Maniobra de Macri para complicar a Néstor Kirchner
Ibarra, reconoció, y no por primera vez, que hay «operaciones políticas» para desestabilizarlo, aunque aclaró que «en ningún momento» sintió que esas jugadas pudieran ser motorizadas por el gobierno nacional. Sin embargo, señaló que «trasnochados hay en todos lados» y afirmó que si creyera que los intentos de desestabilizarlo vienen desde la Rosada, él «sería el primero en denunciarlo».
Con todo, Ibarra se mostró indignado por la existencia de sectores políticos que «pretenden cargarse un gobierno porque conviene electoralmente, supone no estar débil políticamente porque percibe que la relación con la sociedad no se ha quebrado. Y De Kirchner espera «el respeto de lo institucional que he tenido», dijo.
La Capital Federal es importante política, electoralmente y económicamente, que lo saben todos, pero en este año electoral su interés se eleva porque es territorio de confrontación de proyectos y va de suyo que la oposición, sea la de Macri, quien suscribió con Ricardo López Murphy la coalición de la derecha, o la de Elisa Carrió desde su intransigencia con olor a progresismo, harán de Ibarra, por lo de la disco y por su gestión, un arma contra las listas que respalden en octubre al Presidente, recordando que el jefe porteño recibió el apoyo de Kirchner cuando fue reelecto en 2003.
Es cierto que a Carrió, en ese terreno, le caerían las generales de la ley, ya que ella también respaldó a Ibarra en su porfía contra Macri. Pero el ARI no se cebaría en el Lord Mayor sino en lo que entiende como malas políticas del gobierno nacional, de manera global.
Pero que hay grietas entre Kirchner e Ibarra es conocido hasta en los jardines de infantes y Macri, con más picardía que habilidad, movió una pieza sorpresiva: salió a respaldar «la continuidad institucional de Ibarra» y a acusar al Presidente y a Carrió de querer desestabilizar la gestión porteña.
¿Un vicepresidente ambicioso?
Un documento de su partido dice que «repudia la embestida del Gobierno Nacional y Elisa Carrió, sus aliados electorales, que han instalado públicamente la posibilidad de promover una intervención federal o de forzar la renuncia de Ibarra para satisfacer sus intereses políticos.»
No es la primera ocasión que el empresario trata de sacar partido de la tragedia de la disco.
Sus Legisladores habían intentado acorralar a Ibarra con una dura interpelación como paso previo a un juicio político y lograr así su destitución, pero no pudieron lograrlo. Lo dicen los operadores de Macri: «No vamos a permitir que Kirchner se despegue de Ibarra». Ibarra sabe que como en el tango ve que a su lado se prueban las pilchas que va a dejar y supone que en el oficialismo hubo quien pergeñó la posibilidad de sacarlo del medio a él y a su segundo, Jorge Telerman, para anticipar las elecciones locales con las nacionales en octubre, en el supuesto que ello favorecería a Kirchner.
En el gobierno repiten que solo buscan que Ibarra se dedique a gestionar y se aparte de la pelea electoral porteña: es casi decretarle que se suicide políticamente.
Sus relaciones con el Presidente se enfriaron más cuando el jefe de gobierno había dicho en una entrevista que su fuerza, el Frente Grande, analizaba ir en listas conjuntas con el kirchnerismo a las elecciones. Al día siguiente, hubo silencio de radio en el Gobierno nacional y versiones firmes de la decisión de despegarse electoralmente de la figura de Ibarra
«No pienso renunciar», retrucó Ibarra cuando desde sectores oficiales salió, dicen, la idea de la dimisión.
El jefe de gobierno tomó nota del comunicado macrista positivamente: «Me parecen declaraciones necesarias después de que durante estos meses y, sobre todo, en los últimos días parecía que en la ciudad se había instalado el vale todo.
Las usinas de rumores estuvieron activas como nunca. Es de esperar que, si diversos actores democráticos se pronuncian en el mismo sentido, se terminen las conspiraciones y cada uno pueda dedicarse a trabajar, que es para lo que nos votó la gente», dijo.
Sonó a tiro por elevación, aunque sin dar nombres, a algunos miembros del Gobierno nacional, particularmente sobre el vicepresidente Daniel Scioli a quien el ibarrismo pone a la cabeza de los rumores desestabilizadores, primero en la nómina de quienes desean usar sus pilchas, porque las mediciones, dicen que dicen, le dan bien como futuro Lord Mayor.
Quiérase o no, lo real es que Cromagnón a pesar que es materia judicial en avance, se politiza decididamente y habrá más sorpresas. *
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