Las únicas comunicaciones con el exterior serán dos veces al día a través del humo de la chimenea

Comienza hoy el Cónclave que elegirá al nuevo pontífice; Ratzinger y Tettamanzi son los favoritos

Los purpurados de 52 países se trasladaron el domingo por la tarde a esta residencia, situada dentro de los muros del Vaticano, una de las novedades que introdujo Juan Pablo II. Gracias al difunto Papa, los cardenales se alojarán cómodamente aunque seguirán sujetos a un completo aislamiento del mundo exterior en este período crucial para el futuro de la Iglesia.

Hoy por la tarde, los cardenales se encerraron en la Capilla Sixtina, principal escenario de este Cónclave de duración y desenlace inciertos, donde decidirán por votación quién sucederá al Papa polaco, fallecido el 2 de abril a los 84 años.

Los entendidos coinciden en que el «dogmático» cardenal alemán Joseph Ratzinger parece ser el candidato mejor situado, seguido del arzobispo de Milán, Dionigi Tettamanzi, cercano a la gente, apoyado por los «renovadores» pero poco conocido entre los extranjeros.

El Cónclave, cuyo ritual está perfectamente detallado en la Constitución Apostólica, comenzará a las 10 horas (8 horas GMT) con la misa llamada «Por la elección del Romano Pontífice» en la basílica de San Pedro, a la que están invitados los fieles del mundo entero.

A las 16.30 horas (14.30 horas GMT), vestidos de púrpura y blanco, se dirigirán en procesión a la Capilla Sixtina, el corazón de la elección papal, entonando el himno Veni Creator con el que invocan al Espíritu Santo para que les ilumine.

Los purpurados pronunciarán entonces, uno por uno y con la mano sobre el Evangelio, el juramento de guardar un secreto absoluto sobre la elección.

Las puertas de la Capilla se cerrarán definitivamente tras el tradicional «Â¡Extra Omnes!» (fuera todos), que expulsará del Cónclave a todas las personas no autorizadas y pondrá fin a la retransmisión televisiva del evento.

A partir de ese momento, la única comunicación del Cónclave con el exterior será el humo que saldrá dos veces al día, hacia las 12 horas y las 19 horas (10 horas y 17 horas GMT) por la chimenea de la estufa instalada dentro de la capilla en la que se quemarán las papeletas de las cuatro votaciones previstas: dos por la mañana y dos por la tarde.

La «fumata» será negra cuando las votaciones sean infructuosas y blanca cuando los cardenales hayan elegido al nuevo papa, anunció que irá acompañado por primera vez del repique de fiesta de las campanas de San Pedro.

El papa es elegido por una mayoría de dos tercios de los electores presentes, es decir 77 votos de 115, pero a partir de las 33 o 34 votaciones, los cardenales podrán recurrir a otros sistemas más simples y rápidos.

La duración del Cónclave también es objeto de un intenso debate entre los entendidos, pero la mayoría coincide en que no será demasiado breve para no dar la impresión de que está todo pactado de antemano, ni demasiado largo para que no parezca que hay división en la Iglesia. En el siglo XX, el más largo duró cuatro días.

Las 12 congregaciones generales que mantuvieron los cardenales desde la muerte de Karol Wojtyla, conocidas como pre Cónclave, sirvieron para que los electores del primer papa en casi 27 años se conocieran entre ellos y prepararán el terreno, pero la nota dominante es la «incertidumbre», señaló este domingo el conocido vaticanista de Il Messaggero, Orazio Petrosillo.

Los cardenales partirán del binomio de favoritos Ratzinger-Tettamanzi pero si al cabo de las primeras votaciones no hay consenso en torno a uno de los dos, podrán entrar en liza otros candidatos, explicó este experto.

Esa podría ser la oportunidad para algún latinoamericano, como el argentino Jorge Bergoglio, el brasileño Claudio Hummes, el chileno Francisco Javier Errázuriz, el colombiano Darío Castrillón Hoyos o el hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga, por nombrar algunos de los más citados.

Cuando haya nuevo papa, éste deberá decir si acepta la responsabilidad y elegir un nombre, antes de enfundarse la casulla blanca y de que el protodiácono chileno Jorge Arturo Medina Estévez lo presente al pueblo de Roma y a los 1.100 millones de católicos del mundo con la ancestral fórmula «Habemus Papam». *

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