El Papa "está muy mal", tiene "fiebre alta" y recibió la unción de los enfermos

El fin del reinado de Juan Pablo II

Como ya ocurrió en otras ocasiones, el Papa recibió la unción de los enfermos de parte de sus colaboradores más cercanos.

Según fuentes vaticanas, el tratamiento con antibióticos comenzó a hacerle efecto al pontífice esta noche, lo que permitió que el cuadro se estabilizara.

Sin embargo, fuentes médicas definieron de «alarmante» el estado de salud del Papa y aseguraron que «está mal, muy mal».

El Papa continúa en el Vaticano, confirmó el profesor Rodolfo Proietti, responsable del departamento que atendió a Juan Pablo II en el policlínico Gemelli en las dos últimas ocasiones en las que debió ser hospitalizado.

Por el momento, el Papa está siendo controlado por el equipo de médicos vaticanos, a las órdenes de su facultativo personal, Renato Buzzonetti.

Durante todo el día circularon versiones sobre el agravamiento de las condiciones de salud de Karol Wojtyla, hasta que muy tarde, por la noche, el portavoz vaticano, Joaquín Navarro Valls difundió un comunicado. «El Santo Padre en el día de hoy fue afectado por una afección altamente febril provocada por una infección documentada de las vías urinarias», dice el comunicado.

Navarro Valls precisó que «se inició una apropiada terapia antibiótica».

«El cuadro clínico está siendo estrictamente controlado por el equipo médico vaticano que lo está tratando», agrega la nota.

Una decisión que confirma la voluntad de mantener al Papa en su departamento del palacio apostólico, aunque en el policlínico Gemelli, como de costumbre, está todo preparado para recibir al pontífice.

Un traslado al hospital fue interpretado como «inútil» por observadores, vistas las condiciones en las que se encuentra el Papa.

Toda la maquinaria operativa de la Santa Sede se puso en estado de alerta, con los máximos referentes de la Secretaría de Estado, encabezados por el cardenal Angelo Sodano, siguiendo de cerca los acontecimientos.

La preocupación por la salud del Papa dio la vuelta al mundo y de inmediato la plaza San Pedro reunió a los fieles que comenzaron a rezar por el pontífice, junto a curiosos y trabajadores de los medios de comunicación.

Los médicos temen que el Papa sufra una septicemia, es decir una infeccción generalizada debido a la presencia de un foco infeccioso en un momento en que se encuentra sin defensas, fuertemente debilitado.

Sin embargo, el profesor Rodolfo Proietti, jefe del equipo médico que lo atiende en el hospital romano Gemelli, aseguró que por ahora el pontífice no será hospitalizado, al parecer debido a su frágil estado.

«Los pontífices no mueren en hospitales», comentó por su parte un vaticanista consultado sobre la posibilidad de un traslado al Gemelli.

Según el canal de televisión Sky Italia, el Papa está siendo atendido por su médico personal, Renato Buzzonetti y todo el equipo de médicos del hospital Gemelli, dirigido por el profesor Proietti.

Fuentes no confirmadas aseguraron que el pontífice está rodeado también por sus estrechos colaboradores, entre ellos su secretario privado, monseñor Stanislaw Dziwisz, su leal colaborador desde hace 40 años y por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado del Vaticano y número dos de la Santa Sede.

Juan Pablo II perdió cerca de 19 kg desde que fue sometido a una traqueotomía el pasado 24 de febrero, aseguraron este jueves a la AFP fuentes vaticanas informadas, que aseguraron que «por eso decidieron colocarle el miércoles una sonda nasogástrica».

El calvario público de Juan Pablo II divide a la Iglesia Católica porque aunque algunos religiosos aplauden la voluntad del Papa de mostrar hasta el final los valores cristianos, otros denuncian «el sufrimiento transformado en espectáculo».

Las dramáticas imágenes del Papa haciendo esfuerzos para dirigirse a los cientos de católicos que siguen sus apariciones los domingos y miércoles, transmitidas en directo en numerosos países, conmovieron al mundo entero y al mismo tiempo han generado un debate interno dentro de la Iglesia. Demacrado, sin poder hablar ni caminar, la tenacidad del Papa, que cumplirá 85 años en mayo y cuya salud se ha deteriorado visiblemente, suscita reacciones contradictorias sobre todo ahora que deberá ser alimentado mediante una sonda nasogástrica.

«Siento dos sentimientos fuertes y opuestos: sincera conmoción por Karol Wojtyla (…) y fastidio por la ostentación del dolor», se lamentó el religioso Vincenzo Marras, director de la revista «Jesús» en el diario La Stampa.

Para el padre Antonio Sciortino, del influyente semanario Familia Cristiana, las conmovedoras apariciones del pontífice «refuerzan su mensaje y sacuden los corazones inclusive de los no creyentes», dice en una entrevista publicada por La Stampa.

El Papa no habla en público desde el pasado 13 de marzo y tuvo que seguir en silencio las ceremonias de Semana Santa a través de una pantalla de televisión desde su apartamento en el Vaticano. *

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