El último testigo vivo recuerda el suicidio 60 años después

"Vi a Hitler muerto"

Misch, en la actualidad de 88 años, es el único sobreviviente del pequeño grupo de quienes vieron muerto al dictador en el bunker subterráneo, situado en medio de un Berlín en ruinas que el Ejército Rojo terminaba de conquistar.

«Hitler, sentado en un sillón, estaba postrado sobre su mesa y Eva Braun se encontraba acostada a su lado. Los vi con mis propios ojos», declaró Misch a la AFP por teléfono desde su domicilio berlinés.

«Esperábamos eso. No ocurrió por casualidad. Nos preparábamos para el final», recuerda Misch, quien estaba encargado del mantenimiento de los teléfonos en el bunker personal de Hitler.

«La pieza donde yo trabajaba estaba situada del lado opuesto a la entrada que daba acceso a los apartamentos de Hitler», recuerda Misch, quien tenía 28 años en esa época.

En momentos en que los rusos se encontraban a pocos centenares de metros de su bunker el Fuhrer «dijo adiós en el corredor» al personal a su servicio «y pidió que no lo molestaran».

También dio la consigna a su secretario y brazo derecho, Martin Bormann, quien la víspera había sido su testigo de matrimonio, que su cuerpo fuera «quemado» para no sufrir la misma suerte de su aliado Benito Mussolini, cuyo cuerpo fue expuesto ante la multitud después de su ejecución.

Hitler y Eva Braun «entraron enseguida en su apartamento y cerraron la puerta. No sé cuánto tiempo duró eso, tal vez una hora, quizás dos. No oí el disparo porque estaba trabajando en los teléfonos», recuerda.

«Sin embargo oí que alguien gritaba: ¡Linge, Linge, creo que ya ocurrió!». Heinz Linge era el ayuda de campo personal de Hitler.

«Esperaron entonces unos veinte minutos y luego empujaron la puerta, y yo entré para ver».

El hombre que había sumido a Europa en el peor conflicto de su historia y enviado a millones de judíos a la muerte estaba echado sobre una mesa, con una herida de bala en la cabeza. Eva Braun estaba tirada en el suelo, sin vida.

Según los historiadores, Hitler había hecho que su mujer bebiera un veneno antes de matarse de un balazo. Sus cuerpos serían rociados con gasolina y quemados en el patio del búnker, mientras sus colaboradores hacían el saludo nazi.

«Todos los comandantes habían querido evacuar a Hitler por avión, pero él no quiso, afirmando que deseaba quedarse en Berlín», recuerda el ex telefonista, quien considera que, hasta el final, el dictador no quiso admitir que los británicos permanecerían aliados a los rusos comunistas.

Los últimos días de Hitler fueron descritos en la película «La caída», de Oliver Hirschbiegel, que fue un gran éxito internacional desde su lanzamiento en setiembre.

Aun cuando cooperó con el realizador, Misch afirma que la película contiene cosas inexactas, sobre todo al hacer creer que el bunker era un enorme complejo con numerosas piezas.

«La caída es justo una ópera dramática que corresponde a la manera como los estadounidenses querían que se viera la muerte de Hitler. En realidad ese búnker era bastante pequeño. No éramos muchos, sólo cinco. Sólo nosotros fuimos testigos de su muerte. Nadie más», dice el ex telefonista.

El sitio del búnker, que ninguna placa señala, se encuentra a pocos centenares de metros de lo que es hoy en día un centro comercial moderno y muy animado. El próximo 10 de mayo será inaugurado, muy cerca de allí, un memorial en honor a los judíos exterminados de Europa. *

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