La Iglesia debe combatir al ateísmo libertino, que es el placer del poder
El «ateísmo libertino» se «liga al escepticismo, a los que no creen que haya verdad, o que si la hay es inaccesible. En consecuencia todo es relativo a la ocurrencia del sujeto», explicó.
Está en el núcleo de la sociedad opulenta occidental, consiste en la gratificación de todos los deseos y se irradia a través de «un instrumento fundamental: la TV», abundó quien fue miembro del equipo de reflexión teológico-pastoral del Consejo Episcopal Latinoamericano por casi dos décadas desde 1975.
El nuevo Pontífice «tiene que ser un tipo que discierna la lectura de los signos de los tiempos», sentenció.
«Este es un mundo político, cultural y religioso y un Papa se elige por razones políticas, culturales y religiosas», afirmó Methol.
«La Iglesia necesita elegir un hombre que tenga una gran inteligencia para leer el panorama mundial actual, eclesial, misional, cultural. Para mí es (Joseph) Ratzinger, que por supuesto no es eso que se llama conservador», dijo en referencia al cardenal alemán de 77 años, quien hasta la muerte de Juan Pablo II presidió la Congregación para la Doctrina de la Fe, heredera del Santo Oficio de la Inquisición.
Methol destacó que Juan Pablo II supo identificar al enemigo de la Iglesia. «¿Cuál fue el enemigo principal de la Iglesia en la segunda mitad del siglo XX, desde el 45 al 89? Fue la expansión mundial del ateísmo mesiánico del marxismo» y «el papado se alineó en la lucha contra ese enemigo común. Fue una lucha contra el mesianismo ateo revolucionario marxista leninista materialista», un «enemigo que buscaba destronar» a la Iglesia, aseveró.
«Pero después, el escenario cambió radicalmente». De «un escenario bipolar escencialmente, aparentemente queda unipolar, pero nadie sabe bien las relaciones nuevas de todos con todos (…) Todas las relaciones mundiales varían y los contenidos y las axiologías en lucha empiezan a ser distinas».
«Simultáneamente al derrumbe de la URSS se produce el Consenso de Washington, que proclama la hegemonía, no sólo de los Estados Unidos sino de un enfoque neoliberal absoluto que emergía en Europa desde los años 80″, valoró Methol.
Pero esa «era neoliberal termina en las crisis asiática, rusa, brasileña, argentina. Hablar de neoliberalismo hoy no es lo mismo (…). En varias oportunidades Juan Pablo II habló contra el ‘capitalismo salvaje'» y en favor del «Estado, que es el encargado del bien común, no el mercado (porque) el mercado autorregulado es una utopía mítica de los poderosos sobre los débiles».
«Recién ahora, en mi opinión, empiezan a delinearse las configuraciones nuevas. Recién ahora empieza a ser más claro el rostro del nuevo enemigo», afirmó en referencia al «ateísmo libertino».
Methol se despachó asimismo contra los «sectores ultraprotestantes, militarizantes de Estados Unidos (…), un país que quiere ser el primer imperio ecuménico, quiere eso, lo que pasa es que en vez de elegir la comprensión, la persuación de las relaciones culturales, elige el militarismo».
«El imperio mundial no quiere generar una ciudadanía mundial, sino que se opone a que haya institutos universales. ¿Con qué sustituye los institutos universales? Con su ultranacionalismo aldeano. Se muestra aldeano, con el presupuesto militar más alto del mundo», afirmó. *
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