El Papa estuvo cerca de progresistas
Durante años, el cardenal Joseph Ratzinger se dedicó a reflexionar sobre los grandes misterios de la Iglesia y alumbró algunos de los más valiosos libros de teología de los últimos tiempos.
Muchos de estos textos se deben a su cargo de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, una especie de guardián del dogma, pero la mayoría surgen de una necesidad de plasmar su pensamiento, lo cual le llevó incluso a pedir a Juan Pablo II en 2001 que le dejara retirarse a algún monasterio alejado para dedicarse sólo a sus «libros». El Papa obviamente se negó.
El cardenal Ratzinger escribió sobre los Sacramentos, la Liturgia, el matrimonio homosexual, el sacerdocio, Juan Pablo II, los jóvenes, la crisis de la fe en Europa, el fundamentalismo islámico o los enemigos actuales de la fe católica.
Al religioso alemán le ha tocado además interpretar encíclicas e incluso la propia Biblia, lo cual le ha hecho parecer muchas veces retrógrado a ojos de algunos críticos, aunque nadie le puede negar que es claro, preciso y brillante.
En sus textos, Ratzinger ha querido respetar el legado del Concilio Vaticano II sin alejar a la Iglesia de su férrea línea doctrinaria y moral como dice en su autobiografía «Mi vida».
Al releer sus escritos se perciben además algunas de sus grandes preocupaciones: la pérdida de la pureza de la fe, las interpretaciones demasiado personales y fáciles del Evangelio, la religión impregnada de política o el aumento de las sectas.
Sus escritos están muy influidos por San Agustín, pero principalmente por su periodo más pesimista.
«El mundo mira sombríamente a Ratzinger porque él mira al mundo de forma muy sombría. En el ejercicio de su cargo, él recibe diariamente denuncias, demandas y calumnias de todo tipo y eso echa a perder el estómago y el humor», afirma Hans Kung, teólogo alemán y ex amigo del actual Papa.
En su libro «Juan Pablo II: Un papa entre dos milenios», Ratzinger se convierte en la voz de un amigo y compañero del Papa con el que formaba un «puzzle» perfecto, según sus allegados.
Sin embargo, antes del Concilio Vaticano II (1962-65), Ratzinger estaba más cerca de las ideas del teólogo progresista Kung que del pensamiento de Karol Wojtyla.
El cambio se produjo algunos años después cuando el sacerdote alemán vivió las revueltas estudiantiles de 1968 en su país y la visión de esos jóvenes que «pedían lo imposible» le impactó.
Posteriormente, Ratzinger ha dedicado muchos textos a interpretar el Concilio Vaticano II.
Según el teólogo brasileño Leonardo Boff, condenado al silencio por el Juan Pablo II debido a un comentario sobre este concilio, el cardenal alemán ha interpretado esta reunión crucial en la que la Iglesia se abrió al mundo de forma «arrogante» e «incorrecta», más propia del periodo pre-Vaticano II.
El actual Papa también ha dedicado muchas páginas a la Teología de la Liberación, primero con curiosidad y después con una condena sin concesiones.
«En los años ochenta, la teología de la liberación aparecía como uno de los más urgentes desafíos para la fe de la Iglesia porque proponía una respuesta nueva a la cuestión fundamental del cristianismo: la redención», admite en uno de sus artículos.
Sin embargo, Ratzinger concluye que el cambio radical de las estructuras de este mundo predicado por esta teología se convirtió en una lucha política con inspiración marxista que «la condenó al fracaso».
Uno de los últimos textos escritos por Joseph Ratzinger antes de ser elegido Papa es su comentario al Via Crucis de la Semana Santa del 2005.
«¿No deberíamos pensar en lo que sufre Cristo en su propia Iglesia? ¡Que poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!», afirma en este texto. *
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