ANALISIS INTERNACIONAL

Tras el NO de Francia y Holanda

AL NO del pueblo francés contra la Constitución europea por 56% de los votos en el referéndum del domingo pasado le sucedió el del pueblo holandés el miércoles 1º por un porcentaje aún mayor (63%). Hasta entonces 9 países habían aprobado el proyecto, todos por voto parlamentario salvo España. Los dos referéndum por el rechazo la semana pasada introdujeron un cambio significativo, máxime porque provinieron de pronunciamientos con alta participación del pueblo (70% en Francia, 62% en Holanda), en contraste con las minorías que apoyaron tanto el tratado original de Maastricht en 1992 como el texto europeo en el caso español.

 

Un sentimiento extendido

Ambas votaciones implican un viraje en Europa. Ello repercutirá en las instancias inmediatas (el 10 de julio en Luxemburgo, el 27 de setiembre en Dinamarca, en octubre en Portugal, todos por vía referendaria), lo que enciende luces rojas en los capitanes neoliberales de la vieja Europa y su encumbrada burocracia.

En el caso de Francia, ya he destacado que si se hubiese utilizado el mecanismo parlamentario y votado según la orientación fijada por las direcciones partidarias, el apoyo al texto habría superado el 90%. El hecho subraya el profundo divorcio entre buena parte de las direcciones partidarias y la ciudadanía, incluso con su propio electorado. El caso más flagrante fue el PS, que decidió por consulta interna votar por SI, pero el 56% de sus electores sufragó por NO. Tampoco gravitó el hecho de que la postura de la dirección (que de hecho se partió en dos, con campañas contrapuestas) hubiera recibido apoyo de Rodríguez Zapatero y de Schröder (este último en posición nada brillante, por otra parte). Algo parecido sucedió con los verdes de Mamère. A los partidos de gobierno y de centro derecha, UMP y UDF, el 20% de electorado se le escapó hacia el NO. El crecimiento del sentimiento por el NO fue canalizado y a la vez impulsado por 900 colectivos unitarios a lo largo de Francia, que se apoyaron en la movilización de fuerzas de izquierda como el PCF y la LCR, de centrales sindicales como la CGT, de movimientos sociales que bregan por la aplicación de la tasa Tobin (Attac) y la Confederación Campesina de Bové, entre otros. Estos movimientos muy diversificados, de izquierda y de raigambre popular, que coordinaron su acción por el NO, establecen un plano de clivaje muy nítido con la derecha y la ultraderecha que también rechazó el tratado, como el grupo de Philippe de Villiers y el Frente Nacional fascista de Le Pen, dotados de una concepción racista y xenófoba.

 

Se levanta una esperanza

En la noche del 29 de mayo, una declaración del PCF daba el tono del acontecimiento mientras el pueblo festejaba en la Plaza de la Bastilla. Decía: «Una gran esperanza se levanta hoy. Movilizado de manera excepcional, nuestro pueblo dijo NO a la ola liberal que azota Europa y el mundo desde hace 20 años. Es un viraje. Esta victoria se construyó en las luchas y movilizaciones contra las políticas antisociales, y en una dinámica de reagrupamiento popular que evoca los grandes momentos del Frente Popular y de mayo 68″. Agregaba que es la victoria de los obreros, los empleados, los desocupados, los jóvenes, los militantes que unificaron su acción hasta llegar a las urnas para rechazar «esta camisa de fuerza liberal». Reclamaba por ende que el gobierno se sometiera a ese pronunciamiento, lo que debería traducirse en: renegociación del tratado, rechazo inmediato de los proyectos ultraliberales de Bruselas y de todas las medidas de liberalización, de privatización y de retrogradación de la legislación social. Llamaba a movilizarse a favor de una política de generación de empleo, de aumento de salarios y elevación del poder adquisitivo, de desarrollo de los servicios públicos, de la protección de los derechos de los asalariados y de los ciudadanos franceses y extranjeros.

Esta posición se reafirmó cuando Chirac anunció el gabinete encabezado por el dúo de Villepin- Sarkozy, lo que fue considerado «una provocación respecto a la soberanía popular», ya que ambos fueron defensores a ultranza (junto al presidente, que asumió el comando del SI) de las políticas ultraliberales en Francia y Europa, condenadas por mayorías contundentes.

 

El papel de la izquierda

La secretaria nacional del PCF, Marie-George Buffet, subrayó la responsabilidad de la izquierda y proyectó estos resultados al futuro. «La izquierda  declaró- debe extraer las enseñanzas de esta votación. Después de tantas decepciones, la victoria del NO convoca a un vasto reagrupamiento político, capaz de derrotar las políticas liberales. El pueblo exige de la izquierda que finalmente tenga el coraje y la fuerza de enfrentar a las potencias del gran capital y los dogmas del liberalismo». *

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