Una semana clave para el Presidente y la interna peronista
Vencen el 30 los tiempos legales para la presentación de los candidatos nacionales y provinciales, por decisión judicial, lo que convierte al jueves próximo como meta. En cargos legislativos provinciales y en comunas es donde más se amarra el duhaldismo: lijar ese poder en el distrito más importante, sería leído como una virtual rendición ante el kirchnerismo,
Esos sitios legislativos y comunales atraen al gobernador Felipe Solá en nombre de la gobernabilidad de su administración, los quiere para adictos o aliados y no ser desconocido en los trazos finos del posible entendimiento.
Hay pequeñas y grandes falacias en este juego de la soga. Por un lado el propio Kirchner que afirma que no se entromete en la puja interna del Partido Justicialista bonaerense, cuando es de trámite casi diario sus entrevistas con intendentes que eran hasta hace minutos leales, es un decir, al caudillo que luce como cocarda su cargo político dentro del Mercosur .
Y este último que difunde noticias contradictorias que van desde que el arreglo es un hecho, pasa por esquizofrénicas declaraciones a los diarios, según sea su línea editorial, hasta insistir que él, Duhalde, ya es un jubilado.
Para tratar de descifrar la cosa hay que acudir a los datos objetivos que son los que van marcando un camino de (inevitable) entendimiento.
Primero y principal, Kirchner necesita de un rotundo suceso en la provincia más populosa porque en otros distritos grandes, como Capital Federal o Santa Fe, la suerte es grela. En el primero el electorado podría dividirse en tres porciones: los que apoyarán a Elisa Carrió, la líder del ARI, por ahora encabezando las encuestas; el tercio del centro-derecha que se ejemplifica en la candidatura del empresario Mauricio Macri y por fin, el canciller en vías de licencia y luego renuncia, Rafael Bielsa.
En todos los casos las encuestas les otorgan montos inferiores al 30% porque hay espacios chiquititos con expectativas en visiones diferentes de la izquierda o centrista es decir que aún colocándose el canciller en la cima en octubre, no dan números como para bendecir la idea del plebiscito.
A la derecha le salió un grano
Sea por orgullo personal, o por otro motivo menos generoso, la posible candidatura a diputado nacional en este distrito porteño de Domingo Cavallo, rebanará votos a Macri. Su actual socio por conveniencia, Ricardo López Murphy, ha sentido la amenaza y acusó al amigo o ex amigo del padre de la convertibilidad, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, de promover este esperpento que está más cerca del ridículo, que se sabe, no hay retorno, que de la seriedad política.
A la derecha con su centro adentro, la une el espanto no los ideales. No hay programa de acción, salvo criticar al gobierno ni tampoco se trata de una propuesta de alcances nacionales, más allá de adhesiones de los derechistas de siempre en cada lugar del interior del país. Como proyecto alternativo, en el mejor de los casos, está aún en pañales.
Sigamos con el panorama electoral. En Santa Fe, casi nadie duda que la alianza que armaron los socialistas con radicales y piezas sueltas de otros lares, vencería holgadamente. Kirchner dejó el encuentro del Mercosur de Asunción, que en la Cancillería se lo ha evaluado como de avance positivo, par ir a Rosario a la ceremonia del Día de la Bandera, para fogonear a los pretendientes del peronismo donde no hay cadenero.
La idea presidencial era que tironeara la actual vicegobernadora, una Bielsa como el canciller y el famoso coach de fútbol, pero se ha negado sistemáticamente al ruego: «no llegué a la política para perder», cuentan que dice en privado, María Eugenia. El peronismo gobierna Santa Fe desde el regreso a la carga constitucional a fines de 1983, y no puede y menos en una legislativa– reclamar adhesiones a su gestión. Que no resiste comparaciones con la del socialismo por 12 años en la comuna de Rosario, la segunda ciudad del país y que es el atractivo para el electorado.
Rápido de reflejos, Kirchner invitó a Hermes Binner, el líder socialista, a una foto sugestiva, como queriendo revivir en ese instante la fallida o postergada apertura transversal. O dejando un mojón no para contabilizarlo en octubre como propia tropa, sería un despropósito, pero si como un aliado crítico a su administración.
Esto último es también discutible ya que el Congreso del Partido Socialista del fin de semana (primero desde la unificación de dos visiones del ideario de Marx y Juan B. Justo) se definió, digamos, como opositor no sistemático abierto a respaldar lo que considere positivo y hasta allí. El PS no se ve transversal ni aún con cambios más a la izquierda del Presidente después de los comicios: trabaja por su propio proyecto alternativo, acaso hoy demasiado pretensioso: aún está en el campo testimonial.
