto de los países.

Ese centro de gravedad, que es la especificidad norteamericana en materia estratégica, es su sentido de aislamiento y seguridad.
Es por eso que el nuevo informe del Departamento de Defensa sugiere que los militares estadounidenses se preparen para enfrentar «ataques múltiples y simultáneos» contra el territorio estadounidense con un gran número de víctimas, señala el documento.

Esta nueva estrategia constituye un gran cambio en relación con la que predominaba antes de los atentados del 11-S y que era principalmente reactiva, según el subsecretario de Defensa para la defensa del territorio, Paul McHale, citado por The Washington Post.

Según Mchale, la actual estrategia contempla un solo ataque terrorista a la vez, mientras que el cambio propuesto contempla un escenario con «una tendencia recurrente» de ataques de Al Qaeda y otros grupos terroristas en todo el mundo.

«El Ejército protege por tradición a Estados Unidos desplegándose en el exterior. Mientras que nuestras misiones actuales juegan un papel decisivo para la seguridad de nuestro país, los atentados del 11-S mostraron que enfrentamos desafíos centralmente diferentes a los de la Guerra Fría», afirma Gordon England en el documento.

 

Una Ley de 1878 prohíbe la intervención militar dentro del país

El informe sugiere que tropas de combate puedan intervenir en el territorio estadounidense en caso de que las fuerzas del orden civiles y la Guardia Nacional se vean desbordadas. El Pentágono se ocupaba hasta ahora de la protección marítima y aérea para impedir un ataque contra Estados Unidos.

En ese país existen desde hace más de un siglo barreras legales para limitar el despliegue de militares en las calles, tras las críticas suscitadas por el despliegue de tropas federales para supervisar las elecciones en los ex estados confederados después de la Guerra de Secesión.

Las medidas anunciadas despiertan inquietud, porque la defensa del territorio nacional ha sido encomendada a organismos civiles, como la Policía y el FBI, gracias a una ley que data de 1878 y prohíbe la intervención militar salvo casos excepcionales como «insurrección» o «invasión».

El Pentágono no demanda una nueva legislación que le permita utilizar a los militares en el territorio estadounidense, sino que propone solamente un papel de apoyo a las fuerzas de seguridad civiles. El informe insiste en el hecho de que los civiles sigan siendo los primeros responsables de la seguridad interna.

«El papel del Ejército en el seno de la sociedad estadounidense ha sido cuidadosamente limitado, tanto por la ley como por la historia, y no hay nada en nuestra estrategia que modifique ese principio histórico», asegura Paul McHale.

El Pentágono propone además compartir la inteligencia militar con las fuerzas de seguridad civiles para identificar y atrapar a los presuntos terroristas, lo que podría generar la inquietud de los defensores de las libertades individuales.

La estrategia del Pentágono también busca fortalecer la función de la Guardia Nacional, integrada por ciudadanos civiles, adscritos al Ejército, Fuerza Aérea, que prestan servicio ocasionalmente o cuando son llamados para casos de emergencia.

Pese a que muchos expresan nerviosismo ante la idea de militares patrullando las calles de Estados Unidos, les preocupa aún más que asuman funciones de inteligencia.

«El movimiento hacia la inteligencia doméstica de los militares es alarmante. La última vez que los militares se involucraron en esto fue durante la guerra de Vietnam y solo sirvió para que hostigaran a miles de estadounidense culpables solo de oponerse a la guerra», afirma Gene Healy, del Instituto Cato con sede en Washington.

 

El creciente uso de las FFAA para la seguridad interior

Una de las principales consecuencias del ataque del 11-S fue un empleo creciente de las Fuerzas Armadas en funciones de seguridad interior. Los Estados Unidos habían realizado ya una revisión de su política militar frente a las nuevas amenazas, incluida la terrorista, que está recogida en el informe Quadrennial Defense Review y en la Estrategia de Seguridad.

El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, tenía previsto presentar ese informe ante el Congreso a principios del mes de octubre de 2001, pero a raíz de los ataques terroristas fueron modificados varios aspectos del informe original, añadiendo la creación del Comando Militar de Defensa Interior. El mismo responde directamente a las órdenes de la Junta de Jefes del Pentágono y coordinará toda las operaciones antiterroristas de la Armada, la Fuerza Aérea, el Ejército y los Marines de los Estados Unidos.

En este sentido, el cuerpo de Marines tiene un papel destacado en la seguridad interior. Se ha formado una brigada antiterrorista que es la más grande de ese tipo en todo el aparato militar de los Estados Unidos. La componen cerca de 1.000 marines entrenados para misiones especiales, con capacidad de respuesta en 2
4 horas.

Por su parte, la Marina de Guerra tiene dispuestos cruceros misilísticos de la clase Aegis para la defensa antiaérea, desplegados en las costas del Atlántico y el Pacífico. De la misma forma, la Fuerza Aérea ha desplegado varios escuadrones de aviones y personal para complementar las misiones de vigilancia aérea de la Guardia Aérea Nacional. Esta última, ha estado patrullando los cielos de Nueva York, Washington, Los Angeles, Miami y Chicago, entre otras grandes ciudades, desde los atentados.

También comenzó un proceso de reestructuración de los servicios de inteligencia, a fin de adecuarlos al nuevo fenómeno terrorista. En especial, se busca contrarrestar la tendencia hacia la burocratización que tienen las distintas agencias de inteligencia.

Existe la necesidad de fortalecer la formación de recursos humanos con capacidad para analizar el nuevo fenómeno y el entrenamiento de nuevos agentes que puedan infiltrar organizaciones de este tipo. Estas medidas están destinadas a balancear el predominio de la denominada «cultura tecnológica», que consiste en confiar solamente en la información provista por satélites o medios electrónicos. En este sentido, la generación de información por parte de analistas y especialistas cobrará mucho mayor importancia en el futuro inmediato. *

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