"El mundo, cuanto más justo, más seguro"
–En el anterior gobierno de José María Aznar se decía que no había que hablar de las causas del terrorismo porque nada hay que pueda justificarlo. Lo cierto es que todavía no hay una definición aceptada internacionalmente. ¿Por qué es esto importante?
–Creo que hay un malentendido cuando se dice que todos los terrorismos son iguales. Es lo mismo que decir: todas las enfermedades mortales son iguales. Pero no es lo mismo un cáncer que el sida. Serán todas malas, pero no son iguales. Habrá que saber qué las causa para poder tratarlas. De la misma manera, y sin ninguna intención de justificar el terrorismo, habrá que conocer sus causas. No es lo mismo el terrorismo étnico que el religioso, el de los pobres que el de los ricos.
Hay un tipo de violencia que a veces es la explosión por la que se rebela gente a la que no se deja ninguna otra vía política de expresión. Intentar matar a Hitler fue un acto terrorista, pero parece que no había muchas más opciones. Aunque no lo aceptemos moralmente, también tenemos que reconocer que, como han creado una excepcionalidad política a su alrededor, algunas personas tampoco pueden esperar ser tratadas con pautas normales. En cambio hay otros terrorismos que surgen del deseo de poder, de imposición.
En general lo que todos comprobamos es que los terrorismos no resuelven los problemas, ni siquiera por los que se mueven. Osama bin Laden es un millonario y nunca ha sacado de la pobreza a nadie. No va resolver los problemas del tercer mundo ni del mundo árabe. Puede aprovechar la ira o la rabia (de los pobres).
Hay casos de terrorismo de ricos contra pobres, como en el País Vasco, donde son precisamente los ricos y los dueños de la sociedad los que practican el terrorismo para terminar con las ambiciones del resto.
Se puede tener una misma condena para todos los terrorismos, y sin embargo no hay que dejar de estudiarlos. Porque hay algún tipo de terrorismo que podría resolverse luchando contra la injusticia y la desigualdad. Es una forma también de evitar coartadas al terrorismo. El mundo, cuanto más justo, más seguro. Deberíamos buscar la justicia también por egoísmo.
Pero tampoco hay que hacerse a la idea de que eso solo resuelve las cosas porque, por ejemplo, los terroristas que en España hicieron el atentado del 11 de marzo de 2004 eran personas integradas socialmente y estaban en situación regular. Sin eso, ahora estaríamos lamentando: claro, si se los hubiera regularizado, si se les hubiera dado trabajo. Pero lo tenían, y actuaron por fanatismo religioso. Hay que mejorar las condiciones sociales por dignidad humana antes que por prudencia.
A mí una de las cosas que me ponen más nervioso es la afirmación, que acaba de hacer nuestro presidente (Rodríguez Zapatero), de que toda violencia es inútil. La violencia es la cosa más útil del mundo, por eso está prohibida. Si estuviera permitida la utilizaríamos para que la vecina nos concediera sus favores o para que el del banco nos diera dinero cuando no lo tenemos… La violencia es útil, y el País Vasco es una clarísima prueba. Gracias a la violencia han conseguido expulsar a 200.000 personas del país (el 10% de la población), crear una situación en que las políticas adversas al nacionalismo prácticamente no tienen voz ni voto, la gente vive asustada y no se atreve a decir lo que piensa en voz alta. Afortunadamente, podemos decir que no es omnipotente.
-¿Y cómo lo define usted?
-Hay palabras muy fuertes que corren el peligro de convertirse en comodines y perder su significado, como ha ocurrido con fascista. Ahora fascista es todo el que me lleva la contraria, el que me pisa en el autobús, mi suegra. En el mundo hay fascistas de verdad, pero no todas las personas insoportables lo son.
Lo mismo pasa con la palabra terrorista. Se llama terrorista al marido que pegó a su mujer, al señor que habla por la radio y dice truculencias… Hay muchos crímenes también muy malos que no son terrorismo. Pero terrorismo es usar la violencia contra civiles con el objetivo de crear cambios políticos o de gobierno; usar a civiles como rehenes para presionar al gobierno o las instituciones a que cambien su política. Bombardear una población es una cosa muy mala, pero, sin más, no es terrorismo.
-¿En qué casos se justifican los actos de terrorismo? ¿Se puede comparar la situación, por ejemplo, a la resistencia en España contra las invasiones napoleónicas?
-Y con la resistencia francesa contra la invasión alemana. En un país que ha sido invadido por otro, la resistencia comete actos que el invasor considera terrorismo, pero que para el invadido es una guerra de liberación. En el caso de Irak, parece que los actos que se están cometiendo no son sólo contra las tropas de ocupación, sino contra los propios iraquíes y las autoridades iraquíes. Creo que son actos de terrorismo canónicos. Pero también puede haber grupos que sientan que actúan porque hay una situación de ocupación.
-Se suele hablar de las ventajas de la democracia en la lucha contra el terrorismo. En España la dictadura no pudo con el terrorismo, ni la democracia ha podido.
-La democracia es buena para los países, no para la lucha contra el terror. Es muy vulnerable, es garantista. Todas las democracias procuran dar garantías a cualquiera por muy criminal que sea, y naturalmente algunos se aprovechan de esas garantías. En una dictadura férrea probablemente es más fácil controlar a la población, pero también tiene el peligro de que produce mas gente dispuesta a engrosar las filas del terrorismo. No tenemos que plantearnos si para acabar con el terrorismo sería mejor una dictadura.
-Pero en democracia se han aprobado medidas de excepción para combatir al terrorismo, como en Estados Unidos.
-Cuando se habla de la relación entre libertad y seguridad, hay una escala de cosas que se pueden hacer. Es evidente que toda búsqueda de seguridad siempre limita algún tipo de libertades. Hay limitaciones de la libertad que son necesarias. Pero no se puede aceptar la suspensión de las pautas legales: detener a personas sin juicio, mantenerlas encerradas durante meses sin proceso, negarles una defensa. Eso es injustificable, va contra la estructura misma de una democracia.
-¿Qué ha significado el 11 de marzo para las víctimas del terrorismo en España?
-Ha sido un atentado de una envergadura extraordinaria. No sólo no había ocurrido nunca en España, sino que tampoco en la Europa comunitaria… Pero hay una cosa que a veces no se entiende: así como todos los terrorismos no son iguales, no todas las víctimas lo son. Todas las víctimas son iguales en el sentido de que todas merecen apoyo, ayuda, comprensión. Pero no son iguales las víctimas que los terroristas buscan por ser quienes son, que las víctimas que estaban allí cuando ellos pusieron una bomba. Todas las víctimas del 11 de marzo lo son de terrorismo, pero accidentales; y en cambio las del País Vasco son víctimas con nombres y apellidos que los terroristas han ido a buscar por razones perfectamente claras, con un intento determinado de atacar a determinados cuerpos de seguridad, instituciones, prensa, actitudes públicas. Eso es muy diferente, porque esas víctimas tienen un perfil político mucho más claro que otros.
Las reacciones también son diferentes. En Madrid se han celebrado actos en conmemoración de las víctimas del 11 de marzo. Estas manifestaciones en el País Vasco nunca se han hecho, porque la gente no se atreve. Aquí saben que los integristas musulmanes no van a hacer nada contra las exposiciones de pintura, mientras que en el País Vasco sí que te puede pasar algo. Además en España no h
ay ningún grupo político que apoye a los terroristas islámicos, mientras que en el País Vasco sí los hay que apoyen a terroristas. *
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