Del plebiscito al aval
Algo sensato se instaló en el discurso oficial. Ya no se habla de plebiscito, sino de aval a la gestión de gobierno, lo que permitirá no lidiar con las matemáticas, como sería aquel primer intento, sino con un apoyo prudente que sería recolectar nacionalmente algo así como el 40% de los sufragios. Una meta más razonable que empuja inevitablemente a poner los ojos en cuantos lograría el gobierno junto al duhaldismo o dividido.
Estos días se escucharán gritos de guerra con solicitadas rupturistas como proclamar ya a la senadora Cristina Fernández de Kirchher como pretendiente bonaerense (ahora lo es por Santa Cruz). O autoconvocar al Congreso del Partido Justicialista, donde intuyen pueden obtener quórum propio y hacerse de la sigla que tiene por inercia histórica un piso interesante de sufragios. Ahora el kirchnerismo se reconoce en el Frente de la Victoria.
Ya se sabe: el duhaldismo de paladar negro se abroquela detrás de la candidatura de otra esposa, «Chiche» Duhalde que no terminó, tampoco, de proclamarse como pretendiente a guisa de amenaza. No es menor: encuestas fiables lo otorgan cerca del 20% de votos, que en otras condiciones serían una debacle pero son boletas que se le restan a la kirchnetista primera ciudadana. Razonablemente el peronismo unido en elección óptima podría alcanzar por el influjo del Presidente al 50%. La gestión bonaerense desde 1987 para acá no es un dechado de virtudes y bastaría un tour por el Gran Buenos Aires para palparlo. Pitágoras entonces es el dato, no la ideología.
No es casual que Kirchner haya raleado de esta puja la reforma política. Con haber introducido el voto electrónico, que hace innecesarios 70 mil fiscales para vigilar las urnas, hacía trizas el «aparato».
Pero el kirchnerismo crea su propio edificio político usando más ladrillos viejos que nuevos. Y el duhaldismo hace guiños al impresentable ex policía Luis Patti para sumar su electorado potencial. Es como sonreírle a Carlos Menem que, por cierto es el gran desconocido para pelear en las grandes ligas: debe resignarse a La Rioja donde le iría bien en octubre, así como su socio, Adolfo Rodríguez Saá, el autor del default de la deuda que generó el menemismo, ganaría en San Luis.
Y por último pero y no por ello menos importante está el resto de los distritos. Córdoba sumara en favor del «aval» con un personaje que detesta al presidente, como es el gobernador José Manuel de la Sota e idem en Salta. En Jujuy, Tucumán, Misiones, Formosa, son gobernadores aliados que es mejor perderlos que encontrarlos para una política de progreso y algo parecido, Chubut y Río Negro. Tierra del Fuego, si gana el actual gobernador, es un radical cooptado por Kirchner; en su propia tierra, Santa Cruz, viene reñida la cosa. Mendoza, Chaco, Santiago del Estero, Catamarca son del radicalismo sui gen
eris, porque más que cercanos a la UCR nacional, se inclinan bastante al poder central.
En Neuquén donde hay una alianza con radicales y ex Frente Grande para ver si pueden hundir al gobernador Jorge Sobisch que quiere ser presidente por la derecha en 2007. O Entre Ríos, que es gobernada sin grandes brillos por un justicialista. Sume y reste el lector y verá porque se habla de aval y no de plebiscito.
El mal humor militar
La inconstitucionalidad de las leyes de impunidad y el futuro que le aguarda a los indultos abre el camino a los juicios orales y público de centenares de violadores a los derechos humanos que pone de mal humor a la derecha de tono variado y ha generado más de un episodio dentro del Ejército y alguna discusión en el alto mando naval. Hubo ceremonias con discursos, autorizados o no por superiores, donde de hecho se protestó por que no se juzga a los líderes de las guerrillas Montoneros, algunos de ellos, dentro del esquema de gobierno. Hay sanciones para los oradores y autorizadores de esas arengas que no llegan a ser proclamas ni por ahora un problema político sino la síntesis de un estado de malestar que se agrega a las bajas remuneraciones.
El fallo de la Corte es claro: condena al Terrorismo de Estado y no considera esa mirada con la acción de los milicianos de los ’70, una doctrina que no es Argentina sino universal. Pero la derecha quiere reeditar la teoría de los dos demonios. Esto no quiere decir que en busca de la verdad el Estado no diga su palabra sobre los errores de la generación que pretendió tomar el cielo por asalto. Pero no nos equivoquemos: el golpismo del 76 y la matanza que devino, tenía como objeto introducir a la Argentina en las corrientes conservadoras internacionales que minaron aquí y allá, todo vestigio de bienestar y autonomía.
Por ahora, la bronca va por Internet que colapsan las web de los retirados o señoras de oficiales en actividad. ¿Que pasará cuando vengan citaciones judiciales de uniformados en actividad?. En el peor de los casos, nuevas muestras de malestar aunque en algunos lugares recen por una rebelión que haga capitular a Kirchner por su política sobre derechos humanos. No es una hipótesis factible. *
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