Néstor Kirchner se desprende de Eduardo Duhalde por más poder
Aparece como puja de poder, poco que ver con el nacimiento de una nueva era de renovación política que salpicara a todo ese universo que caería también en la necesidad de cambiar de raíz a sepultarse.
Hasta que no se demuestre lo contrario, al peronismo le cabe aquel célebre poema del portugués Camoens: «Cambian los tiempos, cambian las voluntades y no lo puedo evitar: el mundo está hecho de cambios». Pero, en lo profundo, el peronismo no cambió.
Néstor Kirchner se comprometió a erradicar los viejos males de los partidos argentinos, pero la faena quedó por ahora en la congeladora ya que el edificio que construyó para diferenciarse de Eduardo Duhalde, con razón visto como expresión químicamente pura del caudillismo, tiene demasiados personajes empapados por los mismos métodos y el forcejeo visible en estas semanas ha sido por la cantidad y no por la calidad de los hombres que se proponen para las legislativas de octubre.
Solo las necesidades de calendario apuraron el trámite de aparecer, por ahora, con dos alternativas en la provincia de Buenos Aires: la del Frente de la Victoria cuyo timonel quedará en manos de Cristina Fernández de Kirchner y la del Partido Justicialista con la nave insignia de Hilda González «Chiche» de Duhalde, pintado el primer sector con el barniz del progresismo y el otro afín a la historia del peronismo bonaerense, capaz de pactar con carapintadas y policías que fueron torturadores bajo la dictadura..
Los detalles de la ruptura aunque no son insignificantes carece de la épica de las utopías ya que dominó el proceso de negociación aquello «cuanto para mi cuanto para ti» carente de la calidad necesaria. La pequeña historia contará que la noche del miércoles Kirchner anunció ante los suyos, ministros y dirigentes bonaerenses que había decidido lanzar el combate final contra el duhaldismo, como si fuera la toma del Alcázar de Toledo.
En un Movimiento con vasos comunicantes eternos no necesitó de ninguna indagación especial para que el caudillo bonaerense personalmente moviera a su dama para justificar el distanciamiento. Es verdad que Duhalde reclamó mayor cuota de poder en las listas nacionales y provinciales y hasta se esmeró para que algunas propuestas no pudieran ser calificadas como impresentables, personajes que pululan pero no solamente a su alrededor.
El papel del gobernador Felipe Solá
Ya se sabe que en política todo es posible y por ello a las novedades de que competirán separados, hay que añadir que existe una agenda electoral que hasta podrían permitir a Kirchner y a Duhalde presentarse con partidos aliados en las elecciones de octubre. Por caso: un Frente entre las dos facciones, bajo la candidata del Presidente, y con listas separadas ya sea para cargos nacionales, provinciales o comunales, aunque no es sencillo retroceder después de una ruptura teñida por la desconfianza y el recelo.
Todo será más arduo a partir de ahora donde hay otro actor, menor si se quiere pero imprescindible para que el Presidente pudiera independizarse de Duhalde su vieja obsesión: fue él quien lo ungió con los óleos de la candidatura para torpedearlo a Carlos Menem, su enemigo ¿irreversible?.
El nuevo es el gobernador Felipe Solá que rompió los alambrados duhaldistas de la provincia de Buenos Aires. Sin Solá, difícilmente Kirchner hubiera llegado hasta donde llegó. Solá a la vez, necesito volar con sus alas propias para no quedar sujeto al aparato duhaldistas, con tanto ardor como que Kirchner quiso desprenderse del estigma que era el chirolita del gran manipulador bonaerense.
¿Por qué Duhalde decidió dar este paso que lo llevaría, si de encuestas se toman en cuenta, y él es un experto en sus lecturas, a la peor elección de su historia?. Por otro lado ¿ que razones tuvo el Presidente para desprenderse de votos que de seguir las cosas así-, irán a al peronisno con Chiche y no al Frente de la Victoria, lo que lo alejará del aluvión que supone tendrá para avalar una gestión, cuando no plebiscitarla aunque de esto, ya no se habla?.
Kirchner tiene asumido que en Santa Fe no encuentra con que enfrentar la coalición que encabeza el socialista Hermes Binner o que en otros distritos claves, como la Capital Federal, si ganara su pretendiente, el canciller Rafael Bielsa, que está por verse, lo haría con poco más del 25% de los sufragios porque la cosa viene muy dispersa y con opositores con nombres fuertes, y un ramillo de partidos pequeños que le quitarán a los más notorios de no menos del cuarto de los sufragios en juego. Acá, se puede apreciar, se impondrá la técnica de la polarización.
Es lo que presume Elisa Carrió quien insiste que van por ella con las armas menos generosas. Atenta, abrió su espacio a dirigentes proveniente de la UCR, pese a que fueron aliados a Fernando de la Rúa, aunque conocidos por su decencia como modo de atraer un rincón del electorado que no tiene.
