LA GREY CATOLICA URUGUAYA, CONMOCIONADA, PARTICIPABA ANOCHE DE UNA VIGILIA DE ORACION

El Papa alentó a Cotugno a esclarecer el destino final de los desaparecidos

Su diagnóstico lo profundizó un año después, cuando por cuatro días permaneció en Uruguay, visitando los departamentos de Montevideo, Salto, Florida y Cerro Largo. Ya en setiembre de 2001, cuando la visita que los obispos uruguayos realizaran al Vaticano, Juan Pablo II exhibió sus conocimientos y precisos recuerdos de la realidad uruguaya. En la ocasión, el sucesor de San Pedro, conocido por su férrea defensa a los derechos humanos, alentó al arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno a seguir trabajando en la Comisión Para la Paz, para conocer el destino de los desaparecidos en dictadura.

La presencia del Papa, en territorio uruguayo, hizo visible la espiritualidad de nuestro pueblo, en un país catalogado de laicista, y despertó la vocación cristiana, que se creía perdida.

Hasta incluso, el pasaje del Sumo Pontífice fue motivo de una polémica parlamentaria, (que no fue partidaria sino a nivel personal) sobre la conveniencia o no de la permanencia de la cruz que recuerda su visita.

Las autoridades de la Iglesia Católica Uruguaya lo recuerdan al Papa, como el «obrero de la paz», el «atleta de Dios», el «mediador de conflictos», el que supo pedir perdón por los errores de la Iglesia, el «viajero» y «moderno y abierto al mundo».

Desde anoche, la colectividad católica uruguaya participa de una vigilia de oración. En muchas iglesias y parroquias se celebraron misas dedicadas al conductor de los católicos, en otras, incluso, repicaron las campanas ante la eventualidad de la muerte.

El mundo vivió ayer su día de luto; Uruguay no fue la excepción.

En Montevideo, el arzobispo, monseñor Nicolás Cotugno, que actualmente se encuentra en la ciudad de Tel Aviv, celebrará una eucaristía especial el próximo domingo a las 11.00 horas.

«El respeto a los trabajadores»

El obispo de Florida, monseñor Raúl Scarrone, y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Uruguaya (CEU) recordó que el Papa Juan II vino a Uruguay en dos oportunidades. La primera vez fue el 31 de marzo de 1987, y al día siguiente dio una misa solemne en Tres Cruces, que contó con la participación de unas 200 mil personas y la concurrencia de destacados políticos, como la del presidente de entonces, Julio María Sanguinetti.

Un año después, del 6 al 9 de mayo, el Sumo Pontífice visitó los departamentos de Montevideo, Florida, Salto y Cerro Largo.

El prelado uruguayo señaló que en Florida, el Papa hizo una misa solemne y ordenó a 13 sacerdotes, ante la presencia de 13 mil personas. En la ciudad de la «Piedra Alta», quedó emplazado un monolito como recuerdo de la venida de la máxima autoridad de los católicos.

Scarrone dijo que Juan Pablo II dio un mensaje dirigido al pueblo uruguayo, refiriéndose a la Virgen de los Treinta y Tres (patrona del Uruguay), al fomento del sacerdocio y las confesiones, y a un crecimiento de la fe de nuestra población. Desde el punto de vista social, destacó la importancia del trabajo e hizo un llamado al respeto a los trabajadores.

El obispo consideró que la visita del Papa se convirtió en un llamador para la gente y permitió un acercamiento a la Iglesia Católica.

Lo catalogó como un «misionero, defensor de los derechos humanos, evangelizador y mediador de conflictos.» Sobre este último aspecto, destacó la tarea pacificadora que emprendió en algunos conflictos, y puso como ejemplo, el logro en las relaciones entre Argentina y Chile por el canal de Beagle, que evitó una guerra entre ambos países y cuya firma de la paz se hizo en el Palacio Taranco, en Montevideo.

El conductor de la diócesis de Florida mantuvo varias entrevistas con Juan Pablo II, en la cual encomendaba a los prelados la transmisión de un mensaje para el trabajo pastoral en Uruguay.

La próxima semana se reunirá en Florida la Asamblea de Obispos, en la cual, los prelados enviarán un mensaje referido a la figura de Juan Pablo II. Mientras tanto, en las catedrales e iglesias, la grey católica ora por su conductor.

«Visita histórica e inesperada»

El sacerdote Jorge Techera, ex vicario pastoral de la Arquidiócesis y director de radio Oriental, de propiedad de la Iglesia de Montevideo, señaló a LA REPUBLICA, que la primera vez que el Papa visitó Latinoamérica fue en 1979, en la ciudad de Puebla-México, donde la Iglesia instrumentó importantes cambios. Antes de ir a Uruguay, Juan Pablo II visitó Brasil.

El religioso recordó que la llegada del Sumo Pontífice generó una discusión en el Senado de la República por el pedido para dejar de forma permanente la cruz ubicada en Bulevar Artigas que recuerda su llegada.

Indicó que en un país laicista, la mayoría de los parlamentarios votaron para que la cruz permaneciera, bajo el argumento de que este Papa «estaba por encima de las distintas creencias», y que se convirtió en un líder mundial.»

Cuando en 1988, vino por segunda vez, el sucesor de Pedro, al arribar al aeropuerto, agradeció a los uruguayos que dejaran la cruz.

Techera fue testigo del discurso que el Papa diera en Tres Cruces en 1987. «Estaba lleno. La multitud iba desde el estrado donde hoy está la cruz, hasta el monumento a José Batlle y Ordóñez. Hubo personas que hicieron vigilia toda la noche», manifestó el sacerdote.

