Los protestantes están preocupados por la elección del cardenal Ratzinger como nuevo Papa ya que sus posiciones como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe causaron fricciones con otras Iglesias cristianas y esperan que dé una señal de s

Benedicto XVI se aprovechó de la debilidad de sus opositores

Varias fuentes confirmaron a la AFP que algunos cardenales se resistieron a su elección, pero que finalmente arrojaron la toalla para no hacer durar demasiado al Cónclave.

Incluso sus detractores reconocen que el nuevo Papa es «apreciado» y estiman que era «la mejor solución para garantizar una pausa de reflexión» después del largo pontificado de Juan Pablo II, según estos confidentes.

«La candidatura de Ratzinger empezó a ser evocada ya en círculos restringidos de la Curia el pasado otoño, cuando la salud de Juan Pablo II comenzó a deteriorarse», cuenta por su parte Marco Politi en el diario La Repubblica.

«Para Navidad, la idea de un pontificado de transición prestigioso corto, garante de la unidad de la Iglesia y de la defensa de la doctrina y confiárselo a Ratzinger contaba con un número consistente de apoyos», subraya.

«Desde el lunes por la noche, al término de la primera votación, los reformistas se dieron cuenta de que estaban demasiado dispersos y carecían de un nombre aglutinador», sostiene.

«Para no dar la impresión de fuerte división, desastrosa para la imagen internacional de la Iglesia, aceptaron confiar sus votos al candidato más prestigioso», concluye.

Todos los diarios italianos dieron ayer miércoles la misma explicación a la elección relámpago del cardenal Joseph Ratzinger, de 78 años, que necesitaba 77 votos, dos tercios, de los 115 purpurados presentes.

«Un grupo de cardenales originarios de los países del centro de Europa se movilizaron para impedir la elección del que durante veinte años fue el brazo derecho de Wojtyla y el guardián de la fe. No se rindieron fácilmente, pero fueron barridos por una avalancha de votos de todos las partes», escribe Luigi Accatoli, el vaticanista del Corriere della Sera.

«El frente progresista, como es denominado, perdió porque no tenía un candidato aglutinador, debido a la mala salud de Carlo María Martini (ex arzobispo de Milán) y sobre todo porque había que darle rápidamente un sucesor a un papa excepcional», subraya por su parte Mario Margiocco en el diario Il Sole 24 Ore.

Un comentario del cardenal italiano Ennio Antonelli al término del Cónclave confirmó esta tesis.

«La elección fue rápida, signo de comunión y de unión en el seno del colegio de cardenales», declaró el cardenal arzobispo de Florencia a una radio católica de su diócesis.

Varios cardenales habían mostrado su desconfianza antes de entrar en el Cónclave.

«Los fieles no buscan a alguien que les dé órdenes, sino una relación de confianza», afirmó el cardenal alemán Walter Kasper.

Una vez elegido el cardenal Ratzinger, los príncipes de la Iglesia le juraron fidelidad. «Benedicto XVI será el papa de la reconciliación y de la paz», afirmó el cardenal Kasper.

«Démosle una oportunidad», dijo por su parte uno de sus detractores, el teólogo suizo Hans Kung, un antiguo compañero del cardenal Ratzinger, que fue perseguido por éste cuando osó discrepar.

«Quien entra en Cónclave con la imagen de un cardenal conservador puede salir como un papa reformador», subrayó.

Un sentimiento resumido por el obispo de Setubal en Portugal, monseñor Manuel Martins: «espero que el cardenal Ratzinger deje paso a Benedicto XVI». *

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