La guerra entre argentinos y chilenos

El papa Juan Pablo II impuso su autoridad como jefe de los católicos del mundo al frenar en 1978 la carrera belicista de los dictadores Augusto Pinochet y Rafael Videla e impedir una guerra entre chilenos y argentinos por las fronteras australes en el Canal de Beagle.

Una clara señal enviada desde El Vaticano en la Navidad de ese año, obligó a los dictadores a frenar un enfrentamiento armado, que algunos analistas militares de la época calculaban que podría provocar unas decenas de miles de bajas entre ambos bandos sólo en su primera fase, en dos naciones mayoritariamente católicas. El pontífice nombró como mediador al cardenal Antonio Samoré, quien quedó en la historia como el artífice de la paz que tardó varios años en quedar sellada, solamente cuando pudo ser restituida la democracia en Argentina y entraba a su fase final la dictadura pinochetista.

El cardenal Samoré fue el orfebre de los acuerdos que condujeron a la firma, en enero de 1979, del Acta de Montevideo, que alejó el fantasma de la guerra. *

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