Persiste la crisis entre China y Japón pese a cumbre bilateral

La tensión acumulada en las últimas semanas entre China y Japón resurgió ayer domingo, al día siguiente de un encuentro de alto nivel en Yakarta que no ha disipado los malentendidos.

El primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, y el presidente chino, Hu Jintao, esquivaron los temas más delicados de la crisis diplomática que atraviesan los dos colosos asiáticos desde hace tres semanas y se limitaron a mencionar la necesidad de preservar «la cooperación amistosa».

La prensa japonesa reaccionó ayer domingo manifestando su gran decepción e indignación por la falta de disculpas del presidente chino ante las manifestaciones antijaponesas en su país.

En las últimas semanas se produjeron violentas protestas en China después de que Pekín acusara a Tokio de restar importancia a la barbarie de las tropas japonesas justo antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

«Parece como si hubiesen puesto una venda sobre el corte para impedir provisionalmente que se derrame sangre», señaló el diario de izquierda Asahi Shimbun.

«Pero la herida está lejos de haberse curado. Incluso se teme que se agrave en el futuro», advirtió Asahi a pesar de su acostumbrada simpatía por los puntos de vista chinos.

Según el periódico conservador Yomiuri Shimbun, da la sensación de que la cumbre sino-japonesa ha servido sólo para transmitir el mensaje de que «China es un país que no reconoce nunca sus evidentes violaciones de las leyes internacionales y no se disculpa».

Los dos dirigentes mantuvieron una reunión de 50 minutos a puerta cerrada al margen de una cumbre afro-asiática en conmemoración del 50º aniversario de la Conferencia de Bandung.

Koizumi calificó la entrevista de «muy positiva» pero el jefe de Estado chino fue más comedido en sus comentarios.

«Japón traicionó recientemente su compromiso con problemas históricos y el tema de Taiwan, hiriendo profundamente los sentimientos de los chinos», dijo Hu.

La cuestión de las peregrinaciones al santuario patriótico de Yasukuni en Tokio, en homenaje a los soldados japoneses muertos por la patria, entre los que figuran criminales de guerra condenados a muerte por los Aliados, quedó en suspenso.

Las visitas oficiales a este lugar simbólico enfurecen a Pekín, que las interpreta como un símbolo militarista del Japón imperial. Según la agencia China Nueva, el presidente chino Hu Jintao pidió el sábado a Koizumi que «trate correctamente» el tema de estas visitas.

Pero el primer ministro japonés, opuesto a que China dicte sus acciones, dio a entender que seguirá yendo a Yasukuni.

Su canciller, Nobutaka Machimura, defendió las peregrinaciones del primer ministro al santuario aunque consideró «muy significativa» la cumbre.

«Si Yasukuni no acogiera más que a criminales de guerra, sería un gran debate, pero eso no es cierto. El santuario está dedicado a muchos ex combatientes que dieron la vida por su país», subrayó Machimura.

Por otro lado, Koizumi aprovechó la cumbre de Yakarta para reiterar ante cincuenta jefes de Estado y el secretario general de la ONU Kofi Annan su deseo de tener un puesto permanente en el Consejo de seguridad de Naciones Unidas, una aspiración que exaspera a Pekín. *

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