En 56 minutos los atentados en el metro y en un autobús dejan al menos 38 muertos y 700 heridos

Londres ensangrentada tras ataque

Los atentados, cuatro en total, fueron reivindicados por un desconocido grupo islamita y quedaron vinculados de inmediato con la intervención británico-estadounidense en Irak, donde Al Qaeda ejecutó ayer jueves al embajador egipcio, secuestrado desde hace unos días en ese país.

El primer ministro británico Tony Blair afirmó que los autores de los ataques «son gente que actúa en nombre del Islam», en una intervención desde Downing Street, adonde regresó rápidamente procedente de Gleneagles (Escocia), sede de la cumbre del G8 con la presencia de los jefes de Estado de los países más poderosos del mundo, entre ellos el estadounidense George W. Bush.

Los ataques, registrados apenas un día después de que Londres fuera designada sede de los Juegos Olímpicos de 2012, tuvieron como blanco el corazón de la capital británica y golpearon en 56 minutos los transportes públicos que utilizan a diario millones de personas y que quedaron paralizados.

Eran las 08H51 (07H51 GMT), cuando se registró la primera de las explosiones en un ramal del Metro en pleno túnel cerca de la estación de Liverpool Street, en el barrio financiero de la City.

Cinco minutos más tarde, se registró otra explosión en otra rama de Metro que circulaba en un túnel entre las estaciones de King’s Cross y Russell Square (norte).

La tercera explosión tuvo lugar en la estación de Metro de Edgware Road y la cuarta destruyó un autobús en Woburn Square, cerca de Russell Square.

Un testigo dijo haber visto cadáveres alineados en la calle y otros mutilados en el autobús. «Fue terrible, el autobús se partió en pedazos, había muchos cadáveres en el suelo», relató Ayobami Bellon, de 46 años.

Otro testigo declaró que un amigo suyo había «visto el autobús destripado como una lata de sardinas y cuerpos por todos lados».

El último balance de Scotland Yard hablaba de 38 muertos y unos 700 heridos. Sin embargo, en horas de la noche, el ministro francés del Interior, Nicolás Sarkozy, anunció en la televisión francesa por lo menos 50 muertos.

Si en un principio el pánico se adueñó de la ciudad, los londinenses recuperaron rápidamente la calma y por la tarde regresaban a pie a sus casas, entre el estupor y la cólera. «Lo único sorprendente de todo esto es que haya tardado tanto en pasar», decía fatalista Robert, un taxista de unos 60 años, que pedía que lo dejen «dos horas a solas con esa gente en una habitación para explicarles algunas cosas», demostrando el enojo que sentían muchos británicos.

Los atentados del jueves son los peores registrados en Londres (acostumbrada a este tipo de ataques por el IRA a raíz del conflicto en el Ulster) y recuerdan los ocurridos hace poco más de un año en Madrid, que dejaron un saldo de unos 200 muertos y provocaron la retirada de las tropas españolas de Irak.

En setiembre de 2001, Estados Unidos había sido blanco de los peores atentados de su historia en Nueva York y Washington.

Los atentados del jueves fueron reivindicados en un comunicado publicado en una página islamita en Internet por un grupo identificado como «la Organización Al Qaeda/Yihad en Europa», desconocida hasta el momento. «Los valerosos muyahidines (combatientes) han efectuado la loable conquista de Londres. Y aquí está Gran Bretaña muerta de miedo, de terror y de espanto, de norte a sur y de este a oeste», afirma el comunicado.

El grupo también amenazó con atacar otros países europeos si no retiran sus tropas de Irak y Afganistán, citando como ejemplo a Dinamarca e Italia.

Paralelamente, el Ejército Republicano Irlandés (IRA) afirmó que «no tiene absolutamente ninguna relación» con los ataques.

Forzado a regresar de inmediato a Londres desde Escocia, el primer ministro Tony Blair dijo saber que los autores de los atentados «actúan en nombre del Islam», y aseguró que este jueves era «un día muy triste para el pueblo británico».

«No nos intimidarán», afirmó sin embargo el líder británico en una intervención televisada. En el mundo entero, se multiplicaron los mensajes de solidaridad con Gran Bretaña y de condena a los atentados. «La guerra contra el terrorismo continúa», afirmó el presidente estadounidense George W. Bush en Gleneagles. «La Unión Europea estará junto al pueblo británico contra el terrorismo y en favor de la libertad y la democracia», sostuvo por su parte el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.

El Papa Benedicto XVI calificó los atentados de «actos inhumanos y anticristianos», mientras Rusia los condenó «firmemente».

Al mismo tiempo, las medidas de seguridad fueron reforzadas en toda Europa.

Francia elevó su nivel de vigilancia antiterrorista al máximo, la empresa pública de transportes berlinesa BVG declaró el estado de alerta, al igual que el Metro de Moscú, y el jefe de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció la activación de «todos los sistemas de alerta y prevención» en su país.

La secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, ordenó que las embajadas estadounidenses en todo el mundo refuercen sus medidas de seguridad. Si bien los atentados causaron caídas en las principales bolsas del continente, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, estimó innecesaria por el momento una intervención concertada con el Banco de Inglaterra en los mercados financieros. *

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