Estados Unidos azuza las diferencias entre Kirchner y Lula
Esto no es una elucubración; surge nítidamente con la gira de la secretaria Condoleezza Rice por varios países latinoamericanos buscando recomponer las alianzas de EEUU Antes anduvo por Europa y el Oriente Medio y sabe unir lo útil con lo agradable. A incluir en su periplo al Brasil y no a la Argentina, los celos que en este último país calientan varias almas volvieron a subir de tono, sin entender que esa elección de la señora Rice no es ingenua: consigue ahondar la división de quienes deberían entender que en su unidad está la fuerza.
Pueden ser válidas algunas explicaciones que se dan sobre este tema en el Palacio San Martín que no se sienten fuera del interés de Washington como lo indica la cabalgata de visitas de funcionarios de alto nivel o la felicitación telefónica de George Bush a Kirchner, más el encuentro en Washington entre el canciller Bielsa con la secretaria de Estado.
Ese no es el caso: aquella seguidilla también puede leerse como «apriete» en asuntos que a Washington le importaría atraerse a la Argentina, especialmente hostigar a Hugo Chávez o que se aleje lo más posible de Cuba. Importa tener una lectura más aguda: nunca un Mercosur y menos aún una Comunidad Sudamericana de Naciones que sigan políticas autónomas, será del agrado norteamericano.
La relación entre Brasil y los EEUU, suponen los analistas mejor informados, no va a modificarse tras el periplo, pero dejará alguna huella. Seguirán siendo contradictorias, con y sin acuerdos. Pero es ingenuo suponer que en Brasilia o en Buenos Aires no busquen los mejores vínculos con Washington, lo que no quiere decir que aquí o en el gran vecino se apaguen las divergencias con el coloso del norte. Se trata de no ser sumisos.
Visto la ola progresista que va de un lado a otro por Sudamérica, observadas las crisis profundas en Bolivia, Perú y ahora Ecuador, EEUU no quieren agravar ningún conflicto con Argentina y con Brasil. Por caso, aceptó su programa nuclear, de enriquecimiento de uranio, olvidó el fracaso de ALCA, no presiona ahora como sí lo hace sobre Argentina, acaso porque ve fisuras en su frente interno, entre el conciliador ministro de Defensa, José Pampuro, y la Cancillería, para que Brasil firme tratado otorgando inmunidades ante el Tribunal Penal Internacional.
Las divergencias siguen con respecto a las cuestiones de Venezuela y Colombia, pues Brasil se opone a cualquier violación de la soberanía de los dos países. Lula ha firmado 20 acuerdos de cooperación con Chávez. No es verdad que prometió a Rice ser intermediario. » Nosotros no somos «el chico de los mandados. Nosotros tenemos una excelente relación con EEUU y una excelente relación con Venezuela», dicen en Itamaraty, aunque la anulación del tratado militar entre Caracas y Washington, no parece a Lula una medida adecuada, pero no hará del asunto un justificativo para adherir a la teoría de una Venezuela desestabilizante que quiso instalar Rice. No quieren ruido y hay que recordar que Brasil no tiene acuerdo militar con USA, pese a las presiones que recibe.
Acuerdos sólidos, buena base
Kirchner mantiene buenas relaciones con Caracas, pese a que la derecha lo presiona para que oiga a Washington. El fuel-oil venezolano es vital para la crisis energética que se avecina. Se han firmado también importantes convenios para la industria naviera local y está en camino la participación de Pedevesa (y Petrobras) en la explotación de la plataforma submarina de la Patagonia, donde si existe voluntad política se puede recrear una petrolera estatal.
Los dos países tienen casi el mismo enfoque sobre Cuba y su futuro: nada de inmiscuirse en sus asuntos internos, ser amigos confiables para momentos difíciles que pueden estar cercanos. Washington, al menos de boca para afuera acepta que la Isla está en la columna de lo no negociable. Y Brasilia, ídem.
¿Qué son asuntos importantes?: el papel de Rodríguez Zapatero en sus relaciones con el Vaticano y Washington. Ha asumido una batalla cultural con la autorización de los casamientos de parejas homosexuales, que justifican ir a la confrontación con el medievalismo. No se trata de darle escasa jerarquía al caso del obispo Antonio Basseoto donde Kirchner actuó con firmeza y dignidad contra una voz rememorativa del terrorismo de Estado. Es un tema trascendente pero que tiene atajos diplomáticos para superarlo, aunque sea a largo plazo. Se dio el castigo al que habló demás y alcanzaba.
El español cumplió con su palabra y sacó sus tropas de Irak, bien vale el «castigo» de Bush de no invitarlo a la Casa Blanca, cosa que disgusta a Rodríguez Zapatero, sin duda, pero no cabalga sobre ese caballo toda la vida. ¿En algunas controversias argentino-brasileños hay cosas que tengan esa envergadura?
Es real que Brasil es una potencia regional, dada la dimensión de su territorio, población y masa económica, y tiene frontera con todos los países de Sur América, salvo Chile y Ecuador y ejerce influencia particularmente en el área amazónica donde tarde o temprano se desatarán nuevas contradicciones con USA.
Esta verdad debería ser bien interpretada aquí y al lado, para que no termine por dominar el espíritu de gran potencia que impone liderazgo, no que lo conquista mediante el diálogo y acuerdos.
