La papisa Juana, ¿mito o realidad?

La «papisa Juana» ha sido la única mujer que gobernó la Iglesia durante casi dos años, hasta morir dando a luz en medio de una procesión, según una leyenda que circuló en Europa durante varios siglos.

A raíz de esta historia nació el supuesto rito de palpar los atributos masculinos del Papa electo para evitar que otra mujer ocupase el trono de Pedro.

Según ese mito, obviamente no confirmado por el Vaticano, una vez electo se pide al Papa que se siente en una silla especial mientras el cardenal Camarlengo verifica su virilidad antes de proclamar el famoso «Â¡Habemus Papam!».

El origen de esta leyenda, según algunos estudiosos, remonta a fines del siglo X, pero otros sitúan el papado de Juana hasta dos siglos y medio antes, después de la muerte de León IV, coincidiendo con una época de crisis y confusión en la diócesis de Roma, cuyos fieles elegían al Papa.

La forma de votación y el poder de las grandes familias romanas favorecía de hecho la corrupción en la elección del Papa.

Mito o realidad, la historia del papado de Juana se habría visto favorecida por esta situación. Una de las múltiples versiones que han llegado hasta nuestros días atribuyen también la coronación de una mujer a la debilidad de las familias romanas, que no lograron imponer a ninguno de sus candidatos.

Según algunos relatos, Juana habría sido una joven oriental, tal vez de Constantinopla, que se hizo pasar por un hombre para sortear la prohibición de estudiar que pesaba sobre las mujeres y adquirió una sólida formación teológica y filosófica.

Al llegar a Roma tras una larga peregrinación, se presentó como un monje y sorprendió con su erudición a los doctores de la Iglesia quienes, tal vez a la muerte de León IV, la ayudaron a llegar al Papado, oficialmente como Juan VIII.

Aventurera sin duda y probablemente no demasiado piadosa, Juana no tardó en convertirse en amante de un oficial de la guardia vaticana con lo que, un año después de su elección, descubrió que iba a ser madre.

Ocultar el embarazo quizá no fuera demasiado difícil, dadas las holgadas vestiduras papales, pero la tragedia ocurrió cuando la papisa, ya en el fin de su período de gestación, sintió dolores de parto cuando estaba presidiendo una procesión, dice la leyenda. *

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