Roces con la Iglesia Católica y actos de autoridad de Kirchner
Hay asuntos que tal vez no merezcan que el Presidente le dedique lo fundamental de sus casi cotidianos discursos. No son casuales porque está en campaña para que en las legislativas de octubre, lo plebisciten.
Pero otros como la crisis desatada por un obispo ultraconservador con respaldo del Vaticano, no necesitó de preparación discursiva, no ocupó ni una vocal de esas disertaciones a pesar de que el tema tiene tiempo acumulado pero si medidas concretas, de decoro, que no puede obviar que tensa las relaciones con la Santa Sede y con la Conferencia Episcopal.
Cuando Kirchner puso en la picota a dos petroleras por incrementar los precios en un momento delicado en materia de costo de vida, desocupación y distribución de los ingresos, hubo objeciones de opositores rabiosos pero también de personas de peso como el ministro de economía, Roberto Lavagna. Se le objetó darle virulencia a lo que podría ser abordado por las leyes en vigencia, que las petroleras pudieron haber violentado, pero sobre todo, le imputan el guiño que, no puede negarse, recibieron las entidades piqueteras que respaldan el rumbo general del gobierno y creen que con las movilizaciones lo radicalizan algo, lo acercan más a Hugo Chávez que a la constelación de gobierno de centro-izquierda que predominan en Sudamérica. No es así, pero todos tienen derecho a soñar.
Esta presencia callejera que Elisa Carrió califica imprudentemente como «patotas», son parte del forcejeo que se da en toda sociedad y es coherente con las presiones que ejerce sobre el gobierno por caso el FMI, las grandes empresas de servicios privatizadas, las corporaciones de la que no zafa el rigor y vigor de la línea editorial de La Nación.
Nada es «ilegítimo» pero ¿por qué consentir en silencio los aprietes de Rodrigo de Rato y no darle derecho a la réplica al Presidente o a la presencia callejera a sus partidarios?.
La crispación verbal de Kirchner no es inopinada. Ha sido más que prudente en su viaje de Estado a Chile donde le dio la mano al canciller Walker a quien había jurado desdeñar porque escribió un articulo muy duro sobre el peronismo en tiempos de disloques en las relaciones bilaterales por el corte de suministro de gas que, en rigor, dejaron de enviar las empresas privadas que deberían haberlo hecho. Digamos de paso que se cerró el abismo abierto hace un año y que las relaciones bilaterales se enriquecieron.
La confrontación, una táctica hacia las elecciones
Contado eso, explica que la subida de tono presidencial en otros casos es parte de una estrategia, no de apuros o calenturas, lo que no expresa un juicio de valor, si es útil o no a las necesidades de la Argentina pos-default.
Lavagna las considera contraproducentes y se lo dijo al Presidente, pero no es lo formal lo que enfrenta a los dos hombres fundamentales del actual proceso político, sino que el ministro no quiere perder tiempo y desea avanzar en arreglar tarifas con las privatizadas. ¿Razones?: esas demoras perturban las inversiones. Argentina que ya alcanzó los niveles de 1998 y trepará este año en el ritmo elevado de los dos precedentes, ha llegado casi al máximo de la capacidad instalada. Ergo: puede producirse un crisis en el sector energético.
Kirchner no quiere ningún aumento de la luz en las viviendas, aun en las ricas: requiere primero que culmine el proceso de elaboración de la ley marco, que las empresas retiren sus demandas ante un tribunal del Banco Mundial y que comuniquen inversiones para que no se generen cuellos de botella sobre todo en materia energética.
Se repite aquí lo de la presencia piquetera amiga. Sus referentes no ocultan que estarán en las llamadas Audiencias Públicas, donde se debate la ley marco, la madre de todo lo que se haga en materia de servicios públicos. La oposición, o casi toda ella, ha puesto el grito en el cielo, homologando a los desocupados organizados como «fuerzas de choque». ¿ Qué es más «provocador» o dañino, un reclamo corporativo por aumentos que daña al bolsillo de la gente y que es el que puede influir sobre inversiones necesarias o la presencia pacífica, condición sine qua non, de centenares de militantes con pancartas con consignas antimonopolistas?.
Regresemos a la Iglesia. Kirchner es católico aunque no hay datos de su fervor y hasta ahora puso toda la sordina posible para que no se ponga en un plano destacado la cuestión de la despenalización del aborto.
Una opinión, la del ministro de Salud, Ginés González García, que propone medidas profilácticas contra el Sida pero también por la concepción no deseada de miles de adolescentes que van, quiera el Vaticano o no, a abortistas improvisadas con peligro real de sus vidas, genero una réplica incivilizada del vicario castrense, monseñor Antonio Baseotto.
