Experto norteamericano denuncia situación en cárcel de Guantánamo
En su libro Guantánamo: What the World Should Know (Guantánamo: Lo que el mundo debería saber), Ratner compara las instalaciones que la administración Bush utiliza en la base militar ilegal de EEUU, en Guantánamo, con los campos de concentración especiales concebidos por las fuerzas armadas de la Alemania hitleriana específicamente para interrogar a combatientes enemigos.
Explica Ratner que la Convención de Ginebra de 1949 ilegalizó el uso de estos campos y exigió que tales presos sean tratados como prisioneros de guerra. Lo que existe hoy en Guantánamo es ilegal, reafirma.
La administración norteamericana se niega a llamar a los presos de Guantánamo «prisioneros de guerra»; los califica de «combatientes enemigos».
«No hay justificación legal para lo que hacen, poco importa cómo se nombre a los presos. Los interrogadores estadounidenses no preguntan lo ordinario exigido por la Convención, molestan a esa gente desde la mañana hasta la noche aplicando la tortura, trato cruel, inhumano y degradante; es una violación de la ley internacional», afirma Ratner.
El presidente del CCR cuenta cómo cientos de individuos, hecho presos por tropas irregulares aliadas de EEUU, fueron luego encerrados por los militares norteamericanos en contenedores, compactados de tal forma que tenían que enrollarse y donde el calor era insoportable. Los soldados disparaban a los contenedores para hacerles huecos matando a los presos en su interior.
«Sólo un pequeño número sobrevivió, de treinta a cincuenta en un contenedor rellenado hasta con cuatrocientas personas», relata Ratner.
Señala que 134 de los 147 presos luego liberados de Guantánamo «eran culpables de absolutamente nada». Unicamente trece fueron encarcelados, al regresar a sus países de origen.
Uno de los liberados, después de un año, declaró tener entre 90 y 100 años de edad. Enflaquecido e incontinente, lloraba sin parar, esposado a sus muletas.
«El propósito del campo de Guantánamo es quebrar la personalidad de los detenidos para obtener de ellos lo que sus captores desean, sacarles falsas confesiones e incriminar a quien sea. Las autoridades norteamericanas han confesado aplicar técnicas que legalmente constituyen tratos crueles, inhumanos y degradantes», subraya Ratner.
«Los interrogatorios son la explicación de por qué la administración estadounidense priva a esas personas de sus derechos, por qué afeita sus cabezas y los mantiene en jaulas, por qué no tienen acceso a sus familias, por qué en muchos casos sus familias ni saben si están vivas o muertas», escribe Ratner.
La Convención no puede ser más clara. Según la Convención contra la tortura de las Naciones Unidas, un tratado internacional que los Estados Unidos también ha firmado, la tortura es un crimen internacional.
Esa Convención «también establece lo que se llama jurisdicción universal en los casos de tortura», explica el jurista norteamericano.
«De forma tal que, por ejemplo, si un ciudadano norteamericano implicado en actos de tortura en cualquier parte del mundo fuera luego encontrado, digamos, en Francia, esta persona pudiera ser arrestada allí y juzgada por tortura o extraditada al lugar donde torturó para que se le haga juicio. Hasta el punto que en el caso de los oficiales estadounidenses que fueron o son implicados en la tortura en Guantánamo o en cualquier otro lugar, tienen que cuidarse a la hora de escoger los países donde van a viajar».
Ratner también precisa que la tortura cometida por soldados o individuos contratados por las autoridades norteamericanas constituye una violación de la ley federal y puede ser castigada con la pena de muerte si un preso resultó muerto por esa tortura.
Aun cuando se alegue que los sospechosos de Al Qaeda no están protegidos por la Convención de Ginebra, la Convención contra la tortura y otros tratados de derechos humanos ratificados por los Estados Unidos la prohíben al igual que otros tratos crueles, inhumanos y degradantes, insiste el experto.
«La Convención no puede ser más clara: bajo ninguna circunstancia se puede torturar a un preso, poco importa cómo se le designe: combatiente ilegal, combatiente enemigo… No se puede torturar a alguien, nunca; es una prohibición absoluta.»
Según el jurista, Guantánamo se ha convertido en un «complejo de cárceles brutales donde cientos de hombres y muchachos del mundo entero –muchos de ellos que ni son culpables de crimen alguno ni constituyen un peligro para la seguridad de los Estados Unidos– están detenidos por el gobierno estadounidense bajo condiciones increíblemente inhumanas y sometidos a interrogatorios incesantes.»
Peor aun, indica Ratner, «ni tienen idea cuándo, si algún día ocurre, verán el final de su pesadilla: esas cárceles son un símbolo del desprecio con el cual la administración Bush ha tirado de lado antiguos preceptos de ley internacional y de la conducta civilizada. Es, por cierto, una desgracia nacional». *
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