Los niños de nuestras guerras
Según revela el estudio global de Unicef, las escuelas pueden convertirse en un objetivo directo de un conflicto armado, como ocurrió en setiembre de 2004 durante la crisis de rehenes y la consiguiente batalla que se produjo en la ciudad rusa de Beslán. Allí murieron más de 150 niños y un mayor número de adultos.
En Aceh, Indonesia, los incendios intencionados causaron la destrucción de 460 escuelas solamente durante el mes de mayo de 2003, como resultado del conflicto entre las fuerzas gubernamentales y los grupos rebeldes.
En Nepal, la oposición al gobierno utiliza habitualmente las escuelas como centros de propaganda y reclutamiento. Los ataques y los secuestros tanto de maestros como de estudiantes son frecuentes.
Los niños son víctimas del reclutamiento, el secuestro o la incorporación por la fuerza a los grupos armados. No todos ellos participan en los combates, aunque la proliferación de armas ligeras ha facilitado que incluso un niño menor de 10 años se transforme en un asesino efectivo.
A los niños y las niñas se les obliga también a someterse a la esclavitud sexual y convertirse en trabajadores, cocineros o sirvientes, mensajeros o espías.
Las niñas corren un mayor peligro de ser víctimas de la explotación sexual, ya sea por un jefe o por toda la tropa. Muchas participan también con los jóvenes en el frente de batalla, denuncia Unicef.
Los grupos armados y, en algunos casos, las fuerzas gubernamentales, utilizan a los niños debido a que suele ser mucho más fácil obligarles a cometer asesinatos y a someterse a una obediencia ciega, mucho más que en el caso de los adultos.
Todos estos niños, cuando les reclutan por la fuerza, o cuando ellos mismos se unen a fin de escapar de la pobreza o el hambre, o si se alistan para apoyar de manera activa una causa, lo primero que pierden es su infancia, señala el estudio.
Alerta Unicef que en Africa y Asia se encuentra el mayor número de niños que participan como combatientes en los conflictos.
Cientos de miles están inmersos en los mismos. Y la tendencia de utilizarlos en los conflictos no ha disminuido: en 2003 se produjo un aumento en el reclutamiento de niños en Côte d’Ivoire, Liberia y la República Democrática del Congo.
En la República Democrática del Congo, en concreto, ha habido numerosos informes sobre atrocidades, violaciones y palizas en las que las víctimas eran niños. Miles del norte de Uganda han sido secuestrados por el grupo rebelde Ejército de Resistencia del Señor y obligados a combatir en una situación de servidumbre.
Miles más tuvieron que huir de sus hogares y sus poblados todas las noches para buscar refugio en las ciudades donde pueden evitar los ataques y los secuestros.
En Myanmar, todavía hay una gran cantidad de niños en las fuerzas armadas, mientras que el número de jóvenes que los grupos armados y las milicias urbanas utilizan en Colombia ha aumentado hasta llegar a los 14.000 en los últimos años, revela el reporte.
Refugiados y desplazados
Durante los años 1990, alrededor de 20 millones de niños se vieron forzados a abandonar sus hogares debido a los conflictos o a violaciones de los derechos humanos, indican los informes del organismo internacional.
Cuando huyen de un conflicto, las familias pueden llegar a separarse.
Los niños que se quedan solos corren un mayor peligro de sufrir abusos sexuales o de que los recluten para combatir. Privados de una red de apoyo, también son más vulnerables al hambre y la enfermedad.
Algunas familias consiguen permanecer intactas hasta que han encontrado un refugio, pero las condiciones deficientes en las que se encuentran muchas de las familias que huyen aumentan las posibilidades de desnutrición de los niños y el riesgo de que contraigan enfermedades, sostiene Unicef.
El que las familias tengan que abandonar sus hogares se considera por lo general como una situación temporal.
Pero muy a menudo, sin embargo, el período de exilio se prolonga muchos años, incluso décadas. En esos casos, los niños tienen que pasar toda su infancia en un campamento.
En el sur del Sudán y en otras partes, generaciones enteras nunca han vivido en un verdadero hogar. De los 40 millones de personas que han tenido que huir por la fuerza de sus hogares en todo el mundo, alrededor de una tercera parte son refugiados expulsados más allá de las fronteras nacionales.
Las otras dos terceras partes son desplazados internos. Una proporción que ha aumentado de manera uniforme como consecuencia del incremento de los enfrentamientos civiles, explican los expertos de la organización internacional.
Violencia sexual
La violencia sexual es a menudo un arma de guerra que se despliega de manera consciente. Puede incluir la violación, la mutilación, la explotación y el abuso.
En los conflictos que estallaron a comienzos de los años 1990 en Bosnia y Herzegovina y Croacia, violar a las adolescentes y las mujeres y obligarlas a procrear niños, denominados a menudo como «hijos del enemigo», fue una política deliberada.
