Una guerrilla bien estructurada

¿Quiénes son los integrantes del Ejército Islámico de Irak (EII) que secuestró y liberó a Christian Chesnot y Georges Malbrunot, pero ejecutó a Enzo Baldoni?

Después de cuatro meses de convivencia forzada con estos miembros de la resistencia iraquí y tras una investigación posterior, los dos reporteros tienen una visión un poco más precisa sobre esta misteriosa organización armada.

Cuentan en su libro: «El EII anunció su nacimiento en un documental de propaganda difundido en círculos salafistas de Bagdad a principios de 2004. En realidad se creó a raíz de una escisión con el Ejército Islámico Secreto, otra guerrilla sunita.

«Según expertos de servicios de inteligencia franceses, se trata de una federación de organizaciones armadas que disponen de una amplia autonomía local. Todas, sin embargo, están bajo la autoridad religiosa de un emir que cuenta con importantes recursos financieros.»

Desde su creación, el EII exigió la salida de las tropas extranjeras de Irak. El 31 de marzo del año pasado, dos meses después de su nacimiento, reivindicó el asesinato de cuatro agentes de seguridad estadounidenses. Las atroces imágenes de los cadáveres, mutilados colgados en un puente dieron la vuelta al mundo.

Según un hombre de negociación, que conoce bien a la resistencia iraquí, el EII cuenta con numerosos elementos del aparato de seguridad de Sadam Hussein: ejército, Guardia Republicana, oficiales de los servicios de Inteligencia.

Enfatiza Malbrunot: «En 2003, todos estos hombres fueron dados de baja y condenados al desempleo por los estadounidenses.

Actualmente ya no combaten a nombre del Partido Baas o de Sadam Hussein. Retornaron la bandera del Islam e infiltraron al ejército y a las nuevas fuerzas policíacas de Irak».

Destaca Chesnot: «El reclutamiento heterogéneo del EII explica ciertas divergencias internas. La división más importante ocurre, por una parte, entre los nacionalistas (exbaasistas) aliados con los islámico-nacionalistas (exintegrantes del régimen convertidos al Islam e islamistas que se movían clandestinamente en el régimen de Hussein) y por otra parte, los yijodistas internacionalistas ligados en una forma u otra a Al-Zarkawi y Bin Laden. Este último grupo es, por supuesto, el más radical».

De acuerdo con la investigación de los periodistas, la mayor parte de los mujaidines son iraquíes, mientras que los internacionalistas son minoría.

El núcleo del EII contraría con varios centenares de combatientes. Se habla de una red de miles de simpatizantes en el suroeste de Bagdad, en las regiones de Latifiya, Mahmudiya e Iskandariya dominadas por la poderosa tribu de los jenabi y ubicadas en la frontera ancestral entre las zonas chiita y sunita.

Según relatan los reporteros, la gentes de Latifiya, área donde fueron secuestrados, es «terca, obtusa y violentamente antichiita».

Su meta es encender la guerra civil en las ciudades mixtas (sunitas y chiítas) como Hilla.

El EII actúa en tres zonas geográficas: una ubicada el sur de Bagdad (Latifiya), otra al oeste de la capital y la tercera al norte. En el terreno cuenta con células de cuatro o cinco combatientes totalmente mezclados con la población. Los integrantes de las células no se conocen entre sí. Sólo los mensajeros aseguran la comunicación entre cada una de éstas y sus superiores jerárquicos.

El EII está encabezado por una asamblea consultiva —majlis al -curo— que supervisa un departamento financiero, un comité militar y un servicio de inteligencia.

Existe también un equipo especial que vigila la información mundial en Internet.

Enfatiza Chesnot: «El EII busca imponer una imagen de organización estructurada y jerarquizada. La forma en que secuestra a sus rehenes tiende a confirmar esa imagen. Un equipo procede a la captura. Otra vigila a los presos. Una especie de juez de instrucción los interroga. Y un tribunal decide su destino.

Este tribunal está integrado por responsables tribales y religiosos. Tiene derecho a vida y muerte sobre los presos del EII. Después de su veredicto, los rehenes son repartidos en dos categorías: los negociables y los «liquidables». *

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