Estados Unidos y la Unión Europea dan vuelta la página dos años después

La reconciliación transatlántica

Restaurada en Bruselas la relación transatlántica entre Estados Unidos y la Unión Europea (UE), observadores optimistas a ambas orillas del Atlántico han expresado su satisfacción por los primeros resultados. Coincidencias sobre el conflicto de Medio Oriente, luego la exigencia de la retirada de las tropas sirias del Libano, y ahora es el firme reclamo al régimen fundamentalista iraní.

Tras un largo período de reticencia, Estados Unidos está dispuesto a apoyar, con medidas concretas, los esfuerzos diplomáticos europeos para impedir que Irán acceda al armamento nuclear.

Si los esfuerzos europeos no prosperan, Washington seguiría con su anunciada política hacia el régimen confesional de Teherán, pero esta vez tendrá un valioso aliado, la poderosa UE.

Coincidiendo con el centenario de Raymond Aron, politólogo, filósofo y sociólogo francés, cuya obra fue base de estudio y modelo para generaciones de analistas y políticos, en especial de aquellos que apostaron por el fortalecimiento de las relaciones trasatlánticas, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, evocó este nuevo acercamiento.

«Estudiamos qué medios podríamos utilizar para contribuir al éxito de los esfuerzos y apoyar a la diplomacia» de tres miembros de UE (Francia, Alemania y Gran Bretaña) comprometidos en una difícil negociación con Teherán. Rice destacó que no se trata de hacer regalos sin sólidas garantías de que la república islámica, país incluido en el «eje del mal» y considerado como un «eslabón avanzado de la tiranía» por Washington, no acceda al armamento nuclear.

Los detalles de un acuerdo para un acercamiento con el trío europeo fueron analizados durante reuniones diplomáticas en Washington con el secretario de Estado adjunto Robert Zoellick, según el New York Times y el Washington Post.

Una indicación de ello la constituye la decisión adoptada por Estados Unidos, de levantar su objeción a la candidatura de Irán para integrar la Organización Mundial del Comercio (OMC), y el ofrecimiento de entregar a Teherán piezas para sus aviones, en caso de que renuncie a los programas nucleares.

Las sanciones fueron impuestas en 1995, durante la gestión de Bill Clinton, y fueron renovadas cada año.

Por su parte, en caso de un «impasse» en sus negociaciones con Irán, los europeos buscarán apoyar el envío del dossier ante el Consejo de Seguridad de la ONU, como lo solicita Estados Unidos desde hace algún tiempo. París, Berlín y Londres han comenzado a hablar de esta opción de manera más firme.

El dossier iraní figuró entre los primeros temas de discusión durante la visita del presidente Bush en Europa a fines de febrero.

Dan vuelta la página

Europa, dividida en marzo del 2003 entre partidarios y detractores de la ofensiva en Irak, supo enterrar sus divergencias internas y su tensión con Estados Unidos, convencida de que sólo una fuerza internacional unida ayudará al país en la construcción de un futuro de paz.

Dentro de la solución, multilateral y esencialmente política, al problema iraquí impulsada por Europa se incluyen el progresivo retorno de la ONU, la misión de la OTAN para entrenar a militares y finalmente la progresiva salida de las tropas extranjeras del país.

Hasta los más críticos con la política de Bush en Irak dieron vuelta la página. Un total de cinco ministros del Gabinete del socialista español José Luis Rodríguez Zapatero tienen previsto viajar a Estados Unidos entre marzo y mayo,

Este calendario de visitas sienta las bases para el total restablecimiento de las relaciones bilaterales entre Madrid y Washington, dañadas a raíz de la retirada de las tropas españolas de Irak, y que debería culminar con un encuentro del presidente Zapatero y su colega norteamericano, Bush.

Ambos coincidieron el pasado 22 de febrero en Bruselas, durante la visita que Bush hizo a la sede de la Alianza Atlántica y a las instituciones comunitarias. El contacto se limitó a un breve saludo. «Hola, ¿qué tal amigo?», dijo Bush en castellano. «Bien, ¿y tú?», le contestó Zapatero.

El fugaz encuentro fue antes de iniciar la reunión de la OTAN. Después vino un apretón de manos buscado por Zapatero finalizada la foto de familia en la sede del Consejo Europeo.

España quiere ahora recuperar una buena relación bilateral y poner la vista en las áreas de cooperación futura con Estados Unidos

El Gobierno socialista de Zapatero asegura que España será un socio activo y un aliado leal para que el acercamiento entre los dos lados del Atlántico tenga éxito.

Madrid y Washington coinciden en el objetivo de lograr un Irak estable, con instituciones democráticas y desarrollo económico y para ello España está dispuesta a asumir sus responsabilidades en el marco de la resolución 1546 del Consejo de Seguridad de la ONU y de los proyectos de la UE y la OTAN para ayudar a la estabilización del país.

España aportará 400.000 euros al fondo fiduciario que la Alianza Atlántica ha dispuesto para la misión de entrenamiento de Fuerzas de Seguridad iraquíes en Bagdad y formará a unos 40 funcionarios iraquíes entre jueces, abogados y miembros de la policía judicial en el marco de la misión de formación de la Unión Europea. Respecto a la contribución española en Afganistán, las tropas españolas se harán cargo del equipo de reconstrucción provincial de la ciudad de Qala-i-naw en el marco de la expansión de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF).

La UE formará a 770 policías, jueces, fiscales, responsables penitenciarios y otros funcionarios iraquíes en un programa de un año de duración que costará 10 millones de euros y se llevará a cabo en la UE o en algún punto del mundo árabe.

Además, en el terreno económico, Europa destinará este año 200 millones de euros a programas sanitarios, educativos y de derechos humanos.

«Europa unida» quiere contribuir en «la reconstrucción de un Irak estable, seguro y democrático», según el alto representante de Política Exterior y Seguridad de la UE, Javier Solana

El vínculo trasatlántico debe ser plenamente operativo y desplegar una pedagogía de ida y vuelta: que los europeos aceptaran la buena fe de la mentalidad estratégica norteamericana y que los Estados Unidos se pusieran psicológicamente en el lugar de aquellos e hicieran eventualmente concesiones a fin de tomar en consideración el estado de ánimo de sus aliados, entendía el intelectual liberal Raymond Aron.

Claro está que los desacuerdos aún subsisten: Kyoto, China, Boeing-Airbus, Microsoft, leyes extraterritoriales. Pero estos desacuerdos son insignificantes si se considera que representan un porcentaje mínimo en un universo notable de confluencia económica.

El compromiso norteamericano con las democracias europeas fue históricamente más allá de la simple utilidad geoestratégica para entrar en el complejo terreno de las ideas. La pasada Guerra Fría lo puso de manifiesto.

La coordinación de misiones comunes entre Estados Unidos y la UE, en sustitución de la existente política unilateral conformada en la coalición de voluntarios que hoy prevalece, parece ser el futuro para las reconciliadas dos orillas del Atlántico que buscan, con sus respectivas peculiaridades, liderar a la comunidad internacional. *

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