El dólar está muerto y enterrado en Cuba, dijo el presidente Castro
«No he visto un billete verde americano de 10 dólares y me gustaría tener uno», escribió Castro a los 12 años de edad (noviembre de 1940) al mandatario estadounidense Franklin D. Roosevelt.
Sesenta y cinco años después, Castro arremete contra el dólar «maldito», que aceptó como «un mal necesario» en las reformas con elementos de mercado que aplicó Cuba en julio de 1993 para enfrentar una severa crisis económica.
Ese mismo año fue quizás el más amargo aniversario del Comandante, pues firmó el decreto de «despenalización» del dólar que autorizaba su libre circulación en Cuba, el 13 de agosto, en coincidencia con su cumpleaños 67.
La desaparición de la Unión Soviética y el bloque comunista, así como el reforzamiento del embargo que Washington aplica a la isla desde 1962, sumieron a Cuba en una fuerte crisis económica a comienzo de la década de 1990.
Además de liberar la circulación del dólar, Cuba permitió el envío de remesas familiares desde Estados Unidos y otros países y abrió una cadena de tiendas que comercializaban sus productos en moneda norteamericana.
La tenencia del billete norteamericano marcó una frontera social entre la población que tenía acceso a esa divisa y la que no lo obtenía, y terminó con la igualdad que había existido en la isla durante tres décadas y media de régimen comunista.
A fines de 1994, el Banco Central de Cuba emitió el peso cubano convertible, una divisa de valor interno de paridad igual al dólar que, por sus colores y parecido a los billetes del juego Monopolio, fue bautizado a nivel popular como «chavito».
Con «amargura», los dirigentes cubanos aceptaron esa realidad hasta finales de 2004, cuando Washington creo un comité especial para vigilar los activos cubanos en dólares en las cuentas bancarias del exterior.
Ante el riesgo de confiscación o multas a entidades que operaran con los dólares procedentes de Cuba, La Habana decidió el 25 de octubre pasado «expulsar deshonrosamente» al dólar de la isla, dejando como única divisa circulante al peso convertible o «chavito».
Las autoridades monetarias de la isla impusieron además un gravamen del 10% al cambio de dólares en efectivo por pesos convertibles, lo que provocó un trueque masivo de monedas en toda la isla durante 15 días.
Motivado por las continúas devaluaciones del dólar, el Banco Central cubano decidió romper el anclaje con la divisa estadounidense de su peso convertible y revaluarlo en un 8% frente a todas las monedas extranjeras a partir del 9 de abril próximo.
Los más afectados con estas medidas son los cubanos receptores de remesas desde Estados Unidos, pues deben recibirlas en dólares por disposición del Departamento del Tesoro, lo que significa que pierden un 20%: 10% por el gravamen al dólar, 8% por la revaluación del peso y 2% por tasas bancarias.
Esa revaluación del peso convertible es sólo «por ahora», advirtió Castro el 24 de marzo último y lo repitió el 31 del mismo mes, poniendo sobre el tapete la posibilidad no lejana de nuevas revaluaciones del peso y la consiguiente pérdida de valor del dólar en la isla. *
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