"Su enseñanza nos sacó de la pequeña chacrita"
«Después de las visitas del Papa, su enseñanza nos sacó en Uruguay de la pequeña chacrita: Juan Pablo II nos enseñó a dialogar con los gobiernos, abrió el diálogo entre nosotros y las autoridades de cada tiempo a través de sistemas distintos a los que hasta entonces existían», dijo a LA REPUBLICA el obispo de Canelones. Monseñor Orlando Romero Cabrera recordó el énfasis puesto por el Pontífice «contra las violaciones a los derechos humanos y también contra la tortura», tanto en nuestro país, como en los demás de Latinoamérica. «Este Papa nos enseñó a no tener miedo, el mismo fue muy valiente. No tuvo impedimento para ir a países con dictaduras con su mensaje enfático en defensa de la vida humana, de los más altos valores».
Apuntó también el obispo de Canelones sobre la impronta que Juan Pablo II dejó sobre Uruguay, a un cambio en las relaciones con otras religiones. «La verdad está esparcida de tal modo que aún cuando haya quienes no comulguen con nosotros, debemos de unirnos», parafraseó Romero al Papa. «Por tanto, lo que nos dejó fue también un mensaje de unidad sin temores, más allá de si estamos de acuerdo en un todo, o no, con religiones distintas a la nuestra», puntualizó.
En cuanto al legado global que este Papa deja a los católicos, el Obispo apuntó al «gran cambio del relacionamiento con la realidad social del mundo. Abrió la Iglesia al tema de los derechos humanos, un tema al que acentuó fundamentalmente, en múltiples documentos, y mensajes emitidos por El Vaticano».
Apuntó paralelamente que fue sin dudas el Papa que más visitó a las colectividades cristianas de todo el mundo, un plan iniciado de algún modo por su casi inmediato antecesor, Pablo VI. Se estima que Juan Pablo II recorrió más de un millón de kilómetros en todos los continentes, excepto Antártida.
En cuanto a la importancia y posibilidad de que el próximo cónclave cardenalicio, fuera a elegir un Papa latinoamericano, Romero entendió que «ello por supuesto sería beneficioso para la Iglesia de este continente, el que cuenta con más católicos de todos en el mundo. Un Papa latinoamericano siempre tendría aspectos positivos, en tanto comprendería directamente algo tan particular, tan latino, como es la colectividad católica en América Latina. Aunque esto, es solamente una opinión personal, creo que aún estamos a distancia en el tiempo de que vaya a haber un Pontífice latinoamericano. De lo que no hay dudas es que el Espíritu Santo, nos dará un Papa que, aún cuando pueda merecernos algún reparo en principio, sin dudas su accionar, será el mejor de lo que la Iglesia necesita».
«La Iglesia no vive en una burbuja»
El Obispo de San José, monseñor Pablo Galimberti, dijo a LA REPUBLICA que desde un punto de vista «humano», la hora de un Papa latinoamericano parece haber quedado atrás, pero que en definitiva será «el Espíritu Santo el que defina al próximo Pontífice».
Consultado a cerca de las posibilidades que existen para que el próximo «sucesor de Pedro» sea de nuestro continente, el presidente de la Conferencia Episcopal priorizó «situar a la Iglesia en el contexto de la presente globalización, del relacionamiento actual de los centros del poder». No olvidemos que Juan Pablo II, trajo al centro del panorama mundial a Polonia, un país que sintió así el respaldo para su parto a la realidad». Apuntó que desde esta óptica, «haciendo ciencia ficción de alguna manera, podríamos entender que los países más oprimidos, los más necesitados, son de donde debería emerger el futuo Papa. Allí está Africa, con incontables personas aún viviendo en esclavitud, e incluso Asia. En esa línea de pensamiento podríamos entender que Latinoamérica, ha pasado de su peor momento, del más reciente cuando menos».
«Ahora bien -reflexionó Galimberti- tampoco podemos olvidar que ya ni siquiera Europa es la que era cuando asumió este Papa: sin ir muy lejos, es evidente que los países más católicos de ese continente han cedido lugar a otros, que antes estaban en una circunstancia totalmente distinta».
Enfatizó el prelado que «la elección de un pontífice no depende de una sola lectura, no hay una sola clave».
Consultado sobre si las políticas eclesiásticas actuales, verían con mayor benevolencia un papado más liberal al presente, o uno más ortodoxo, enfatizó que «la Iglesia no se mueve hacia la liberalidad o la ortodoxia al compás de los tiempos: se mueve hacia el Evangelio de Jesús, es decir hacia la bondad y a la vez la radicalidad».
Galimberti recordó también que «en ningún momento la Iglesia vive en una burbuja, la Iglesia está con la gente, porque es la gente. Pero en cuanto a los tiempos, la Iglesia es la que marca su propio ritmo, porque nuestra prédica no es la política». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad