Otro integrante de la Corte menemista, separado
La cámara de Senadores suspendió a Antonio Boggiano, el último de los mohicanos de la Suprema Corte de Justicia que había sido designado por Carlos Menem y con eso pudo bien anticipar que lo destituirá o empuja a su renuncia, con lo que se crearía una nueva vacante en el más alto tribunal.
Para el futuro inmediato no están previstos otros juicios políticos, afirmó el titular del comité que sigue esas acusaciones en la Cámara baja.
Boggiano, conspicuo integrante del Opus Dei, no pudo convencer a la mayoría de los senadores nacionales de que su fallo favoreciendo a una empresa privada en lo ’90 y que fue la causal que provocó la expulsión por la Cámara alta del menemista Eduardo Moliné O’Connor y la renuncia de otros dos de sus socios, no tuvo carácter doloso, y ahora debe aguardar el final del juicio político ya que la Cámara alta hace las veces de tribunal con fallo inapelable.
Un juicio político en esas instancias es siempre relevante, pero además se dará el caso que con la posible destitución de Boggiano y la solicitud de renuncia, ya aceptada por Kirchner, de otro supremo, Augusto Belluscio, quedan vacantes dos asientos, al que podría añadirse otro en poco tiempo, que es la de Carlos Fayt, por su avanzada edad.
De suerte tal que el presidente Néstor Kirchner, quien debe hacer las propuestas de la designaciones, de hecho renovará como nadie en el pasado durante un gobierno legal la composición del más alto tribunal, ya que él propuso y fue aceptado por los senadores nacionales y tras un trámite de consultas a cuatro de los nueve actuales integrantes. Podría darse el escenario de que ese número se elevara a siete, como puede inferirse.
«¿Corte kirchnerista? Es lo que dicen en la oposición, pese a que de los cuatro totalmente nuevos han emitido opiniones en sentencias que no han agradado al gobierno.
Pero «la mujer del César no sólo debe ser decente sino parecerlo» y entonces, números en mano, desde la oposición sobre todo de derecha, se imputa a Kirchner de ser el hacedor de una Corte que a la larga o a la corta sería un eslabón de su supuesto proyecto hegemónico.
Los observadores independientes, por el contrario, creen que la renovación del más alto tribunal con figuras no sólo independiente sino de alto valor como jueces o académicos, es uno de los logros más notorios que Kirchner ha llevado a la práctica, puesto que esa aireación era largamente reclamada por los más diversos sectores políticos y sociales y abre la perspectiva de un saludable cambio del Poder Judicial, aunque no es una faena tan sencilla.
Ahora bien: hubo sectores del oficialismo que trataron de evitar el juicio de Boggiano, o frenarlo porque la Corte debe dar todavía un fallo clave para la economía: declarar constitucional la pesificación, el instrumento con que el país se sacó de encima el esquema de convertibilidad impuesto por Menem y Domingo Cavallo en los ’90, fuente principal de la deuda fenomenal que por impagable llevó al default y herramienta para la desindustrialización.
Por ahora, la pesificación no tiene manera de salir luego que en un reciente caso, el juez Eugenio Zaffaroni puso un límite a la pesificación para los ahorros de menos de 70 mil dólares, lo que exhibe notoriamente que ese juez, a pesar de haber sido propuesto por Kirchner, votó de acuerdo con sus convicciones.
La pregunta inevitable es: ¿buscará Kirchner entre jueces o académicos que deben llenar las vacantes, sin conocer si son o no partidarios de la pesificación? Por ahora, el Presidente ha buscado excelencia, sin preguntar por sus ideas políticas o sociales. Por caso, la jueza Carmen Argibay, es partidaria de despenalizar el aborto y se proclama atea, lo que le ha generado al Presidente más de un dolor de cabeza, sobre todo por sus relaciones poco cálidas con la Iglesia. *
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