En su mensaje, pidió que los uruguayos vivan determinados valores y comportamientos de tolerancia. Dijo que la primera visita del Papa, fue «histórica e inesperada», por la cantidad de gente que concurrió. «fue una increíble manifestación de fe, cuando se creía que iría la cuarta parte de la gente.»

Techera catalogó a Juan Pablo II como el «Papa más viajero» por llevar su mensaje a casi todos los países de la tierra. Destacó que fue a lugares conflictivos, como Bosnia-Herzegovina. En el conflicto del Golfo, mandó a sus cardenales a mediar con el presidente George Bush y Saddam Husseim. Unió a los líderes religiosos a orar por la paz, en Asis, Italia, y supo pedir perdón por los errores cometidos en el pasado por la Iglesia.

«En Melo siempre se habla de él»

Monseñor Luis Del Castillo, obispo de Melo, y secretario general de la Conferencia Episcopal Uruguaya (CEU), recibió en 1988 al Sumo Pontífice en la Universidad Católica. En ese entonces, el prelado uruguayo era el rector de dicha casa de estudio.

En la oportunidad, el Papa destacó la importancia del diálogo de la fe, y el relacionamiento con la diversidad de culturas.

El prelado indicó que Juan Pablo II, llevó a la Iglesia Católica a todos los países, y fue el primer Pontífice que visitó «todos los rincones del mundo.»

Del Castillo, enfatizó que «ninguno antes que él había hecho tantos viajes, incluso en países donde el cristianismo es minoría, como en los países árabes.»

Para el obispo de Melo, la visita del Papa a nuestro país fue especialmente significativa, ya que fue a poco de retornar la democracia, y dio un respaldo a la vigencia de las instituciones democráticas.

Sobre el sucesor de Juan Pablo II, Del Castillo espera que sea «un hombre de Dios», que sea un Papa de Roma, sucesor de San Pedro, y tenga presente y sea consciente de la presencia de la Iglesia en la diversidad de la cultura.

El jerarca de la CEU, aclaró que en Melo, donde estuvo el Papa, todos los años queda el recuerdo en la memoria viva de las personas. «No hay un monumento, pero siempre se habla de él», dijo.

El obispo celebrará hoy una misa en la catedral de Melo, e exhorta a los creyentes a la oración.

«Contribuyó a los cambios en Uruguay»

El obispo de Minas, monseñor Francisco Barbosa, dijo que el Papa fue un creyente de convicciones muy profundas. «Se convirtió en el mensajero del evang
elio que lo llevó hasta los últimos rincones del mundo.»

Destacó su tarea de mediador en pueblo hermanos, como el caso de Argentina y Chile, y su posicionamiento sobre el conflicto entre Israel y Palestina. El Sumo Pontífice manifestó el derecho que tiene el pueblo palestino en crear su propio Estado, al igual que el propio reconocimiento a un Estado judío.

Monseñor Barbosa, aclaró que Juan Pablo II no incidió directamente en el restablecimiento de la democracia en Uruguay, pero sí indirectamente, ya que se trata de un defensor de la vida, de la dignidad de los seres humanos, que abarca el respeto a la libertad y los derechos de las personas.

Lo catalogó como un Papa «moderno y abierto al mundo, que sólo le quedó Rusia por visitar.»

Para el obispo de Minas, el sucesor de Juan Pablo II, debe continuar con coherencia, ejecutando la riqueza no aplicada de la visión de la Iglesia. «Deberá enfrentar el desafío de dialogar con el mundo tan pluralista y diverso, siendo al mismo tiempo fiel a los valores cristianos y al respeto a la dignidad humana.»

Aclaró que el pueblo uruguayo celebró que el Papa viniera al país, quien contribuyó a la aplicación de cambios, como lo fue la polémica por la permanencia de la cruz, y las posturas ideológicas sobre como definir el lugar que se le da a lo cristiano.

«El atleta de Dios»

El obispo de Tacuarembó-Rivera, monseñor Julio Bonino, fue testigo de la llegada del Papa, cuando era sacerdote. Recuerda que, junto a una delegación de jóvenes canarios, recibió al Sumo Pontífice en el Aeropuerto de Carrasco. «Llovía torrencialmente. Habían muchos jóvenes motivados por verlo, que quedaron asombrados por su carisma y la facilidad de comunicación con la gente.

Cuando ya era obispo, Bonino lo visitó personalmente. Quedó sorprendido gratamente por la memoria de Juan Pablo II, quien le dijo que en Uruguay visitó a Salto y Melo, «pero a Tacuarembó todavía no fui».

Mirando un mapa de nuestro país, el Sumo Pontífice le dijo a Bonino: «¿Qué territorio extenso, y que poca gente vive allí. Por qué es así?».

Juan Pablo II sabía de su tarea con los jóvenes: «Qué suerte que se dedica a ellos. En toda oportunidad que tenga, siempre trataré de hacerles un lugar a los jóvenes», le dijo el Papa.

El obispo de Tacuarembó destacó que Juan Pablo II se destacó por ir al encuentro de los pueblos, y no escatimaba en gastar energía en dirigirse a otras culturas.

«Fue el obrero de la paz, y se esforzó por hablar en todos los idiomas.

No era de tener un traductor al lado. Juan Pablo II, era un hombre atleta, de Dios en la capacidad física y también lo fue cuando tuvo problemas con la salud.» *

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