Kirchner y Duhalde dan señales contradictorias

Acuerdo entre peronistas aún está en los papeles

Son, en definitiva, lides por espacios de poder. El Presidente, que busca un verdadero plebiscito en esos comicios que avalen su gestión y le den fuerza política con sustento electoral para el difícil tramo de sus dos últimos años de este, su primer mandato, quiere que en las más grandes de las provincias fluyan votos para candidatos que él avale.

Duhalde, que hasta ahora era considerado el caudillo bonaerense, no quiere una rendición y pugna que en listas que respalden a Kirchner se elijan también a personas que le permitan tener oxígeno para el futuro.

Los dos prohombres del peronismo han dicho que no quieren un «nuevo pacto de Olivos», remitiéndose al que en 1993 firmaron Carlos Menem y Raúl Alfonsín, casi inopinadamente, para que se pudiera reformar la carta magna que permitiera la reelección del líder riojano.

Alfonsín logró, a cambio, algunas concesiones fuertes como que se introdujera en el nuevo escrito constitucional que los tratados internacionales firmados por Argentina tuvieran preeminencia sobre sus propias leyes, como en el caso de los derechos humanos.

Lo quedó entonces en la idea de ese Pacto de Olivos, que se trataba de un quid pro quo, un arreglo pampa, que interesaba sólo a los que los firmaran, a espaldas de la opinión pública.

Lo cierto es que se negocia con fuerza de tirantez de cada parte y eso que atribuyen a Duhalde haber dicho horas atrás, antes de volar a Asunción a la cumbre del Mercosur porque él ocupa cargos políticos en este emprendimiento integrador, que los suyos negocien con los amigos de Kirchner de manera que el Presidente pueda efectivamente ser plebiscitado, al menos en la mayor de las provincias.

Con todo la esposa del caudillo, Hilda González, más conocida como «Chiche» no renunció, aún, a su pretensión de ser la candidata a senadora nacional por el Partido Justicialista del distrito en discordia.

Para el kirchnerismo es mala onda, ya que piensan pronto proclamar para ese cargo a la esposa del Presidente, Cristina Fernández.

De hecho el peronismo bonaerense ya está dividido. El kirchnerismo de esos lados ha forjado el Frente de la Victoria de la mano del gobernador Felipe Solá, quien ahora parece que incluso podría tener los delegados necesarios para controlar el justicialismo.

Pero ese gesto mayor casi de guerra final ha sido postergado a la espera de algún acuerdo.

Precisamente el nombre de Sola, irritativo para el duhaldismo, es el que influye en el no entendimiento sobre la conformación de la lista de legisladores provinciales.

El gobernador necesita de apoyo legislativo para poder gobernar, cosa que ahora de hecho está paralizado por el duhaldismo.

Roberto Lavagna, el fuerte ministro de Economía, charlo el viernes con Duhalde y el tema de la gobernabilidad estuvo en la boca de los dos.

El bonaerense sostiene en privado que juntos o separados, cada lista llevará la impronta del respaldo al Presidente, pero nadie se engaña: una fractura en las elecciones, políticamente no hará fácil sumar sufragios para el Presidente y el objetivo de este quedará mellado, máxime cuando en distritos importantes como la Capital Federal y sobre todo la provincia de Santa Fe., por ahora van adelante en las encuestas figuras de la oposición, aunque no del mismo cuño. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje