ANALISIS INTERNACIONAL

Una historia de terror

Giuliana Sgrena desapareció de las pantallas y de las primeras planas, sustituida por Terri Schiavo y Michael Jackson. No obstante, la periodista italiana sigue internada en el hospital militar Celio de Roma desde que regresó de Irak el 5 de marzo. Un proyectil de 4 pulgadas (four-inch bullet) le afectó el pulmón y está drenando líquido. Allí la entrevistó la publicista independiente Naomi Klein, cuyo relato fue sintetizado por Jeremy Scahill en la revista CounterPunch del 28 de marzo. Manos amigas me la hicieron llegar. Scahill mantiene un programa de radio y TV denominado Democracy Now (Democracia Ahora).

El atentado contra Giuliana Sgrena

El relato reviste extraordinario valor porque desmiente punto por punto la versión dada por los mandos militares estadounidenses y el gobierno de Bush, que calificaron el episodio en que la periodista quedó herida y murió el oficial de inteligencia militar italiano, Nicola Calipari, como «un accidente espantoso» (an horrific accident). No fue así en absoluto. (Véase mi nota del 10 de marzo «Cómo intentaron matar a Giuliana Sgrena»)

Esta fue baleada con un arma de grueso calibre desde un tanque colocado al costado de la ruta por la cual circulaban, cuando estaban ya próximos al aeropuerto de Bagdad. La versión oficial dice: 1) que ésa era la ruta más peligrosa de Irak, donde los insurgentes están siempre listos para atacar escondidos detrás de la maleza; 2) que los italianos se negaron a detenerse o enlentecer su marcha al llegar a un retén militar o puesto de control (checkpoint); 3) que se les hicieron sucesivos llamados de alerta y no respondieron. Recién después les dispararon.

Cada una de esas afirmaciones es mentirosa. La periodista dice categóricamente que en la ruta por la cual circulaban no había ningún puesto de control, que iban a velocidad moderada y no recibieron ningún aviso.

¿Cuál es la explicación del misterio? Cuando Calipari fue muerto y Sgrena herida, estaban circulando por una ruta de alta seguridad (secured road) a la cual sólo se accede a partir de la zona altamente fortificada denominada Zona Verde y que está reservada exclusivamente al personal militar superior y a los miembros de la embajada estadounidense. Es una ruta VIP (VIP road) completamente separada, distinta a la habitual, y que liga directamente la zona verde con el aeropuerto. Cuando Calipari recogió a Sgrena en el vehículo abandonado donde sus captores por un mes la dejaron, enfilaron hacia la zona verde y tomaron directamente esa ruta, que está de punta a punta bajo el control de las tropas de EEUU. Y pudieron hacerlo porque iban con gente de la Embajada italiana, con un obvio acuerdo previo con las autoridades de ocupación. En ese momento, según declara, Giuliana pensó que llegarían sin tropiezos al aeropuerto y a la libertad.

No había retén militar; los balearon por la espalda

Cuando estaban cerca, un tanque estacionado a unos diez metros del borde derecho de la carretera abrió fuego sobre el vehículo. No había ningún checkpoint, no hubo ningún aviso ni señal, nadie pidió que se detuvieran. Estaban en una ruta bajo control de los norteamericanos, que sabían quiénes eran y hacia dónde se dirigían. Los soldados USA los balearon desde atrás. «Giuliana subraya que la bala que la hirió gravemente vino de atrás, penetró por la parte trasera del auto», dice el relato. También hubo disparos desde la derecha, como el que produjo la muerte de Calipari, que cayó sobre Giuliana. Los tiros se dispararon al nivel de las personas sentadas en el vehículo. El único que no sufrió heridas serias fue el chofer.

Por algo las autoridades norteamericanas se negaron de plano a entregar a los italianos el vehículo agujereado por las balas. Lo secuestraron. Se negaron incluso a exhibirlo o a fotografiarlo, porque lleva impresas las señales del atentado infame.

Este se suma a las masacres que vienen perpetrando desde hace dos años en Irak, al arrasamiento de ciudades como Faluya, al fusilamiento de los heridos. Precisamente éstos eran los hechos que estaba documentando Giuliana Sgrena, la que rescata con un timbre de honor a la profesión periodística, en contraposición con los mercenarios que viajan en los tanques de los ocupantes.

Asesinos con impunidad

El relato concluye que el episodio arroja luz sobre la cultura de la impunidad que rodea a las tropas norteamericanas en Irak, la cual se expresa también en las torturas en las prisiones de Abu Ghraib y Guantánamo, entre otros hechos aberrantes. A propósito: según informa un pequeño cable perdido, el general Ricardo Sánchez, ex jefe de las fuerzas USA en Irak, reconoce ahora que él autorizó torturas a los presos iraquíes que incluían la intimidación con perros. Esto sale a luz un año después. Por supuesto, no pasa nada. *

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