Brasil corta amarras con el FMI y lucha en la OMC
EL GOBIERNO brasileño alcanzó un objetivo que venía persiguiendo tenazmente: zafar de la tutela del FMI, ganándose el derecho de «caminar con sus propias piernas», como dijo el presidente Lula. Este anunció el lunes 28 que su país no renovará el acuerdo firmado con el Fondo en setiembre de 2002, postrimerías del gobierno de FHCardoso, prorrogado en diciembre 2003 y que vencía el próximo 31 de marzo. Esta medida fue posible gracias a la solidez de la economía, y reviste consecuencias importantísimas para América Latina y para todos los países en desarrollo. Por lo pronto Argentina, sometida a renovadas presiones del FMI, tiene planteado hoy si firma un nuevo acuerdo que el Fondo reclama o sigue los pasos de Brasil.
No renuevan el acuerdo stand-by
Cuando Brasil anunciaba su decisión, el Fondo volvía a la carga contra Argentina, reclamando nuevas reformas estructurales (en los sectores financiero, fiscal y de servicios públicos) después del gran canje de los bonos de la deuda y planteando discutir un nuevo acuerdo. A todo esto no son ajenas las maniobras chantajistas como la suba de los combustibles dispuestas por la Shell y la Esso.
En las semanas previas, Lula había anticipado que su país «no precisa» al FMI, debido al crecimiento sustentable de su economía expresado en un superávit comercial récord (con exportaciones que superaron los 100 mil millones de dólares anuales), un fuerte superávit fiscal primario, el crecimiento de las reservas, el aumento de la recaudación basada en la mayor actividad económica, la baja de la inflación. El ministro de Hacienda, Antonio Palocci, declaró ante la prensa y ayer en el Senado: «Los indicadores son los mejores de los últimos 20 años. Tuvimos el mayor crecimiento económico de los últimos 10 años (5,2%), el mayor crecimiento de la producción industrial de los últimos 18 años (8,3%), y un excedente récord de la balanza comercial de 33.700 millones de dólares en 2004. Brasil es un país que puede tener éxito. Disputa mercados con los países más competitivos del mundo. De la soja a los aviones, tuvimos un desarrollo espectacular y un crecimiento robusto y sustentado. Por eso evaluamos que no es necesario renovar el acuerdo con el Fondo». Se comprometió además a no elevar la carga tributaria por encima de los niveles alcanzados en 2002. La tutela del FMI se había vuelto más ostensible y agobiante desde la crisis financiera de fines de 1998, influenciada por la moratoria rusa, que condujo a la maxidevaluación del real el 13 de enero de 1999 (saltó por encima de las 4 unidades por dólar). Allí el Fondo blindó a Brasil con un préstamo voluminoso, que se fue renovando y se prolongó por 15 meses en diciembre 2003 hasta alcanzar 42.100 millones de dólares, de los cuales se utilizaron sólo 26.450 millones.
Apoyo generalizado
El resto no se va a usar. No se renueva el acuerdo (desoyendo los consejos de ciertos «analistas financieros»). Tampoco se van a contraer nuevos préstamos, siguiendo la conducta de todo el año 2004, y la deuda se va a ir cancelando como de hecho se hizo en 2004 por 4.500 millones de dólares. Si se mantiene, como se proponen, un superávit primario de 4,25% del PBI, eso significa 20 mil millones de dólares al año. Citamos otra vez al ministro Palocci: «La vulnerabilidad se redujo de manera consistente. Estamos viviendo un ciclo de crecimiento con control de la inflación, un comportamiento fiscal bastante seguro y cuentas externas extremadamente positivas».
Estas medidas recogieron un apoyo entusiasta de la población y de los diversos partidos, en la medida en que se inscriben en una línea de salvaguarda de la soberanía y de independencia en las decisiones políticas. El líder del gobierno en el Senado, Aloizio Mercadante, dijo: «No precisamos más al Fondo. Debemos hacer aún muchos ajustes, mantener responsabilidad fiscal en todos los niveles, mejorar la calidad del gasto público, pero no debemos volver al Fondo». Para el senador Paulo Paim, del PT por Río Grande do Sul, «es bueno decir adiós al FMI». Según el diputado Paulo Delgado, de Minas Gerais, «el FMI se ha tornado una organización obsoleta, que orientó mal a los países, como aconteció en Asia, en Argentina, en América Central, en Rusia. Hoy Brasil reafirma su autonomía en la gestión económica». De eso se trata.
OMC y G-20
Esta actitud soberana que sale a plena luz e impacta en el mundo se complementa con la larga lucha que viene librando Brasil en la OMC en contra de los subsidios de los países ricos, particularmente en materia agrícola. También aquí ha obtenido éxitos resonantes, como en el caso del algodón y del arroz. Volveremos mañana sobre el tema, sin olvidar que Brasil es fuerza impulsora del G-20, al cual se ha incorporado el nuevo Uruguay. *
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