41 años después, nueve blancos y tres negros condenaron a un ex jefe del "imperio invisible" del KKK

Mississippi en llamas

Ray Killen, el ex jefe del Ku Klux Klan declarado culpable en el caso «Mississippi Burning» (Mississippi en llamas) fue condenado a 60 años de prisión por el asesinato de los tres activistas por los derechos civiles en la década del sesenta.

Tiene 80 años y terminará sus días en prisión. La sentencia fue anunciada en el tribunal de Philadelphia, la ciudad en la cual se consumaron hace 41 años los homicidios de Micahel Schwerner, James Chaney y Andrew Goodman. Killen fue condenado al máximo de la pena: 20 años por cada homicidio «a cumplir consecutivamente», según el juez Marcus Gordon.

Los tres activistas fueron asesinados el 21 de junio de 1964 mientras apoyaban la campaña por el derecho al voto de los negros en los estados del sur de Estados Unidos. El veredicto del jurado se conoció en un momento simbólico, el del 41 aniversario de la tragedia, que el cine hizo conocer en numerosos países ya que el caso de los tres activistas asesinados inspiró en 1969 el filme del director Alan Parker «Mississippi Burning», interpretado por Gene Hackman y premiado con siete Oscar.

«Por fin, por fin, por fin», señaló Jim Prince, editor del semanario local The Neshoba Democrat, tras el anuncio del veredicto.

«Creo que ciertamente esto envía el mensaje a los criminales y a los matones de que la justicia reina en el condado de Neshoba, a diferencia de lo que ocurría hace 41 años», añadió Prince, citado por The New York Times.

La investigación del FBI fue reabierta en los últimos años después de que el triple homicidio quedó impune y hoy la justicia escribió el último capítulo de aquella dramática historia.

El jurado empleó apenas dos días para tomar la decisión. En el banquillo de los acusados, Killen, el ex pastor bautista, se mostró impasible ante la lectura del veredicto y fue retirado de inmediato en silla de ruedas del recinto.

Debido a su edad y estado de salud -se desplaza en silla de ruedas y sufre hipertensión- el condenado pasará el resto de sus días en una prisión del Estado de Mississippi, donde 70% de los prisioneros son negros. Killen estará primero detenido cuatro semanas en el correccional del centro de Mississippi del condado de Rankin para su «evaluación», y luego será transferido a la cárcel estatal de alta seguridad en Parchman, indicó el responsable del Sistema Penitenciario de Mississippi, Chirs Epps. Esta cárcel, inaugurada en 1901, alberga a 4.700 detenidos.

El ex jefe del KKK había sido procesado años atrás y absuelto en 1967 de la acusación de violación de los derechos civiles derivada de los tres homicidios.

De dieciocho miembros del KKK inculpados, siete fueron condenados en el juicio de 1967 por un jurado blanco a entre tres y 10 años de prisión.

La historia ocurrió en el verano de 1964 cuando Andrew Goodman, Michael Schwerner y James Chaney fueron asesinados en un momento en que la cuestión del voto de los negros del sur dividía las conciencias y encendía los espíritus por el odio racial. Como muchos de sus coetáneos los jóvenes participaban de la campaña para empadronar nuevos electores en áreas rurales del país donde los descendientes de esclavos no habían votado nunca. La policía local fue cómplice de los asesinatos: primero detuvo a los dos blancos neoyorquinos, Goodman y Schwerner, y a su amigo negro, Chaney, y por la noche los liberó, de modo de posibilitar que se les tendiera la trampa. Los tres jóvenes fueron interceptados por encapuchados y muertos a tiros. Sus cadáveres desaparecieron. En Filadelfia, la ciudad de Mississippi, el silencio hizo cómplices a sus habitantes y las investigaciones de las fuerzas federales fueron obstaculizadas de todas las formas posibles.

Los cadáveres de los militantes, que tenían entre 20 y 24 años, fueron hallados después de 44 días de búsqueda minuciosa sepultados debajo de un montículo de tierra al borde de la ruta. Tres años después, los pocos imputados que fueron llevados ante la Justicia y procesados recibieron penas livianas cuando no fueron absueltos, como fue el caso de Killen.

 

«Gracias a los blancos que vinieron a decirme que los tiempos han cambiado»

«Gracias jueces, gracias policía, pero sobre todo gracias a los blancos que vinieron a decirme que los tiempos han cambiado», dijo después de la lectura del veredicto Ben Chaney, el hermano de James, que hoy sería un hombre de mediana edad.

Nettie Cox, la primera persona negra en postularse a la alcaldía de Filadelfia, se dijo alarmada de que Killen no haya sido encontrado culpable de asesinato. «Homicidio sin premeditación», dijo al New York Times, «simplemente no puedo asumir lo de homicidio sin premeditación».

La viuda de Schwerner, Rita Bender, dijo que el veredicto se trataba sólo de un «pequeño» paso para enfrentar ese pasado y expresó su desilusión de que el jurado «no reconociera que se trató de asesinatos cometidos con malicia».

«El veredicto indica que desafortunadamente aún hay personas (…) que eligen mirar al costado, que eligen no ver la verdad», afirmó, añadiendo que «el estado de Mississippi es cómplice de estos crímenes y de todos los que ocurrieron. Y eso debe abrirse».

La Justicia envió al mundo la señal de que Mississippi es distinto pero también que, en el estado norteamericano donde fue tal vez más dura la segregación racial, el compromiso de la magistratura es hoy llevar ante la justicia a quien mató para preservar el régimen del apartheid. Los abogados de Killen argumentaron que el viejo ex predicador había estado en el Klan pero no había tenido nada que ver con lo asesinatos.

El hombre, que no quiso dar testimonio en su defensa, dijo que había estado, la noche de los asesinatos, en una vigilia fúnebre.

El veredicto de Filadelfia es el segundo «mea culpa» que se registra en pocos días en lo que parece ser la búsqueda de una toma de distancia con el pasado racista del país. La semana última, mientras en Mississippi comenzaba el proceso a Killen, el Senado federal pidió disculpas a los afro-norteamericanos por haber mirado hacia otra parte entre 1882 y 1968, mientras en las plazas y calles del país ocurrían miles de linchamientos que quedaron impunes.

El senador Edward Kennedy, una de las figuras más respetadas del Partido Demócrata, celebró la condena de Killen. «Se dice habitualmente justicia demorada, justicia negada, pero aquí es mejor tarde que nunca», dijo Kennedy. «Nada compensará el costo terrible sufrido (…), pero por lo menos mostramos que no olvidamos», agregó en un comunicado.

El veredicto es una «victoria», dijo por su lado Derrick Johnson, presidente de la división Mississippi de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (Naacp). *

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