Tensión social por salarios
En los últimos meses hubo luchas obreras de base que desnudó otro trauma: le vetusta legislación sobre los sindicatos que niega la libertad de agremiación, mantiene el poder de la CGT aunque aún ser la más numerosa, no representa al conjunto de los asalariados y menos aún a lo que ahora ocupa el espacio de los desocupados organizados.
Varias huelgas, las más conocidas en el subterráneo porteño o en las telefónicas, el rasgo ha sido el perfil clasista y democrático, lejos de la practica habitual del sindicalismo tradicional bajo el control de vetas hermanas del peronismo. Más aún, esas luchas, exitosas, desbordaron a lo que se califica como «burocracia sindical».
Algunos han querido ver ahora en huelgas de sindicatos adheridos a la combativa Central de Trabajadores Argentinos (CTA), que le creció una disputa por izquierda, sobre todo en el conflicto en el hospital pediátrico Garrahan, el más sofisticado de Latinoamérica que porque podría afectar a los niños con dolencias graves, motivó a la gente y la «preocupación» del mismísimo Néstor Kirchner.
Conviene colocar las cosas en su lugar. Sin ser un dechado de virtudes, la práctica sindical de la CTA es democrática y sus dirigentes máximos a diferencia de la CGT–participan de las asambleas donde hay conflictos fuertes y disputan la hegemonía. En el caso del nosocomio a un sector trosquista que se hizo fuerte en ese conflicto en tanto el gobierno no daba respuestas a la demandas. Cuando se las oyó, la consigna de «huelga por tiempo indeterminado» en el Garrahan lanzada por la ultra izquierda no fue apoyada por los trabajadores que se alinearon detrás de la CTA.
El movimiento obrero subterráneo
Este hecho es paradigmático de como debe conducirse una lucha y cual es el papel del Estado y por eso vale la pena glosarlo porque aquí están en juego no solo reivindicaciones salariales, sino el presupuesto destinado a la salud, cada vez menor y especialmente la democracia sindical.
Veamos. Actualmente hay cerca de 200 negociaciones paritarias en un 95% por salarios. Aparentemente no pasa nada, porque en ningún caso, o en casi todos ellos, no se convoca a los trabajadores a discutir si el pliego de condiciones presentado es razonable y menos aún lo que se pacta con la patronal.
Solamente en apariencia todo camina por el sendero del diálogo civilizado. Hay asambleas fuera del sistema, que no se difunden por variadas razones, entre ellas por querer presentar a la CGT como civilizada, pero que en rigor ocultan la existencia del conflicto y la ausencia de libertad sindical.
Suponer que no hay un crecimiento de corrientes clasistas influenciadas por algunos de los partidos de la izquierda histórica, es negar la realidad. Lo que se trata que cuando hay debate ideológico sobre los caminos de lucha a seguir, los que quedan realmente aislados es el sindicalismo tradicional no la renovación de mano de la CTA.
Un conflicto entre los trabajadores de la aviación comercial sobre el futuro de cesantes en empresas quebradas o que fueron alistados en la casi nonata Líneas Aéreas Federales (LAFSA) ni siquiera alcanzó a ser un pimpollo de empresa de bandera, también se impregnó de dramatismo por la represión contra una medida de fuerza en el Aeroparque porteño.
Cuando no se oyeron los reclamos, la iniciativa ultraizquierdista llevó la movilización a la confrontación con ferocidad pocas veces vista durante la actual administración. Comenzó a revertirse cuando las demandas tuvieron alguna respuesta.
Lo del Garrahan y lo del Aeroparque llevaron a un «paro solidario» impulsado por la izquierda en los subterráneos, de media hora, pero suficiente para que en lugar de reclutar simpatías, los trabajadores de los dos conflictos recogieran lo contrario. «Mejor hubiera sido entregarle a los cientos de miles de pasajeros octavillas explicando que pasa. Además una huelga solidaria para que pese debe ser extendida», explicó a este diario un líder de la CTA.
Debate sobre libertad sindical
Lo real es que hay mucha más movilización obrera que la que se puede ver a simple vista y Kirchner le yerra en la manera de encararla. Primero, por razones políticas se ladeó por la CGT porque necesita de sus estructuras en la lid interna con Eduardo Duhalde en la provincia de Buenos Aires o con otros caudillos en el interior. Sus acuerdos con la vieja guardia sindical no lo obliga a definirse por los reclamos para garantizar una nueva redistribución de la riqueza o tratar de convencer que no es posible mejorar los salarios porque inciden en la inflación en alza en los últimos meses.
No todos los especialistas están de acuerdo en esta explicación sobre la inflación y creen que ella se aborda con decisiones políticas, como es el control a las empresas formadoras de precios que no son más que un centenar a imponiendo a las ganancias enormes de algunos grupos concentrados. Por caso la petrolera Repsol comunica beneficios del 500%.
