Análisis internacional

El camuflaje chiraquiano

MIENTRAS ESPERAMOS el sartenazo holandés, cabe destacar la indignación que recorrió Francia por la remodelación del gabinete operada por Chirac tras el contundente rechazo a la Constitución europea, que consistió exclusivamente en sacar a Raffarin (faltaba más) y dejar a todos los demás, con enroques y cambios de puestos.

 

La vieja fórmula francesa

La decisión adoptada el martes por el presidente fue catalogada como «provocación a la soberanía popular y negación de la democracia», «error histórico» y «más de lo mismo» por parte del amplio conglomerado de los votantes del NO. Incluso los centristas de la UDF (Unión por la Democracia Francesa de François Beyrou), que votaron por SI, estiman que «los franceses van a tener el sentimiento que se elige a la misma gente y se empieza de nuevo». Es la tradicional fórmula de recambio de los gabinetes en Francia: «On prend les mêmes et on recommence» (se toma a los mismos y se vuelve a empezar).

Es exactamente lo que pasó en este caso. Se saca a Jean- Pierre Raffarin, cuya popularidad estaba por el suelo (y la de Chirac en su punto más bajo) y se coloca como primer ministro a Dominique de Villepin, ex canciller al inicio de la guerra de Irak y luego ministro del Interior. Vuelve al gabinete Nicolas Sarkozy, ex ministro del Interior y de Finanzas, ahora como ministro de Estado (una especie de Nº 2), quizá además ministro del Interior, conservando su cargo de presidente de la gubernista UMP, Unión por un Movimiento Popular, y afilándose las uñas para la competencia presidencial de 2007. Los demás siguen. Esto cuando el desempleo trepó a 10,1% y el referéndum mostró inequívocamente que el pueblo anhela un cambio de las políticas sociales.

Lo mismo había hecho Chirac después de su tremenda derrota en las elecciones regionales y cantonales de marzo 2004. En esa ocasión la izquierda conquistó los gobiernos de 21 de las 22 regiones y de los 4 territorios de ultramar, derrotando a los candidatos del gobierno. Ello vino de la mano de una recomposición y renacimiento de la izquierda plural: PS, PC, verdes, radicales y otros, mientras la derecha quedó en pedazos. A pesar de ello, Chirac volvió a designar a Raffarin como primer ministro y entonces, como hoy, esas maniobras de trastienda fueron catalogadas como «afrenta al pueblo francés» y «provocación contra el sufragio universal». De inmediato se reanudaron las grandes movilizaciones por un cambio de rumbo en la política económica y social, en particular contra las privatizaciones.

 

El futuro de la izquierda

En aquella ocasión se dijo que dichas elecciones habían constituido el reverso de las presidenciales de 2002, en que la izquierda se presentó dividida y por esa razón sufrió el bochorno de que en el segundo turno, el 21 de abril, concurriera a disputarle la presidencia a Chirac nada menos que el fascista Le Pen en lugar de Jospin. La izquierda, por no haber sabido unirse, tuvo entonces que votar a Chirac, que salió ungido con un porcentaje desusado.

La situación actual es distinta a ambas y más compleja, por la división del Partido Socialista y la consiguiente fragmentación del campo del NO. Si éste, a pesar de ello, pudo salir victorioso e incluso con amplitud insospechada, una ventaja de 12 puntos, es porque se generó una formidable corriente de opinión en el seno del pueblo, movilizado a través de un debate democrático por todo el país.

Esa corriente cortó transversalmente a los partidos. El caso más notorio fue el PS, que internamente se pronunció por el SI, pero dirigentes de primer nivel (Laurent Fabius, Henri Emmanuelli) hicieron activa campaña por el NO y las estadísticas muestran que los electores socialistas votaron 56% por NO y 44% por SI. Algo parecido, y en mayor proporción, sucedió con los Verdes de Mamère. Incluso en los partidos de gobierno y de centro, UMP y UDF, partidarios de la ratificación, más del 20% de sus electores votó en contra. El voto por NO agrupó en forma ampliamente mayoritaria a los trabajadores y a los empleados, más aún a los jóvenes, y también a las capas medias y profesionales, cambiando en este caso lo ocurrido con la ratificación del tratado de Maastricht en 1992.

 

La unidad del NO

Ahora, lo más importante y novedoso ha sido la creación a lo largo de Francia de 900 colectivos unitarios del NO, que utilizaron la capacidad de movilización de fuerzas de izquierda como el PCF y la LCR, de centrales sindicales como la CGT, de movimientos sociales como Attac o la Confederación Campesina de Bové. Esto desmarcó completamente el NO de izquierda del de la derecha lepenista, y puede tener importantes consecuencias para el futuro. Un estudio se pregunta si la izquierda del NO es capaz de ofrecer y construir una alternativa política y social. *

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