¿Y en otros distritos importantes?: en Mendoza, el radicalismo puede ganar: quedaría Córdoba sobre todo si el oficialismo y el primer partido opositor, que son disidentes del deteriorado gobernador De la Sota, se unen.
Kirchner y los cambios en la política
Cuentan que Kirchner ha insistido ante sus amigos íntimos que no lo entienden que él ha llegado para cambiar la política pero no apostó un maravedí para hacer leyes que controlen como se gasta y de donde sale la plata para las campañas electorales (todavía su Frente para la Victoria no ha podido explicar los dineros destinados a la prédica que lo llevó en el 2003 a la Rosada) y otros cambios que dañarían a los «aparatos».
Acaso es mas certero indagar las razones en el propio estilo de construcción política del jefe del Estado. Kirchner, cada día debe acumular más poder. Pero atención: no juega una sola baraja, porque si puede calificárselo como compulsivo, no parece comer vidrio.
Si exhibe desconfianza. E incluso Solá debió una y otra vez en estos meses pedirle que no lo dejara en la estacada por que él si, como un jugador de póker, jugó con pocas cartas frente a Duhalde al todo o nada.
Duhalde confirmó que ningún político se jubila voluntariamente y como es así debe conservar un sector considerable del peronismo bonaerense si aspira a seguir siendo alguien en el futuro inmediato. Más aún si como se comenta dejaría su cargo político en el Mercosur.
¿Son lo mismo uno y otro?. Tampoco esto es así. Algo menor si se quiere: Kirchner ordenó dar respaldo a los socialistas gallegos en la crucial elección que dejó para la historia a Fraga Iribarne en España. No se le hubiera ocurrido a Duhalde. Tampoco han tenido igual comportamiento frente a la Corte de prosapia menemista que Kirchner desmanteló o ante las leyes que protegían a violadores a derechos humanos y en este himno, el tono de voz de cada uno suena bastante distinto.
No hay abismos en política internacional y acaso Duhalde es más batallador en la idea de la Unión Sudamericana. En política económica, el hecho que Roberto Lavagna haya sido el ministro del área con uno y otro, no solo marca continuidad coyuntural, por cierto exitosa en varios aspectos, no en la distribución del ingreso. En todo caso Kirchner le da énfasis verbal mucho más ruidoso contra el FMI, pero los dos han demostrado que sin ese organismo se puede vivir.
Los creyentes de Kirchner dicen que está en proceso de transición; que su actual mandato, en política de apoyo o acumulación de poder, no da para más pero que hay que creer, y esta emoción no contagia al comentarista, que habrá un segundo turno, con innovaciones más radicales.
Kirchner sacaría menos vot
os pero lejos de la oposición
Si la división peronista persistiera, los números no le darán en octubre al Presidente como para cantar victoria. En la oposición estiman que nacionalmente no pasaría del 40% de los sufragios, recogidos desde diversas vertientes, no todas de kirchnerismo portadores sanos, y que esa sería una derrota. «Con menos del 40% vamos por él», especulan en la derecha más extrema pronta a penetrar en los meandros de la desestabilización.
La media histórica desde 1983, ante cada renovación, el ganador no llegó al 45%, incluso el Raúl Alfonsín de 1985, a quien no había con que darle, o las legislativas de 1991 o 1993, de Carlos Menem.
En todos los casos, esos presidentes tenían ante si un justicialismo o un radicalismo, o más bien lo que fue la Alianza, que peleaban ser alternativa. Octubre no exhibirá ni pimpollos de esa posibilidad. La derecha nacionalmente no llegaría al 10%, segunda fuerza sería el radicalismo casi feudalizado en provincias, con regular performance en los distritos populosos; Carrió con la Capital como su lugar (y se verá si gana), mucha dispersión y abstenciones si la campaña no mejora su nivel.
Por eso Kirchner puede arriesgar a no ir con Duhalde en companía y usar esa fisura como virtud sobre todo frente a capas medias.
Refutaría una afirmación de que Pitágoras sería quién dirá la última palabra, aunque por lo que vemos, efectivamente no esta dicha la última, aunque Kirchner mando decir que no hay más negociaciones. Por lo pronto, el primer mandatario suspendió su habitual descanso semanal en Río Gallegos para desde Olivos husmear como sigue esta política.
La oposición se ofuscó porque el Presidente se dedica a su interna con más fervor que gobernar y hay algo que le da la razón: hace semanas el Parlamento no funciona por esa obsesión, pero sobre todo porque Kirchner ha gobernado, en nombre de la emergencia económica, con los dudosos decretos de necesidad y urgencia, que ensucian a la Constitución.
Y eso, es mala calidad institucional. *
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