La jugada de Washington

La reforma general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y en especial la ampliación de su Consejo de Seguridad (CS) –considerada como la gran prioridad de la agenda internacional– dio un giro repentino de 180 grados.

La razón: Estados Unidos hizo pública su decisión de apoyar el ingreso de Japón y de otro país del «mundo en desarrollo» –sin determinar cuál–, como miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

«Apoyamos el ingreso de dos miembros al Consejo de Seguridad. Es conocido nuestro antiguo respaldo a Japón y ya hemos hablado con el gobierno japonés para hacerle oficial nuestro respaldo para que se convierta en miembro permanente», declaró en conferencia de prensa el jueves 16 Nicholas Burns, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos de Estados Unidos.

El anuncio tomó por sorpresa a los otros cuatro países miembros permanentes del CS –China, Francia, Gran Bretaña y Rusia–, y sobre todo a Alemania, India y Brasil. Estos tres países, junto con Japón, forman el llamado Grupo de los cuatro (G-4) que pugna por tener asientos permanentes en el CS.

Expertos en asuntos multilaterales consideraron que, en principio, Estados Unidos tomó una «mala decisión de política exterior». Es, dicen, una declaración de guerra diplomática contra China, nación que se opone abiertamente al ingreso de Japón al consejo y que, como miembro permanente tiene poder de veto.

Sandra Polaski, directora del Programa de Política Global de Carnegie Endowment for International Peace, descalifica la decisión del gobierno de Bush. La razón: considera «imposible» lograr un equilibrio de las fuerzas políticas y económicas del mundo con el ingreso al CS de tan sólo dos países como miembros permanentes.

«Estados Unidos se equivocó, se necesita una expansión más amplia que debe ser equilibrada en términos regionales y de desarrollo», señala la especialista en entrevista con Proceso.

Aun cuando la sede de la ONU se encuentra en la ciudad de Nueva York, el cabildeo y las negociaciones de los países interesados en la reforma de la ONU se trasladó desde hace unas semanas a Washington. Y es que, por lo delicado del tema, éste se realizó directamente con la Casa Blanca, la cual ha realizado una labor de diplomacia sucia», según comenta a este semanario un diplomático alemán que pidió el anonimato».

«De cierta forma no nos sorprende la que ha hecho Estados Unidos. Teníamos la esperanza de que dejara de actuar de manera unilateral para favorecer al consenso internacional, pero ahora es claro que Washington tiene una sola meta: querer imponer su ideología política y militar en la ONU pasando por encima de los intereses internacionales», señala.

Y añade: «El presidente Bush quiere imponerse en la ONU, pero no lo vamos a permitir».

Para Washington, el ingreso de dos países al CS como miembros permanentes es una forma de otorgarle mayor autoridad internacional a la ONU. Además «también respaldamos la edición de dos o tres asientos no permanentes (países miembro rotatorios), con lo que se ampliaría de 15 a 19 o 20 el número de miembros del CS», declaró el subsecretario de Estado para Asuntos Políticos.

«Desde una perspectiva de la lucha por el poder, China no permitirá que Estados Unidos imponga su voluntad en la ONU, Japón no puede ser miembro permanente del CS porque su participación estaría condicionada a los deseos y órdenes de la casa Blanca», afirma un diplomático chino quien, al igual que su colega alemán, habló con Proceso bajo la condición del anonimato.

China se siente engañada por Washington. Apenas hace tres semanas, el presidente Bush recibió casi en secreto en la Casa Blanca a Zhou Wenzhong, embajador de China en Estados Unidos.

De acuerdo con el diplomático chino entrevistado, Bush aseguró al embajador Wenzhong que no apoyaría el ingreso de Japón como miembro permanente al CS.

«El cambio de decisión nos parece una provocación», señala el diplomático chino. Aunque, admite, «también puede ser una estrategia de forcejeo para conseguir otra cosa, posiblemente mantener el statu quo en el CS, que sería lo más correcto». *

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