A 40 años de la invasión de los marines a la Dominicana
PASARON 40 AÃOS y lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Corrían los días previos al 1º de Mayo y escuchábamos por onda corta informaciones sobre la invasión de los marines yankis a la República Dominicana. Sintonizamos un discurso de Fidel Castro desde la Plaza de la Revolución, en que aludiendo a la resistencia popular y de sectores militares decía que las balas también penetraban en el cuerpo de los marines, y fustigaba la conducta genuflexa de la OEA, que secundaba a los marines con destacamentos de Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Paraguay y Brasil.
Trujillo, el «hijo de puta bien nuestro»
Por la mitad oriental de la isla Quisqueya, que Colón bautizó como La Española en diciembre de 1492, pasaron el pirata inglés Francis Drake, los colonizadores franceses y luego los españoles, y tras la independencia alcanzada en 1865 fue invadida en 1916 por los Estados Unidos, ya en su fase imperialista, que le impusieron un protectorado hasta 1924. A partir de 1930 sobrevinieron los 31 años de dictadura feroz de Rafael Leónidas Trujillo, jefe del estado mayor de la guardia nacional creada por las fuerzas de ocupación norteamericanas (en paralelo con Anastasio Somoza, el asesino de Sandino, en Nicaragua). El presidente Franklin D. Roosevelt lo definió en frase célebre como «un hijo de puta (son of a bitch), pero bien nuestro». Trujillo asesinó a mansalva y se apoderó de buena parte de las riquezas del país, acumulando una fortuna gigantesca. A su muerte había 1880 monumentos con su efigie diseminados en el país. Sus manejos depravados están descritos en «La fiesta del chivo» de Mario Vargas Llosa. El 30 de mayo de 1961 fue asesinado, seguramente por la CIA. No sería el único caso. No está enterrado en la isla, sino en el Père Lachaise de París.
Le sucedió un títere de Washington, Joaquín Balaguer, que esta vez duró poco. Renunció al año siguiente, convocándose a elecciones en 1963 que ganó el escritor Juan Bosch con el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), que después pasó a llamarse Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y al cual pertenece el hoy presidente por segunda vez- Leonel Fernández, un discípulo de Bosch. Este era un hombre de convicciones democráticas, amigo de la revolución cubana y que legalizó al Partido Comunista. A los ocho meses fue derrocado por el golpe de los militares trujillistas encabezados por el general Elías Wessin y Wessin. En contraposición se levantó el movimiento constitucionalista, de militares y civiles armados dirigido por el coronel Francisco Caamaño Deñó, que se proponía restablecer a Bosch en la presidencia. Cuando este movimiento entró en escena, el 24 de abril de 1965, el presidente Lyndon Johnson, que había sucedido a John F. Kennedy, asesinado en noviembre de 1963 en Dallas, lanzó a los marines a la batalla e invadió la Dominicana con 35 mil hombres.
La 82ª aerotransportada, como en Irak
Al mismo tiempo el secretario de Estado Dean Rusk ordenaba a su embajada en Santo Domingo respaldar a la Junta Militar al mando de Wessin y Wessin. El argumento supremo de Washington era: «No toleraremos otra Cuba en el Caribe».
A los primeros contingentes de marines se sumaron el 29 de abril dos destacamentos de la 82ª División Aerotransportada, la misma que hoy opera en Irak.
El tema irrumpió en la Organización de Estados Americanos. Historiadores afirman que el presidente de la OEA, el uruguayo José Antonio Mora Otero, le ofreció a Caamaño 6 millones de dólares para que abandonara la lucha y el país. Parece que la respuesta fue de grueso calibre. Fidel condenó desde la Plaza de la Revolución a «esa agencia de colonias llamada OEA» y De Gaulle condenó la invasión y exigió el retiro de las tropas.
Pero éstas no abandonaron el terreno hasta que el levantamiento fue aplastado tras violentos combates, cuyas huellas podían verse aún años después en los muros de Santo Domingo. Quedó en el gobierno el trujillista Balaguer, que abrió las puertas del país a las transnacionales, particularmente la Gulf & Western, y se hizo reelegir 7 veces, directamente o mediante un personero del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), que en las elecciones de 2004 entró tercero con menos del 10% de votos.
El bochorno de la OEA
La OEA, que ya se había cubierto de vergüenza al prohijar de hecho la invasión a la Guatemala de Arbenz en 1954 cediendo a la imposición del secretario de Estado John Foster Dulles, volvió a adoptar una actitud bochornosa. Resolvió por mayoría la creación de una llamada Fuerza Interamericana de Paz (FIP), con efectivos de Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Paraguay y Brasil, para convalidar y dotar de una presunta legalidad formal a la invasión de los marines yankis. *
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