El helicóptero, una modalidad latinoamericana de dejar el poder

El ecuatoriano Lucio Gutiérrez se unió a la lista de presidentes de América Latina que se han visto obligados a dejar el poder bajo la presión popular, convirtiendo en imagen recurrente la del helicóptero que rescata al mandatario y sobrevuela una multitud adversa festejando su partida.

Tras una semana de protestas, Gutiérrez fue depuesto el pasado miércoles en un rápido trámite: en menos de dos horas un parlamento que sesionó en una sede alterna votó su destitución y puso en su lugar al vicepresidente Alfredo Palacio.

Este episodio sumó a Gutiérrez al club de ex presidentes de América Latina y el Caribe que han corrido igual suerte en los últimos ocho años, como sus compatriotas Abdalá Bucaram y Yamil Mahuad; el argentino Fernando de la Rúa, el paraguayo Raúl Cubas, el peruano Alberto Fujimori y el haitiano Jean-Bertrand Aristide.

Otro mandatario, el venezolano Hugo Chávez, también sufrió los efectos de la destitución, en abril de 2002, aunque recuperó el poder en menos de 48 horas.

El panorama más crítico se ve en Ecuador donde los últimos tres presidentes electos han sido derrocados. Además de Gutiérrez, cayeron Bucaram en enero de 1997 y Mahuad, en enero de 2000, quienes se vieron precisados a huir, el primero en un vehículo blindado, el segundo en una ambulancia.

En Argentina, el 20 de diciembre de 2001, De la Rúa presentó su renuncia en medio de una grave convulsión social que dejó, en una semana, un saldo de 27 muertos, centenares de heridos y miles de detenidos.

De la Rúa salió en un helicóptero de la Casa Rosada, luego de violentas jornadas con saqueos a supermercados en los barrios marginales y masivos cacerolazos de la empobrecida clase media en la capital.

En Perú Fujimori renunció el 19 de noviembre de 2000, luego de tres meses de crisis tras la divulgación de videos que pusieron en evidencia la corrupción organizada por el ex jefe de los servicios secretos Vladimiro Montesinos.

Todavía en el poder, Fujimori salió de Perú rumbo a una cumbre económica en Brunei, y de allí se dirigió a Japón, la tierra de sus ancestros, desde donde anunció su renuncia.

El boliviano Sánchez de Lozada renunció el 17 de octubre de 2003 luego de que indígenas, campesinos cocaleros, mineros, disidentes del Gobierno e intelectuales se sumaron a manifestaciones contra la política de explotación de los yacimientos de gas.

Desde 15 días antes de su renuncia, Sánchez despachó en la casa presidencial y no en el Palacio, y luego huyó en uno de 22 vehículos que llegaron al helipuerto del colegio militar, en la zona de Irpavi, desde donde un helicóptero lo trasladó al aeropuerto de La Paz. De allí pasó a Santa Cruz y luego a Estados Unidos. Finalmente en Haití, Aristide, quien había sido elegido por cinco años, fue obligado a dejar el país el 29 de febrero de 2004. El mandatario salió de la sede presidencial en un helicóptero tras una insurrección armada. *

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