Aznar dedica capítulos de su libro a Castro, Uribe, Menem y Zedillo
Aznar no concede ningún capítulo al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a quien, sin embargo, menciona al pasar en otros capítulos del libro.
«He tenido la fortuna de no haber sido nunca marxista, ni comunista, ni socialista», afirma Aznar en el capítulo sobre Castro, con quien las relaciones fueron sumamente tensas en sus últimos años en el poder (1996-2004).
Fidel Castro «será recordado como un dictador cruel e inhumano que perjudicó los intereses de Cuba», dice el ex jefe del gobierno español antes de aclarar que mientras estuvo en el poder «siempre tuve un especial cuidado en que Castro no pudiera utilizar nunca sus relaciones personales conmigo ni las relaciones que mantiene con España».
En su primer encuentro con el gobernante cubano, en noviembre de 1996 en Chile -durante el cual se intercambiaron las corbatas-, «le dije que le tocaba ‘mover ficha'», recuerda Aznar.
Tras indicar, como es sabido, que España «promovió la posición común de la Unión Europea ante Cuba», precisa que él «desaconsejó» un viaje oficial de los reyes de España a la isla «porque estaba seguro de que sería utilizado por el régimen de Castro en su provecho». Se refiere luego al encuentro de dos horas que mantuvo con Castro en octubre de 1998 en La Moncloa y deja claro su rechazo al embargo estadounidense.
«Castro me contestó literalmente, que él ‘necesitaba el embargo para esta generación y la siguiente'», recuerda Aznar, antes de indicar que al salir de la reunión «nos encontramos con mi hijo, al que Fidel Castro dijo: ‘estás saludando al demonio'».
En su libro de 400 páginas, Aznar afirma que los miembros de la oposición cubana «son personas admirables y en muchos casos ejemplares por su lealtad y constancia».
Menem, ex presidente de Argentina (1989-99), «es uno de los grandes protagonistas de unos años apasionantes en Iberoamérica», dice Aznar que relata su primer encuentro con el mandatario peronista en su despacho «de la residencia oficial de Los Olivos».
«Me impresionó la claridad de aquellos planteamientos (…) y la capacidad de síntesis», afirma Aznar antes de opinar que «el primer mandato de Menem fue brillante».
Al referirse al presidente de Colombia, Alvaro Uribe, que llegó al poder en agosto de 2002, el dirigente español asegura que «tiene carácter de luchar (y) una idea clara de lo que hay que hacer».
Explica que su último viaje como presidente, a fines de 2003, fue a Colombia «por reconocimiento a este gran país».
Tras relatar que una vez Uribe lo desafió a nadar una hora con él, «un reto que acepté con mucho gusto», Aznar se pronuncia a favor de la reelección del mandatario colombiano y aconseja a otros países de la región a seguir «el ejemplo de firmeza y claridad democrática» del ex gobernador de Antioquia.
A Ernesto Zedillo, presidente de México 1994 y 2000, lo describe como un dirigente «prudente y disciplinado» que durante su mandato demostró «su apego a la transparencia y la lealtad institucional» y «fue un ejemplo de honradez».
«En diferentes ocasiones, Hugo Chávez me pidió que mediara ante la Casa Blanca, pero cada vez acababa haciendo algún movimiento que imposibilitaba la gestión», indica Aznar refiriéndose al presidente venezolano con quien sus relaciones tampoco fueron cordiales en los últimos años. *
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