La Triple Frontera es una zona donde Washington ha puesto sus ojos con el argumento de seguir de cerca al terrorismo pero se sabe que la cuenca acuífera es la que le importa y allí hay otro espacio de acuerdos para el Mercosur más que las controversias «quien es más bonito». Y, si de entendimientos se trata, los dos grandes deberían aguzar su inteligencia para que el Mercosur sea realmente una salida para Paraguay y Uruguay, convidados de piedra en estos entuertos.
Diferencias artificiales por la crisis ecuatoriana
La reciente crisis ecuatoriana enfrentó a las dos cancillerías. A Kirchner le irritó el «protagonismo» de Lula en esa crisis y desaprobó el asilo otorgado al ex presidente Lucio Gutiérrez, por considerar que ese tipo de decisión debió acordarse regionalmente. Brasil no ofreció nada a Gutiérrez si no que el coronel buscó refugio en la Embajada de Brasil que se ajustó a los tratados sobre la materia como el Tratado sobre Derecho Penal Internacional (Montevideo, 1889), el Acuerdo sobre Extradición (Caracas, 1911), la Convención sobre Asilo (Habana, 1928), la Convención sobre Asilo Político (Montevideo, 1933), Convención sobre Asilo Diplomático (Caracas, 1954) o la Convención sobre Asilo Territorial (Caracas, 1954). Si Gutiérrez -dicen en Itamaraty- hubiera ido a la Embajada Argentina, habría ocurrido lo mismo. El asilo se concede o no, no había que consultar a la OEA.
¿Saca Brasilia algún rédito? Sin duda su influencia en la Amazonia es mayor que la de la Argentina, y no debería incrementar celos inservibles.
Es sabido que Brasil aprovecha cada hecho para defender su reivindicación para un sitio permanente en el Consejo de Seguridad. Y se sabe que Buenos Aires quiere una banca permanente rotativa.
Es una disputa por prestigio, pero abstracta y como lo recuerda el vicecanciller argentino, Jorge Taiana, la diferencia nada tiene que ver con la actualidad (aunque se ha exacerbado, claro), sino que tiene sus raíces en 1945 cuando Brasil, aliado contra los nazis y gobernado por Getulio Vargas recibió la oferta de parte de F.D. Roosevelt. Es lo que no aconteció aquí (y se pagó). Lula reivindica esa banca para hacer prevalecer sus iniciativas. Por eso, algunas de fuste como la Comunidad Sudamericana es vista por estos lados como para estar en la ONU con los grandes.
Lo curioso es que en Brasilia saben que EEUU no quiere reformas a la Carta de la ONU y su veto hunde cualq
uier sueño.
Conocen todos que Eduardo Duhalde es un entusiasta de la Comunidad Sudamericana y no se puede ocultar que por eso, dada la disputa interna del peronismo, hasta se lo acusó de pro brasileño y Kirchner deslizó la idea de desplazarlo de su actual sitial político en el Mercosur.
La OMC perdida por falso prestigio
«Es necesario terminar con las disputas de saber quién es más bonito y quién es más inteligente», acaba de decir Lula pero también él debería bucear en su responsabilidad, no sólo la de Kirchner.
Vale la pena hurgar qué pasó con la candidatura para la secretaría general de la Organización Mundial de Comercio. Brasil defendió la de Luiz Felipe de Seixas Correa que quedó fuera de carrera en la primera votación. Brasilia reprocha a la Argentina que no lo hubiera apoyado. Desde acá responden que ya se había comprometido su aval al uruguayo Carlos Pérez del Castillo, un hombre a quien los brasileños ubican en posiciones cercanas a las de EEUU, aunque esa opinión no es compartida en Montevideo y Tabaré Vázquez lo ratificó. Sea como fuera, los dos grandes del Mercosur no avistaron que la OMC es más importante que el FMI o que el Banco Mundial. Son 150 países discutiendo las futuras reglas del comercio mundial, si se bajan o se mantienen barreras, si hay apertura de mercados para servicios y bienes industriales, si se beneficia a unos u otros.
¿Y entonces? Entonces en probable que ni Pérez del Castillo ni el candidato de las Islas Mauricio, Jaya Cutaree -dos de los tres que siguen en carrera-, terminarán ocupando la jefatura de la OMC, cuando en mayo se resuelva la cuestión. Mucho más probable parece que en ese sillón se instale Pascal Lamy, el hombre de la Unión Europea contra el que la Argentina y Brasil chocaron por los subsidios agrícolas. En este tema, Lamy expresa la difícil alianza EEUU-UE.
Como se ha escrito en Clarín, «en cualquier caso, al menos para la Argentina y Brasil, el escenario internacional que se va alumbrando no parece el más propicio. Probablemente, Lamy en la OMC. Ya en el Banco Mundial el estadounidense Paul Wolfowitz, uno de los arquitectos de la invasión a Irak y expresión del eje EEUU-UE. Y en el FMI, el ultraliberal Rodrigo Rato. Estas piezas, más algunas anteriores y otras más recientes, son manifestaciones del notorio predominio de un pensamiento monocolor».
Conclusión: mejor acordar frente a estas cosas que son claves.
Argentina está sobre ascuas sobre el futuro del canje al no haber resuelto la Corte de Manhattan si embarga o no los bonos del default, como lo reclaman los «fondos buitres». Es un tema judicial, pero también político. No hay ningún mensaje explícito de ayuda de Washington en esta instancia, pero atención a la posibilidad de un fallo en contra que haría caer la máxima conquista del gobierno en las finanzas mundiales.
¿La mala noticia afectará la autonomía en política externa? La coherencia es el mejor antídoto contra cualquier desconfianza. *
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