Kirchner pareció dar un paso importante en materia de ingresos cuando convocó al Consejo del Salario, abriendo el juego a las centrales sindicales, CGT y CTA, con las entidades empresarias.
Pero como ese era un ámbito para debatir economía, rápidamente se la dejó de lado. Luego, el ministro de Trabajo congeló sine die la resolución sobre personería gremial a la CTA y con ello, veda a los trabajadores de empresas industriales, a que sean reconocidos para participar y decidir en la discusión de los convenios.
En parte ese retroceso presidencial puede ser explicado por sus necesidades políticas, pero algunos legisladores opositores creen que se trata de una definición en favor de los grandes grupos económicos que requieren de un movimiento obrero disciplinado.
Hay algo más en esta trama inmovilista en materia de legislación laboral. Grandes sindicatos no tienen mas que el 15% de afiliados pero recogen el 100% de las contribuciones que por ley se descuentan de la plantilla de salarios, fuente de muchas corruptelas pero que explican mejor que mil tratados porque la CGT se opone a perder el derecho a hablar por todos cuando no los representan. ¿Cuánto tiempo se extenderá esta anormalidad? Depende como muchas cosas de decisiones políticas que acaso se tomen cuando muchos conflictos salgan de madre y hay que ver si para entonces no deberá hablarse de manera diferente.
La implosión del modelo de acumulación y distribución acunado por el menemismo, generó temor en la gran masa asalariada o sin trabajo. Eran días para conservar el empleo. Lo es aún, porque la tasa de cesantes es de dos dígitos y la pobreza extrema golpea a millones. Lo novedoso es que a ese reclamo se suma el de los salarios y es donde se debate también cual es el sistema sindical necesario para defender a los trabajadores y afirmar la democracia sindical, que es una de las claves de la democracia política.
La crisis con la Iglesia
Kirchner participa hoy de los fastos de coronación de Benedicto XVI, en tiempos de relaciones dificultosas, es decir lo menos, con el Vaticano pero también con el obispado local.
Se ha negado desde el gobierno que el statu quo de la jerarquía vaticana, esto es la confirmación de hombres claves como el cardenal Angel Sodano, un canal con el menemismo, además, no los sorprendió lo que es discutible. No es lo esencial el haber tenido una gaffe en esa predicción.
El Presidente entendió, de todas maneras, que debía estar presente hoy (no quiso ir a las exequias de Juan Pablo II abriendo un debate inútil lleno de golpes bajos contra el gobierno) y además incorporó al ex presidente Raúl Alfonsin queriendo exhibir una delegación de Estado. Para que tuviera esa definición, debió haber sumado o
intentado al menos, subir al avión a la muy católica líder del ARI, Elisa Carrió, o al mentor del centro-derecha, Ricardo López Murphy, no menos creyente, él.
La historia cruda dice que las dificultades brotaron cuando el Presidente le quitó poder en el vicariato castrense al obispo Antonio Basseoto por sus ataques alarmantes al ministro de Salud que opina que hay que avanzar en lo referente a salud reproductiva. En la melodía del Vaticano, Basseoto recomendó arrojarlo al mar desde un avión, expresiones no afortunadas, claro.
Algunos sectores le achacan a Kirchner no haber sido más sutil en esto de desprenderse de Basseoto, que no debió confrontar. Hay una columna que lo apoya, otra que lo critica por ello. Lo cierto es que la relación con el Vaticano y con la Iglesia tiene un horizonte complicado, aún cuando el nuevo pontífice le de un cauce positivo al caso en litigio.
Roma está disgustada porque el Gobierno no se alinea automáticamente, como lo hizo Menem con las posiciones fundamentalistas del Papa fallecido y del actual, así que el conflicto es más antiguo.
¿Que dicen los críticos que no mal quieren al Presidente?. Que frente a tantas diferencias debe mejorar su diálogo con obispos locales de peso, en primer lugar, con el cardenal Jorge Bergoglio, que estuvo entre los votados en el cónclave del Vaticano de días atrás. «Hay que hablar con los hombres del Papa en la Argentina, y Bergoglio es el canal», dicen.
Comentan que el Presidente quedó impactado con el libro «El Silencio» de Horacio Verbitsky, donde Bergoglio queda más que mal parado en su relación con la dictadura y que de allí viene la reticencia de Kirchner de tenerlo cerca al Cardenal.
Sobre esa influencia del prestigioso periodista, se dedicaba hasta ahora la extrema derecha. Pero lo que se oye ahora de esa relación es en el universo variopinto del kirchnerismo. Huele a exagerado. *
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