EEUU admite que se equivocó sobre las armas iraquíes
Las conclusiones del informe fueron presentadas a la Casa Blanca por la comisión especial independiente designada por el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, para investigar las lagunas de la inteligencia norteamericana.
Bush dijo ayer compartir gran parte de las conclusiones de la comisión y prometió «cambios fundamentales» en la estructura de los servicios de inteligencia estadounidenses, que ya habían quedado en el ojo de la tormenta por los errores de apreciación cometidos antes de los atentados del 11 de setiembre de 2001.
Los servicios de inteligencia externos (CIA) y otras agencias produjeron informaciones «sin valor o engañosas» sobre la situación en Irak antes de la guerra. En particular, señala, el resumen diario preparado por la CIA para el presidente y sus principales colaboradores, «se reveló desastrosamente orientado en un sentido único».
Los nueve expertos de la comisión, presidida por el juez Laurence Silberman (un republicano) y el ex senador por Virginia Charles Robb (demócrata), están convencidos de que los errores estructurales detrás del clamoroso «fracaso de inteligencia» en Irak todavía no fueron resueltos.
«Los defectos individualizados en el desempeño de la comunidad de inteligencia respecto de Irak son todavía demasiado comunes», advirtió el informe.
El documento indica que los servicios de espionaje norteamericanos todavía muestran «inquietantes carencias de conocimiento» sobre los programas de armamentos de las naciones que representan las principales amenazas externas para Estados Unidos.
El capítulo dedicado a la inteligencia sobre Irán y Corea del Norte fue «clasificado» por la comisión y quedó en secreto, pero la preocupación por la masiva falta de información correcta sobre esos países -y otros considerados «peligrosos»- se expresa de manera clara en la parte «pública» del informe, que ocupa unas 500 páginas del total de 700.
El presidente Bush dijo ayer, al recibir el reporte, que «comparte la conclusión central: que la comunidad de inteligencia necesita cambios fundamentales».
La comisión recomendó más poderes a John Negroponte, el primer director de Inteligencia nacional, el nuevo «zar» del espionaje centralizado que debe coordinar las labores de quince agencias, pero sus límites en el trabajo siguen confusos.
En ese sentido, Bush pidió al Congreso que «actúe rápidamente» para confirmar la nominación de Negroponte, quien -aseguró- «tendrá un papel fundamental en la reforma».
Los expertos hicieron otras setenta recomendaciones a Bush para mejorar la situación. Gran parte de esas modificaciones pueden ser implementadas por el presidente sin necesidad de aprobación parlamentaria.
Entre las sugerencias se destacan la creación de una agencia para la no proliferación de armas de destrucción masiva y una profunda reforma de la estructura de la policía federal, el FBI, reunificando en un nuevo departamento todos los recursos destinados a operaciones de antiterrorismo y contraespionaje.
Según la comisión, uno de los principales errores es la falta, o al menos la escasez, de agentes secretos infiltrados en los países considerados enemigos, capaces de enviar a Washington informaciones atendibles de primera mano.
La excesiva dependencia del espionaje electrónico y de los servicios secretos de los países aliados es otro de los puntos débiles señalados por la comisión.
En el caso de Irak, los errores fueron enormes, según los resultados de la investigación. La inteligencia norteamericana estuvo errada, para comenzar, sobre las intenciones de Saddam Hussein o de sus movimientos para evitar la invasión.
La inteligencia estadounidense despreció por completo la idea de que Saddam podría haberse desecho de las armas biológicas que pudiera tener entre sus manos, señaló el reporte.
Los espías norteamericanos se equivocaron al pensar que ciertos tubos de metal que Irak quería importar iban a ser utilizados para enriquecer uranio, cuando en realidad estaban destinados a la artillería convencional.
En el terreno de las armas biológicas, los agentes confiaron en varios desertores iraquíes que estaban mintiendo o, en el mejor de los casos, proveyendo información incompleta y desconectada del contexto de la producción de armas en Irak.
Por otro lado, los expertos estadounidenses usaron imágenes satelitales para asegurar que Irak mantenía depósitos de armas químicas, cuando en realidad los almacenes tenían destinos «sospechosos» o «ambiguos». *
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