¿Es Irak la madre de todas las corrupciones?
Cuando el nuevo gobierno iraquí asuma funciones en las próximas semanas se enfrentará con una tarea amedrentadora, la de revertir décadas de saqueo patrocinado por el propio estado. A decir poco, la herencia es pesada. En particular, la infraestructura para el desarrollo petróleo, agua, electricidad y obras de vialidad ha sufrido a causa, sucesivamente, de los caprichos de la dictadura, del manejo mañoso del programa Petróleo por Alimentos y por el opaco comportamiento de la Autoridad Provisional de la Coalición, que repartió miles de millones de dólares en contratos de construcción e ingeniería a un vertiginoso ritmo luego de las destrucciones ocasionadas por la guerra. Y el potencial para los abusos sigue siendo inmenso.
No es una sorpresa que los países que buscan recuperarse de conflictos armados estén entre los más vulnerables a la corrupción. Las instituciones fundamentales han sido diezmadas y las partes enfrentadas a menudo usan la corrupción como medio para el logro ulterior de sus objetivos y justifican su comportamiento con el contexto bélico existente. Los ciudadanos son llevados a tomar medidas extremas para su supervivencia y deben recurrir al mercado negro dado que la economía legítima se ha evaporado.
Y en el caso del actual Irak la corrupción puede estar financiando a los insurgentes y a redes criminales. Agréguense los miles de millones de dólares en ayuda que llegan desordenadamente, y se tienen los ingredientes para un sistema potencialmente tóxico.
La seguridad y la prosperidad de futuras generaciones y por ende el éxito de la paz y de la democracia descansarán, literalmente, en los cimientos actuales. Es indispensable, por lo tanto, que los iraquíes vean al nuevo gobierno como legítimo y responsable. Sin embargo, las perspectivas que se presentan no presagian algo bueno. Las facciones políticas ocupan opulentas mansiones abandonadas por secuaces de Saddam Hussein tras la caída del dictador y los cientos de vehículos de lujo que antes servían de símbolo de alta posición social para los agentes secretos del régimen ahora transportan a funcionarios de los nuevos partidos políticos iraquíes.
En Irak, las instituciones públicas están todavía luchando para averiguar cuántos empleados tienen en sus nóminas de sueldos. Faltan aún salvaguardias obvias y los ministerios y las empresas estatales carecen de sistemas efectivos de inventario. Cuando no se sabe cuánto dinero está entrando y cuánto petróleo está saliendo del país resulta muy difícil controlar la corrupción. Es en este clima que Estados Unidos ha gastado, según se estima, 5.200 millones de dólares en reconstrucción y debe todavía gastar otros 18.900 millones de dólares (según cifras de diciembre de 2004).
En materia de contratos, la Autoridad Provisional de la Coalición difícilmente constituya un buen ejemplo para el emergente estado soberano. Los casos más pasmosos incluyen un contrato no licitado del Ministerio de Electricidad por valor de más de 339 millones de dólares, revelado por KPMG Bahrein en una auditoría del 2004, y la concesión de contratos con reminiscencias orwellianas de «entregas indefinidas de cantidades indefinidas» que permiten al gobierno adjudicar montos no especificados de futuros trabajos a contratistas acreditados.
Sin preocuparse de estas discutibles prácticas, gran parte de los gastos anticipados en contratos de construcción deben aún ser efectuados.
Deben tomarse medidas a partir de hoy. En primer lugar, el gobierno debe descentralizar la ayuda y los proyectos de reconstrucción donde ello sea posible, acortar las líneas de información y fortalecer el sentido de propiedad. La existencia de medios de comunicaciones locales independientes es también vital para tener bajo vigilancia atenta a quienes están en el poder. Se debe asegurar que las licitaciones sean competitivas y transparentes. Debe también pagarse decentemente y supervisarse a todo personal del gobierno a cargo de adquisiciones.
Con las sumas sin precedentes destinadas por el gobierno de Estados Unidos para la reconstrucción iraquí y con la industria petrolera y la infraestructura aún en andrajos, las oportunidades y los riesgos son inmensos. Si no se adoptan medidas urgentes, Irak no se convertirá en el emblema de democracia que muchos de nosotros esperamos que sea sino en la madre de todos los escándalos de corrupción. *
(COPYRIGHT IPS) (*) Peter Eigen es el presidente de Transparencia Internacional, organización sin fines de lucro dedicada a la lucha contra la corrupción.
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