Entre la renovación y la cosmética
Dirimen «lo viejo» que sin duda se envuelve en la figura de Eduardo Duhalde versus «lo nuevo» que pilotea en ese territorio el gobernador Felipe Solá, nada más que como canal o biombo, porque detrás están el presidente Néstor Kirchner y su mujer, la senadora Cristina Fernández.
Algo acierta a ser verdad: el final de un ciclo, ese que encabeza el actual coordinador político del Mercosur, pero ya se sabe que lo viejo siempre tiene fuerzas ocultas para resistir el desplazamiento por lo que llega, que, además, jamás es químicamente puro. No hay bazar donde encontrar una fuerza política impoluta; ésta se construye con ladrillos viejos y nuevos, en proporción posible a recursos y fuerzas.
De allí que junto a Kirchner este Solá, con mucho tiempo al lado de Carlos Menem como secretario de Agricultura, con quien paseaba en las inauguraciones de la Sociedad Rural, lo más rancio del campo y él mismo es un propietario interesante de tierras. Y ni que hablar de los intendentes del Gran Buenos Aires, duchos en formas clientelares de la política, que en sí misma no sería lo peor sino que recaen sospechas de convivencia non sáncta con la policía y, vaya saberse si es cierto, con el tráfico de drogas.
A propósito de ellas, ¿en la Argentina, es un tema que pesa en los acontecimientos? Hay quienes estas seguros que no solamente es este un país de tránsito, sino de consumo diseminado en todas las clases sociales. Hace estragos en las bajas, marginadas por el sistema económico-social, porque consumen lo residual de lo estupefacientes, que los manda, sobre todo a jóvenes, más rápido a la tumba que al goce.
La droga va convirtiéndose en «un fenómeno de masas». No hay recital musical, de esos gratuitos donde es mayoría el pobrerío como los que se han hecho en el muy aristocrático Campo Argentino de Polo, donde se reúnen hasta 60 mil jóvenes para deleitarse a 20 dólares per cápita para ingresar al concierto de música electrónica. Lugar donde la atmósfera está impregnada de cocaína, marihuana o éxtasis, esa que dicen ayuda a «vivir» sin cansarse y batiendo récord en la ingestión de agua.
Intereses turbios y suposiciones filosóficas
Si se habla de asunto tan grave es porque no solo se han decomisado cargamentos de cocaína muy pesadas o que una companía de aviación puede haber sido el canal para mandar droga a España (no solamente allí) con sospechas de complicidades en altas esferas. Hay que bucear si se ha convertido, el consumo, en un dato sociológico o político. Al menos en teoría debe manejarse como parte de la resistencia a las innovaciones.
Hay gente que se entusiasma con lo que pasa en el peronismo bonaerense, porque suponen que si se impone la renovación y no solo un relevo, ella incidiría fuertemente sobre todo el universo de la política en especial sobre el radicalismo de ese territorio y el capitalino, que no sabe o no puede ponerse a tono con cierto renacimiento de la UCR en el interior.
Por cierto que esas victorias no anuncian un «tsunami» de boinas blancas, pero allí también tocan las campanas de los cambios con el mismo interrogante «renovación o recambio».
De todas maneras si en el peronismo se puede dar, por ahora pacíficamente la controversia interna, es porque ni la UCR ni el progresismo del ARI o del socialismo, la izquierda fragmentada en busca de un milagro, ni la centro derecha con más líderes que sufragios, significan alarma alguna.
Regresemos al peronismo. En esa melodía entusiasta de renovación, algunos se ilusionan con un kircherismo con ínfulas fundacionales, casi cercanas a los tiempos novedosos que trajo a este país la instalación del sufragio secreto y obligatorio (solo para varones) que abrió el camino a Hipólito Yrigoyen y la incorporación de las capas medias a la modernidad.
Otros todavía más eufóricos, suponen que así como el golpe militar de 1943, desbrozó el camino para Juan Perón y el ingreso a la modernidad de las masas laboriosas, Kirchner tendría la oportunidad de instalar las bases de una profunda reforma política.
¿Y si es solamente un recambio que surgirá de un pacto, que es lo quedará de tantas teorías y del propio proyecto presidencial? Algo posiblemente, donde no es menor el creciente poder de las ONG.
La hipótesis del «Gran Hermano»
El Presidente ordenó frenar algo que firmó que ponía en funcionamiento una ley nacida en el contexto de medidas preventivas de secuestros extorsivos, al principio control de celulares y luego, por ese milagro de los decretos reglamentarios, se convirtió a espaldas de la población en una herramienta para el espionaje de los e-mails de los particulares, de sus preferencias en Internet, negocio para las grandes servidoras de todo lo cibernético que entregaba a los servicios secretos la posibilidad de escudriñar en la vida privada de personas y empresas.
