ANALISIS INTERNACIONAL

La doble escalada terrorista

DESPUÉS DE las Torres Gemelas y el Pentágono el 11 de setiembre 2001, de las muertes en la estación Atocha de Madrid el 11 de marzo 2004, los atentados en las estaciones de metro y un autobús en Londres el 7 de julio estremecen la conciencia del mundo. EEUU y Gran Bretaña tienen tropas en Irak, y España las tenía en aquel entonces. Tony Blair salió de la cumbre del G8 en Escocia para condenar este ataque «particularmente salvaje» y agregó que «los terroristas no conseguirán nunca destruir los valores que defendemos en este país». Se le recordó los actos de terrorismo desenfrenado que vienen practicando las tropas de ocupación en Irak y Afganistán.

 

Frutos de la guerra preventiva

La lista es larga: desde las masacres de civiles en la invasión a Irak, y antes en Afganistán, al arrasamiento de Faluya; desde los operativos actuales contra las poblaciones iraquíes o en los puestos de control a las torturas aberrantes en Abu Ghraib o el campo de concentración de Guantánamo; desde las bombas de racimo y los ametrallamientos que califican de «daños colaterales» al «fuego amigo» o a los intentos de asesinatos de periodistas. La conclusión primaria es que se practica el terrorismo por ambas partes. Pero hay que ir más allá: con el dolor y la sangre derramada en tantas geografías se está demostrando el fracaso ostensible de la doctrina de la guerra preventiva lanzada por Bush tras el 11 de setiembre (golpear antes de que nos golpeen) y extendida al mundo entero. Por ese camino no hay solución. Ninguno de los objetivos proclamados para la invasión a Irak se cumplió. En cambio sí se cumplen los objetivos no declarados: ocupar un territorio con 150 mil hombres, quedarse allí por tiempo indefinido como anunció Bush en Fort Bragg, apoderarse de sus riquezas y multiplicar ganancias mediante fraudes escandalosos como las sobrefacturaciones de Halliburton, la empresa ligada al vicepresidente Cheney.

Es más: el terrorismo, por los dos lados, se ha extendido, abarcando diversas regiones en varios continentes, con multiplicada virulencia.

Por la publicación brasileña Carta Maior (www.agenciacartamaior.com.br) nos llega esta opinión del historiador pakistaní residente en Londres, Tariq Alí: «Desde el 11 de setiembre sostengo que la ‘guerra contra el terror’ es inmoral y contraproducente. (…) La élite dirigente inglesa entendió eso perfectamente en el caso de Irlanda. (…) La solución real es acabar con las ocupaciones de Irak, Afganistán y Palestina. (…) El bombardeo a personas inocentes es igualmente bárbaro en Bagdad, Jenin, Kabul, que en Nueva York, Madrid o Londres. Y si eso no se reconoce, los horrores continuarán».

 

¿Quién será el próximo?

Estos días veíamos en la pantalla al alcalde Londres, Ken Livingstone, junto a las autoridades de Scotland Yard. El alcalde (apodado «el rojo») ganó la reelección desplegando una intensa campaña contra la política de Blair sobre Irak. Las palabras que pronunció en oportunidad resultan proféticas. «Un ataque a Irak  dijo- va a inflamar a la opinión mundial y poner en riesgo la seguridad y la paz en todos lados. Londres, como una de las mayores metrópolis del mundo, tiene mucho que perder con la guerra y mucho que ganar con la paz, la cooperación internacional y la estabilidad global».

Pero se hizo todo lo contrario. Los resultados están a la vista. La perspectiva es la exacerbación de las posiciones encontradas, mientras no se detenga la agresión de los yankis, británicos y sus escasos aliados contra el pueblo de Irak, la ocupación militar del territorio (lo que siempre suscita odio), el saqueo de sus riquezas y sobre todo la humillación permanente que sufre una población carente de lo más elemental.

Sólo cabe conjeturar cuál será el próximo en la lista. La Italia de Berlusconi siente la amenaza, toda vez que mantiene sus tropas, en actitud indigna de un país soberano, después del asesinato de su oficial de seguridad Nicola Calipari en que por milagro salvó la vida la periodista Giuliana Sgrena.

 

El G8

Se ha analizado la vinculación de los atentados del 7 de julio en Londres con la cumbre del G8 en el castillo de Gleneagles en Escocia. Una primera consecuencia es que soldará más estrechamente a Blair con la política de Bush, quien recibe un refuerzo inesperado para su política de agresión y represión en momentos en que las encuestas lo muestran en caída acentuada en relación a su política en Irak. Por otra parte, Bush rechazó de plano nuevamente el protocolo de Kyoto, haciendo fracasar uno de los objetivos principales de la reunión. Todo esto lo veremos en próxima nota. *

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