Pasó 15 años en estado vegetativo y hacía 13 días que no la alimentaban

La muerte de Terri Schiavo fue un "homicidio legal"

La muerte de Schiavo dio inicio ayer a lo que, se prevé, será una dura campaña de los grupos religiosos de derecha y «pro vida».

Terri, de 41 años y quien sufrió un daño cerebral irreversible el 25 de febrero de 1990, murió a las 9.05 hora local. Detrás quedaron quince años durante los cuales nunca pudo recuperar la conciencia. Su esposo, Michael Schiavo, ya había intentado en el pasado que se desconectara el tubo de alimentación. Así se hizo en dos oportunidades, pero los padres de la mujer, Bob y Mary Schindler, lograron que la justicia ordenara la reconexión.

Esta vez, la frenética carrera de los Schindler ante los tribunales de Florida, los de apelación federal y hasta la Corte Suprema no logró impedir que Terri muriera «con dignidad», según solicitó Michael Schiavo, quien aseguró que esa era la voluntad que su esposa le había expresado antes de caer enferma.

Fue uno de los líderes religiosos que estuvieron acompañando a los Schindler, el padre Frank Pavone, quien dio la noticia a los medios, poco después de las 10.00. Inmediatamente después el abogado de Michael Schiavo, George Felos, lo confirmó.

Pavone, el hermano de Terri, Bobby Schindler, y la hermana, Suzanne, estuvieron junto al lecho de agonía hasta diez minutos antes de la muerte. En ese momento entraron los médicos para evaluar las condiciones de la mujer y les pidieron que se retiraran.

Michael, previendo que Terri estaba por morir en minutos, pidió que los familiares no estuvieran presentes en la habitación.

«Llegará el día en que los hombres responsables de su muerte pagarán», afirmó el líder de los republicanos en la Cámara baja del Congreso, Tom DeLay, poco después de conocer la noticia.

DeLay fue uno de los principales impulsores de la ley de emergencia aprobada por el Congreso, e inmediatamente firmada por el presidente George W. Bush, que permitió a los Schindler llevar su caso ante la justicia federal.

La muerte de Terri, dijo el diputado texano, «representa una tragedia legal y un empobrecimiento moral».

El caso dividió a Estados Unidos entre aquellos que defienden a ultranza el «derecho a la vida» y los que sostienen que las personas deben poder tener la posibilidad de morir con dignidad.

La causa «pro vida», incluyendo la lucha contra el derecho al aborto y la experimentación con células estaminales, es una de las principales de la agenda del conservadurismo compasivo del presidente estadounidense.

«Millones de estadounidenses están tristes por la muerte de Terri», dijo Bush en una declaración especialmente preparada. Según el presidente, «la esencia de la civilización es que los fuertes tienen el deber de proteger a los débiles».

En casos en los que «existen serias dudas y cuestionamientos – agregó-, la presunción debe ser en favor de la vida».

«Es una muerte, pero también un asesinato», afirmó el padre Pavone, haciendo eco al padre de Terri, quien había hablado de «homicidio legal» en el caso de su hija.

Otro de los protagonistas principales del caso, el gobernador de Florida Jeb Bush, afirmó que los esfuerzos de los Schindler «no serán en vano». *

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