Es bueno que Kirchner haya reaccionado positivamente, pero ¿cómo funciona el sistema institucional argentino, los medios de comunicación inclusive, para que se haya engendrado ese proyecto monstruo, símil del orweliano Gran Hermano de «1984»?.
No convence que fue solo un error y si no es el Presidente, de lo que hay convencimiento bastante generalizado, el propulsor, ¿quienes en el Gobierno o en la Secretaría de Inteligencia del Estado, acaso allí el subsecretario de la SIDE, Francisco Larcher, impulsaron la reglamentación y hasta cambio de espíritu de la ley? ¿Quedarán sin sanción y pesquisa quienes pergeñaron ese instrumento? Kirchner ordenó el parate desde Alemania: ahora se espera que explique que pasó realmente, y que aclare que no existe ningún proyecto totalitario.
Quien escribe esta columna no lo cree, pero tampoco queda tranquilo con explicaciones de circunstancias.
Encontronazos con el FMI
Kirchner estuvo en Alemania y encontró respaldo del Gerhard Schröder para las cuitas argentinas después del canje de los bonos en default, frenado tanto por un potencial embargo de esos papeles por 7 mil millones de dólares que están planteados en un tribunal de Manhattan, como por las presiones del FMI y del G7.
Respaldo alemán no es militancia. Schröder aconseja que sin decir Argentina que abre otra vez el canje, lo que está prohibido por una ley, además, se encuentre la manera de inaugurar un espacio de negociaciones con los tenedores de bonos que no los canjearon por los nuevos con quita. Buscan hacer creer que así los poderosos del planeta aceptarán que el FMI abra una negociación que permita a la Argentina renegociar sus deudas con esa entidad, pagando solo intereses, para no caer en un default que se verbaliza pero casi nadie cree que se llegará a esa situación.
¿Que le «aconsejan» a Kirchner y al ministro de economía, Roberto Lavagna que está en estas horas en la reunión anual del Fondo?. Que «abra un espacio de diálogo» con bonistas sobre todo de Italia y Japón, con alguna oferta que no se oponga a la que llevó a la práctica; que, acaso, compre los bonos en el limbo u otra medida que justifique al Fondo abrir la negociación suspendida casi sine die. Suponen que un 15% más adherirá a la nueva oferta y que solo quedarán fuera los fondos buitres que apuestan a largo plazo.
A ellos no les importa «migajas»: quieren el 100% del valor de los papeles y más.
Parece una ingenuidad que los que rechazaron el canje hace pocas semanas, ahora, súbitamente lo acepten sin más.
¿Piensan lo mismo Kirchner y Lavagna?. El ministro deslizó palabras favorables a esos «consejos», pero el Presidente postuló que un diálogo con los «hold outs»( los que no entraron al canje), quedará para su sucesor. Diferencias que al
guna secuela podrá generar, más adelante.
Además, el Fondo quiere imponer los reclamos de los servicios públicos privatizados que en concreto significa incrementos de tarifas. Es una medida que en un año electoral y con un pico preocupante de inflación, puede ser brava. Kirchner quiere ser plebiscitado para dejar en el olvido que solo fue votado para presidente con el 22% del electorado.
Los de los acreedores «atrasados» no es cuento para países del G7 pero suena a chantaje para imponerle a Kirchner las demandas de los más poderosos. Hasta agosto, no hay pagos significativos al FMI y hay tiempo para no ponerse nervioso. Incluso hay resquicios como estirar la cuestión y llegar al último domingo de octubre sin el estigma de que «capituló».
Como siempre que hagan los EE.UU. marcará el camino o lo que diga el G7. Sus posturas actuales son contradictorias pero para la política norteamericana, Argentina no deberá desestabilizarse económicamente porque más allá de las diferencias acotadas a Cuba y Venezuela, la miran como jugando un papel estabilizador en la región, en Bolivia sobre todo.
Las peleas políticas, sean por renovación o relevo; el hostigamiento de la oposición, que no puede imponer su agenda; los reclamos de la fragmentada izquierda que tiene más ruido por su influencia en un sector de los «piqueteros» no modifican las expectativas electorales del oficialismo.
Tal vez sea así. Pero ojo con confiarse demasiado: hay demandas populares que no tienen visos de mejoras y peor aún, el incremento de precios envía y no solo en estadísticas, a millones a tiempos pasados hace poco, que parecían que salían pero no es así. Y así, no va. *
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