Iglesia Católica colabora con la estabilidad democrática en Bolivia
La Iglesia Católica puso ayer sábado manos a la obra en la crucial misión de encontrar acuerdos en la polarizada Bolivia, en momentos en que se radicalizan las protestas callejeras en el décimo quinto día de una crisis tan aguda que ha tocado las puertas de los cuarteles.
La Conferencia Episcopal de Bolivia (CEB), que aceptó la noche de viernes mediar a pedido del debilitado presidente Carlos Mesa y del líder cocalero Evo Morales, desplegó su gestión de la que dependen la democracia y la estabilidad política y social del país, coinciden analistas locales.
Los cabildeos tenían lugar horas después que un grupo de civiles tocó, literalmente, las puertas del Estado Mayor de Ejército, en el centro de La Paz, para que el jefe de esa repartición, general Marcelo Antezana, asuma la conducción del gobierno «en este caos».
El uniformado ratificó su apego al orden legalmente constituido, lo mismo que el alto mando militar.
Los oficios religiosos se realizaban sin pausa ni prisa, pese a que organizaciones sociales de las provincias andinas de La Paz y El Alto, que exigen la convocatoria a una asamblea constituyente y la estatización de hidrocarburos, no habían depuesto sus medidas de presión, principal condición de la CEB.
Las protestas se radicalizaron principalmente en la populosa ciudad indígena de El Alto, totalmente paralizada y donde organizaciones de vecinos cierran todas las rutas hacia La Paz y han tendido un cerco de zanjas alrededor de una planta de acopio de carburantes.
Tal medida de fuerza ha colocado a La Paz, de un millón de habitantes y sede de Gobierno, en el umbral del desabastecimiento de gasolinas y alimentos y donde tras una semana de violentas manifestaciones callejeras la población corría a los mercados en procura de productos, escasos y caros.
Con su principal autovía sembrada de piedras, escombros, troncos y neumáticos ardientes y activistas amenazantes, la ciudad de La Paz estaba incomunicada con El Alto y éste con toda extensa puna andina que lo vincula a Perú y Chile.
Los jerarcas de la CEB se desplegaron por las tres principales ciudades del país, en procura de comprometer autoridades, congresistas, líderes políticos y dirigentes de la sociedad civil, al tiempo que campesinos controlaban ya 56 tramos en carreteras y caminos vecinales del país. *
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