Argentina ajusta sus deudas con la historia
Esa posición antisemita determinó que miles de judíos fueran más tarde asesinados, como si este país participaba de hecho de la Shoa o sea la «solución final» del «problema judío», la obsesión de Adolfo Hitler.
Luis Irigoyen, embajador en esos tiempos en Berlín negó visas incluso a un grupo de judíos nacidos en la Argentina que los nazis querían expulsar para mantener el clima cordial con Buenos Aires, un mercado importante, una urbe poblada de alemanes que simpatizaban con el nacionalsocialismo.
A no ser por la perseverante tarea del periodista Uki Goñi y de la investigadora Beatriz Gurevich que hurgó en los archivos de embajadas argentinas en Europa, la Circular 11, secreta claro, hubiera pasado al olvido.
Pero en el papelerío de la embajada en Estocolmo, Gurevich halló una copia de esa infame disposición y Goñi añadió una fenomenal investigación adicional con decenas de casos concretos de aplicación y de actos de corrupción que incluyeron a embajadores y otros cargos diplomáticos que a cambio de plata o joyas, entregaban visados a los judíos desesperados por escapar de la muerte. Tan leal ha sido la compulsa que el autor no dudó en denunciar a su abuelo en estas infamias.
La norma fue firmada por el entonces canciller, José Luis Cantilio, que había sido radical pero integró más tarde la UCR (Antipersonalista) que fogoneó, junto al nacionalismo ultramontano y socialistas de derecha, el golpe de Estado de 1930. Luego ese partido fue el soporte de dos gobiernos del llamado «fraude patriótico»: el del general Agustín P. Justo y Ricardo M. Ortiz.
Dicho esto para aclarar que corrientes filonazis no llegaron con el golpe de Estado de 1943, el que desbrozó el camino al poder a Juan Perón, ni este fue el único protector de jerarcas del nacionalsocialismo como Uki Goñi desnuda en su libro. «La auténtica Odessa».
¿Qué había en la sociedad argentina para que parte de lo que fue el peronismo y un sector del antiperonismo, hayan tenido un pasado tan oprobioso?
El final de la resolución 11 no fue sencilla.
La Cancillería creía que como esa norma ya no era de aplicación, no había que derogarla, pero el ministro del Interior, Aníbal Fernández, entendió claramente que se trataba, la anulación, de un acto de constricción, un ajuste con la historia, sin llegar a alcanzar la categoría de pedido de Perdón.
Falta mucho por ventilar a las nuevas generaciones sobre cual fue la actitud del liderazgo de este país tanto durante la Guerra Civil en España como en la Segunda Guerra y también contar las grandes coaliciones, en una y otra dirección que se armaron en esos tiempos.
A esa falta de compresión o conocimiento se añade el falso orgullo de no remover el pasado. Pruebas al canto: en el Ministerio de Relaciones Exteriores hubo que borrar una placa de homenaje a diplomáticos por su «lucida» actuación durante la guerra, por la presión de los investigadores nombrados que han sido acompañado por figuras de la cultura, dice un comunicado, como Joaquín Morales Solá, Marcos Aguinis, James Neilson, Nelson Castro, Sylvina Walger, Isidoro Gilbert, Oscar Serrat y José Ignacio García Hamilton. y de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg, ONG ecuménica educativa fundada en la Argentina.
Wallemberg fue embajador sueco en Hungría y salvó la vida de millares de judíos. Fue detenido por el Ejército Rojo cuando liberó Budapest y desde entonces nada se supo que pasó con su vida.
Estos días en la Legislatura local el nombre del canciller Cantilo está en tela de juicio. Un grupo de legisladores quieren que la avenida que lleva su nombre sea cambiado y el diputado local, Milcíades Peñá propuso que el reemplazo sea por el de Ernesto «Che» Guevara lo que abrió otra polémica. *
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