Un "pragmático" que intentará entendimientos con Estados Unidos

Irán: balotaje consagraría al reformista Rafsanjani

El otro candidato es Mahmoud Ahmadinejad, de 49 años, alcalde de Teherán, señalado como ultraconservador, apoyado por los sectores más pobres de Irán, desocupados y marginados de los beneficios de la política económica de los últimos tiempos.

Rafsanjani y Ahmadinejad representan dos concepciones del Islam no sólo en el campo de la política y de la moral sino también en el ámbito de la economía, con cierto sabor a lucha de clases.

El ex presidente busca llevar al país hacia lo que define como una era de apertura, primero económica y luego política, y es apoyado por los sectores medios y altos que no quieren un retorno del Islam «duro», de los albores de la revolución.

En su mayor parte se trata de empresarios y hombres de negocios que hicieron fortuna en estos años y de vastos sectores del mismo gobierno, reformistas o conservadores que temen que un nuevo curso conservador pueda poner nuevamente en juego sus intereses y beneficios.

Ahmadinejad es apoyado sobre todo por su simpatía más o menos abierta hacia esa suerte de «comunismo islámico» que caracterizó los primeros años de la revolución basado en la estatización de la economía y en los subsidios generalizados.

Entre los sectores pobres hay muchos ex combatientes en los años de la guerra con Irak y hoy voluntarios en las filas de los Basiji (milicianos islámicos) que, según los reformistas, ayudaron a Ahmadinejad a superar la primera vuelta y presentarse ahora en el balotaje.

Estos sectores que apoyan las políticas de Ahmadinejad se enfrentan, particularmente por sus posiciones religiosas apegadas a los preceptos más tradicionales, con las clases medias urbanas.

Esa porción del electorado apoyó en su momento al presidente saliente, Mohammad Khatami, en la política de reformas políticas que, según algunos críticos, se cumplió sólo a medias, y en los últimos días participó de la campaña electoral a favor de Rafsanjani, convencida de que una victoria del candidato «ultraconservador» llevaría al país a un «oscurantismo al estilo de los talibán afganos».

Ayer, en las últimas horas de la campaña electoral, miles de personas invadieron las calles de la capital para distribuir volantes y levantar banderas gritando consignas de apoyo a uno u otro candidato.

La sorpresa la dio Ahmadinejad, que en vísperas de la primera vuelta había criticado la campaña de estilo occidental de sus adversarios, pero esta vez aceptó que muchos de sus seguidores recorrieran los barrios de Teherán levantando su retrato y distribuyendo CD con sus discursos, con música bailable de fondo. *

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