"El árbol ya estaba podrido. Tan sólo le di un buen sacudón"

El ex presidente de la Unión Soviética Mijail Gorbachov, el padre de la perestroika soviética, afirma que la crítica de Juan Pablo II fue consecuente, porque concernió tanto al comunismo como al capitalismo y le califica de «realista» por su insistente denuncia de la injusticia social en el Tercer Mundo.

«Su crítica de la ausencia de libertades individuales en el sistema político soviético fue justa», dijo el Nobel en una entrevista con The New York Times.
«Yo mismo, que nací y crecí en aquel sistema, llegué a unas conclusiones análogas y, precisamente por esto, me comprometí en reformarlo», sostuvo.

«Siempre hubo, en las palabras de este Papa, una sinceridad y una coherencia que no se encontraban en otros críticos de aquel comunismo; es decir, Juan Pablo II criticaba la falta de libertad en cualquier parte en que esta carencia se manifestase, en el comunismo, pero también en el capitalismo. Por eso fue combatido y criticado por los poderosos grupos de los vencedores de la Guerra Fría», aseguró el ex jefe del Partido Comunista de la Unión Soviética.

«Creo que este Papa, que tenía también rasgos de una fuerte intransigencia, ha sido en el fondo un político realista. Reclamar la atención del mundo sobre sus problemas más urgentes, sobre aquellos problemas que son inaplazables, es dar pruebas de realismo y de sentido de la previsión», opinó.

Gorbachov recordó que «su atención hacia el Tercer Mundo, a la deuda que lo aplasta de forma creciente, es la prueba de lo que estoy diciendo. En estas condiciones no puede haber desarrollo y, por tanto, no puede haber paz, porque –como Juan Pablo II dijo inmediatamente después del 11 de setiembre– «no puede haber paz sin justicia».

«Es el mismo principio que le ha guiado en sus llamamientos y en su acción en favor de la paz en Oriente Medio y en favor de una solución a la crisis entre el Estado de Israel y el Estado palestino», señaló en la entrevista.

El Papa adoptó una posición muy sobria. Evitó con el mayor esmero posar en público como un superhombre que hubiera sido capaz de abatir al poderoso régimen soviético. Urgió a la gente a que no simplificara excesivamente los hechos, ni siquiera para atribuirle la caída del comunismo a la mano de Dios.

«Sería demasiado simplista afirmar que la Divina Providencia causó la caída del comunismo. Dicho sistema cayó bajo el peso de sus propios errores y abusos. Se desplomó por sí mismo debido a las debilidades que le eran inherentes». Hablando acerca de su propia participación afirmó: «El árbol ya estaba podrido. Tan sólo le di un buen sacudón». Un balance realista, aunque modesto, opinó el periodista Carl Bernstein, el investigador del caso Watergate. *

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