El aborto tan temido
El Vaticano abiertamente lo respaldó cuando Kirchner pidió con diplomacia que lo sacara de ese sensible lugar espiritual y no lo colocó en la picota como en otros casos de tensión pública. No solo fue un desafío de Roma, sino una operación política del Nuncio en acuerdo con un personaje del menemismo y conclusión el Presidente derogó el decreto que designaba al cura y lo dejó sin Diócesis o como se dice «Diócesis impedida»..
A decir verdad, al obispado local no le agrada Baseotto pero tampoco lo que hizo Kirchner, porque su norma es lo recoleto, que nada se lave a la luz pública, acaso sabiduría de dos milenios, quien sabe, pero estalló y entonces hay una crisis instalada con la Santa Sede y los obispos. Hay críticos del gobierno también por esto: le aconsejaron desarmar, al estilo eclesial, la maniobra.
La inquina del Secretario Angelo Sodano con Kirchner es ad ovo, desde los inicios, cuando hizo saber que Argentina se retiraba de los países que siguen a pie juntillas lo que el Vaticano defiende en materia de familia en las conferencias mundiales. Ronda la cuestión del aborto, o mejor dicho, de su despenalización o de medidas más eficaces para evitar ese trauma a millones de muchachas pobres.
Suponer que Kirchner repite con la Iglesia lo que Juan Perón en los ’50 y que desbrozó el camino al golpe de Estado de 1955 es un dislate. No faltará el buey corneta que imagine «hordas de desocupados» hostilizado curas y monjas. Difícilmente el Presidente haya pensado en una confrontación rupturista como la del general liberal Julio Argentino Roca en su primer presidencia: expulsó al Nuncio por menos de lo que hace el actual y ahora el toca mover al Vaticano..
Pero es un dato que la cuestión del aborto avanza en la conciencia ciudadana aquí y afuera y que el dogmatismo lo exacerba de manera inusitada, generando un conflicto donde no debería haberlo acaso por que la Iglesia no sabe tampoco como encarar este drama sin que Roma de señales de entenderlo.
El Presidente reiteró una de sus herramientas claves: el ejercer autoridad. Lo hizo con las cúpulas militares que no se amoldaban a su criterio contra la impunidad, lo reiteró hace poco con los brigadieres responsables de la inseguridad en el aeropuerto de Ezeiza, le pasó al vicepresidente Daniel Scioli cuando quiso salirse del molde.
Para que no haya equívocos, el caso Ezeiza merece tratamiento más amplio y no están cerradas responsabilidades políticas de algunos altos funcionarios, ni es digna de aplauso que los ministros no informen sobre el affaire al Parlamento y es oscura la «solución» suplantando a la sospechada Southern Winds en favor de la chilena LAN, sin licitación. La resisten casi todos los sindicatos aeronáuticos. Como se ve, nada es lineal.
¿Intervención en Bolivia?
La situación en Bolivia preocupa desde varias vertientes. Economía advierte que las inversiones para construir un nuevo gasoducto des
de el país vecino clave para el desarrollo local y el cumplimiento de los acuerdos con Chile, se han suspendido. Tanto las empresas Repsol como Techint informaron que no hay nada hasta nuevo aviso. ¿Entonces?: hay que estudiar urgente otras alternativas, dicen.
Pero tanto al Palacio San Martín como a Itamaraty la abruman otras obsesiones: la presión de los EEUU por imponer un sesgo que no es factible. Se preguntan en los dos países que pasa si Evo Morales llega finalmente al gobierno. Le han dicho emisarios, como el viceministro del Interior, Rafael Follonier, que una cosa es la agitación y otra la gestión y la gobernabilidad. Pero Washington quiere bloquear ese ascenso.
El interrogante que surge es si la silenciosa mediación de los dos grandes es en favor del Bolivia, de esos dos países o para la postura norteamericana. Eso mismo se preguntan en las dos cancillerías donde temen que se repita la situación de Haití.
La intervención norteamericana en el Altiplano está en la agenda, pero peor aún, que presionen sobre Argentina y Brasil a que se hagan cargo militarmente de la faena » estabilizadora». Obviamente hoy la rechazan. Hay que seguir como evoluciona el altiplano.
Kirchner atiende personalmente las gestiones lo que desmiente otra vez aquello que no le importa la política internacional. A veces el canciller Rafael Bielsa se entera tarde de algunas decisiones. Por caso, el Presidente irá a Cuba en mayo; antes recibió dos veces a solas al canciller Pérez Roque, visita de la que ni siquiera supo el jefe de Gabinete.
Previamente estará en La Habana el ministro de Salud, firmando un convenio de adquisiciones de medicamentos de Cuba. La orden presidencial es facilitar el intercambio, ayudar a la isla a integrarse económicamente. Va de suyo que esto confirma que la Argentina volverá a abstenerse en Ginebra cuando se trate la situación de los derechos humanos.
Algunos entusiastas ahora le piden al Presidente que ordene votar a favor de La Habana. No comprenden que la abstención no es un aval sino oposición al manipuleo norteamericano. Nada es sencillo. *
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