En otros conflictos más recientes, como los de Liberia, la República Democrática del Congo, Sierra Leona y el Sudán, se han dado casos de violencia sexual.
A menudo, las niñas adolescentes son el blanco preferido debido a su juventud y a su incapacidad relativa para defenderse, o porque se considera que tienen menos posibilidades de estar infectadas con el VIH. Hay numerosos informes procedentes de las zonas de conflicto que indican que las milicias o los grupos rebeldes secuestran a las niñas para someterlas a la esclavitud sexual, explica Unicef.
Los expertos sostienen que el aumento en la violencia sexual que a menudo acompaña los conflictos no se limita a los crímenes cometidos por combatientes.
El caos y el desorden que produce la guerra socavan el imperio de la ley, y esto deja a los niños especialmente aquellos que están separados de sus familias y sus comunidades mucho más vulnerables a la violencia o la explotación sexual.
Los campamentos para personas desplazadas pueden ser lugares muy peligrosos para los niños debido a que el hacinamiento, la desesperación y una deficiente aplicación de la ley pueden exponerlos al abuso sexual.
Además, la pobreza, el hambre y la inseguridad generadas por el conflicto pueden conducir a los niños y niñas a la prostitución. En Colombia, por ejemplo, niñas de solamente 12 años se han sometido sexualmente a los grupos armados para garantizar la seguridad de sus familias.
Todos estos factores suelen aumentar la posibilidad de la transmisión del VIH en las zonas de conflicto, mientras que la quiebra de los sistemas escolares y de salud dificulta las salvaguardas que podrían contrarrestar estos riesgos.
Además, la desesperanza que surge en una zona afectada por la guerra puede inducir a los jóvenes a escoger una conducta sexual arriesgada.
Un conflicto en una región con tasas reducidas de VIH no produce por sí solo una explosión en las tasas de infección. Pero la ruptura del orden social y la violencia sexual relacionada con el conflicto aumentan siempre la propagación del VIH.
Cuando estalla la guerra en una zona que ya está afectada por el VIH/Sida, como en Ruanda durante los años 1990 y en la región oriental de la República Democrática del Congo, las consecuencias son catastróficas, opina la organización internacional.
Explosivos de guerra
Incluso después de que ha terminado un conflicto, todo lo que deja detrás amenaza a los niños. Los restos de explosivos de guerra entre ellos los explosivos y armamentos abandonados, las minas terrestres y los materia
les bélicos que no han explotado matan y hieren todos los años a miles de niños.
Los restos de explosivos de guerra pueden impedir a comunidades enteras el acceso a los campos, los pozos, las clínicas o las escuelas, algo que provoca privaciones mucho después de que hayan cesado las hostilidades.
Las familias pueden tener que estar condenadas a vivir en asentamientos temporales debido a la presencia continua de minas en sus comunidades. Solamente las minas terrestres son responsables de entre 15.000 y 20.000 nuevas víctimas al año.
Cerca de dos terceras partes de los 65 países donde se produjeron bajas debido a las minas entre 2002 y 2003 no habían sufrido un conflicto activo en ese periodo.
Un estudio realizado por Human Rights Watch encontró que la utilización de municiones de racimo por las fuerzas de la coalición en zonas pobladas de Irak fue una de las principales causas de bajas civiles en 2003.
La mayor parte de las víctimas de los restos de explosivos de guerra son hombres, a menudo agricultores.
Pero los niños se encuentran también en peligro: tienen una gran curiosidad y cuando se encuentran con objetos extraños les atraen los diseños coloridos de algunas minas mariposa y bombas de racimo. Además, muchos niños se encargan del pastoreo de los animales y de buscar agua, lo que exige atravesar amplias zonas del campo donde puede que haya minas terrestres. Suelen ser menos capaces que los adultos de comprender los signos que señalan los campos de minas, asegura el dramático informe mundial de Unicef. *
* Número de niños y niñas en el mundo: 2.200 millones.
* Número de niños que viven en los países en desarrollo: 1.900 millones.
* Número de niños que viven en la pobreza: 1.000 millones, uno de cada dos.
* Número de niños que han quedado huérfanos a causa del VIH/Sida en todo el mundo: 15 millones.
* Más de 121 millones de niños en edad escolar no asisten a clase; la mayoría son niñas.
* Los 10 países donde hay más probabilidades de que los niños mueran antes de cumplir 5 años: Sierra Leona, Níger, Angola, Afganistán, Liberia, Somalia, Malí, Burkina Faso, República Democrática del Congo, Guinea Bissau.
* La esperanza de vida para un niño nacido en Zambia: 33 años. Los niños de Zambia que murieron antes de cumplir cinco años: 82.000.
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